Una ruta difunde el dramático legado de la Guerra Civil y el franquismo

G.A.T. / Miranda
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El Centro de Interpretación de Miranda Antigua ofrece un recorrido guiado por lugares como el campo de concentración y los espacios de homenaje a los corporativos republicanos que fueron asesinados tras el levantamiento militar de 1936

El grupo atiende las explicaciones junto al lavadero del campo. - Foto: G.A.T.

Emiliano Bajo es el nombre de un parque de la ciudad; Miguel Giral da nombre a una calle; un busto homenajea a un hombre llamado Félix Padín; y junto a las vías del tren se conservan dos edificios ruinosos. Muchos mirandeses -y evidentemente muchos más forasteros- seguramente desconocen el por qué de lo anterior y el significado que esos nombres y lugares tienen.
Desde ayer un puñado de personas han comprendido los motivos por los que las ruinas se mantienen y se personalizan calles y parques, gracias a una novedosa visita guiada ofertada por el Centro de Interpretación de Miranda Antigua (CIMA) que se centró en algunos de los lugares mirandeses que en los últimos años se ha promovido vinculados a la Memoria Histórica.
En vísperas de la celebración del aniversario de la República, la pretensión turística de las visitas guiadas se extiende de los simples monumentos a la historia, al conocimiento y la difusión de episodios concretos -en este caso profundamente amargos- vividos en la ciudad y que forman parte de su trayectoria y de la de sus gentes.
La ruta arranca en el parque Antonio Machado, donde entre otros aspectos se recuerda que Miranda cuenta con una Asociación de la Memoria Histórica que desde hace años trabaja en varios rentes, como la identificación de las personas de la ciudad que fueron represaliadas por el franquismo, habiendo recogido varios testimonios.
Un busto de un hombre algo encorvado, con gafas y de cara envejecida da la bienvenida a los que llegan a Miranda a través del ferrocarril. Se trata de Félix Padín, anarcosindicaista y combatiente en varios frentes contra los golpistas, durmió muchas veces cerca de esas mismas vías del tren preso en el campo de concentración. Su busto, colocado un año después de su fallecimiento en octubre de 2014 a los 98 años de edad, honra además la memoria de todos los que sufrieron cautiverio en el campo de concentración.
A apenas 300 metros de ese busto, pegado a las vías férreas, se encuentran precisamente los restos del campo de concentración de Miranda. Franco lo tuvo operativo entre 1937 y 1947. Se eligieron los terrenos de la empresa Sulfuros Españoles y fueron los propios prisioneros republicanos los que tuvieron que levantarlo en gran medida. Pasó por varias fases, ya que albergó luego a refugiados europeos que huían del nazismo, y tras acabar la Guerra Mundial, se habilitó para los nazis y colaboracionistas que tras el desembarco de Normandía vinieron a España ante el temor de ser juzgados en Nuremberg.

80.000

 

Investigadores como José Ángel Fernández López (Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947), han cifrado en unas 80.000 las personas que por él pasaron, con picos de más de 4.000 presos, centenares de muertos y un maltrato permanente. «Siendo preso sí llegué a pensar que hubiera sido mejor que me hubiesen fusilado el primer día y así se acababa ya todo. Lo pasé muy mal. Tuve tifus, sarna, me salieron unos forúnculos, y hasta tuve colitis. Todavía no sé cómo salí vivo de allí», recordaba Padín en una entrevista a este periódico en 2010.
Entre el 1949 y el 1953 el campo se habilita como campamento de instrucción de reclutas, para después ser vendido a Reposa, empresa química que inicia la actividad allí en 1960 acabando con casi todas las construcciones. Como ayer se pudo ver, solo quedan unas paredes de los que fueron los lavaderos y otras dependencias, un pequeño tramo de un muro y un depósito.
Una mínima parte de lo que fue una herramienta de represión y maltrato, y que incluso La Comisión Técnica de Expertos de la Ley de la Memoria Histórica propuso en 2011 como un espacio en el que crear un centro de interpretación vinculado a la Memoria Histórica, planteamiento que ninguna administración ni la propia Comisión han impulsado.
El entorno urbano de lo que fue el campo de concentración fue otro punto especial de la visita, y hubo paradas en el parque levantado en recuerdo de Dolores Ibárruri, Pasionaria, ubicado frente a la estación de autobuses. Allí se explicó el por qué de las calles Isidoro García de Albéniz, Francisco Mardones, Miguel Giral, José Trueba y Ricardo Barrio, todos ellos concejales del Ayuntamiento mirandés asesinados por los golpistas en el verano del 36.
Un final que igualmente tuvo Emiliano Bajo, alcalde de la ciudad, que fue sometido a un juicio sumarísimo y ejecutado. Su nombre se le ha dado al parque más grande de la ciudad, en la prolongación de la Ronda del Ferrocarril.
Un parque que es en sí igualmente un símbolo de la Memoria Histórica, ya que en uno de sus montículos de hierba se levanta uno de los monumentos más singulares de los que cuenta la ciudad, en el que acabó la visita. Se trata del erigido en recuerdo de las Víctimas de la Represión Franquista, basado en la obra Palo tras Palo del pintor mirandés José Manuel Fuentes, y realizado por el escultor Eugenio Cabello.