Final de fábula, inicio de saga

P.C.P.
-

Jesús Brea, de Melgar de Fernamental, publica 'Las heridas del escorpión', thriller ambientado en León, Burgos y Madrid, con un violador y un guardia civil al que quiere dar vida en más libros

Jesús Brea Valtierra, natural de Melgar de Fernamental, reside en Madrid hace años. - Foto: DB

‘Lo siento. Es mi naturaleza’. Series tan conocidas y a la vez tan dispares como The Good Wife, La que se avecina, Los Soprano o Cuéntame han utilizado en alguno de sus muchos capítulos la fábula del escorpión y la rana para contar historias y retratar la ambición como una de las más bajas, poderosas y destructivas pasiones. También el cine, la música y, cómo no, la literatura, han reflejado alguna vez este cuento que se atribuye a Esopo. La última y más cercana aparece en la portada de la segunda novela publicada por Jesús Brea, nacido en Melgar de Fernamental y afincado en Madrid hace años.

Las heridas del escorpión ha visto la luz recientemente con la editorial Letrame, y aunque su autor prefiere esperar a presentarla cuando se eliminen las restricciones de aforos de la pandemia, reconoce que ya ha firmado algunos ejemplares en su localidad natal. También llegan ya los primeros comentarios de quienes han terminado el libro, sobre todo en femenino, que se sienten cómodas con el personaje de Amaya, una mujer «echada para adelante» que cierra el triángulo de este thriller. En los otros dos vértices se encuentran Charlie, un violador y asesino reincidente que acaba de salir de prisión por enésima vez, y el cabo de la Benemérita Antonio Iznaola. 

De los tres, Brea ha decidido fiar a este último la idea de construir una saga. «De policías hay muchas, pero de guardias civiles menos», aunque rechaza cualquier comparación con Lorenzo Silva -«ni quiero ni debo»- y de momento se queda en proyecto de futuro, puesto que la novela en la que actualmente trabaja no tiene nada que ver, ni siquiera en género, con las dos anteriores. Carlos aparece en el segundo capítulo de la novela en Burgos, en el paso de la adolescencia a la edad adulta. Con 18 años, «madura de golpe», esboza sin detalles, para mantener la intriga.

La primera novela, Un amigo, un tesoro, estaba guardada en casa hasta que decidió autoeditarla en Amazon. En ella ya aparece, aunque de manera fugaz, el agente del Instituto Armado. Cree que aún sigue sin acabar en el cuarto de uno de sus dos hijos. «No son muy lectores», reconoce, todo lo contrario que su padre, devorador de libros desde joven y que empezó a escribir hace muchos años, durante un trabajo de noche.

Las 296 páginas de Las heridas del escorpión le han llevado algo más de dos años. Ahora trata de liberarse de la historia dura de José Simón de Carlo Ochoa, alias Charlie o el Violador de la Vega, un malo alejado del perfil clásico. «He querido huir del estereotipo, que tenga una vida, un motivo para hacer lo que hace», explica para añadir que se ha documentado sobre violadores y derecho penal en el proceso de construcción de la trama que arranca precisamente en un tribunal en 1994, con 3 capítulos, uno por coprotagonista, ambientados en León, Madrid y Burgos, donde Brea presenta al joven Toñín Iznaola con su cuadrilla del pueblo y su novia de copas por Las Llanas. A partir de ahí, sus heridas vitales empiezan a supurar por las páginas del libro.