Todo al 10-N

EFE-SPC
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Sánchez se juega la permanencia en el Gobierno con una arriesgada apuesta al repetir unas elecciones en las que Podemos y Cs cotizan a la baja mientras Errejón entra en la partida para polarizar el voto

Todo al 10-N

Algunas fuerzas políticas acusan al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, de haber propiciado la repetición electoral en noviembre para crecer en escaños y debilitar a sus rivales. No obstante, los precedentes de repeticiones o adelantos de los comicios demuestran que no siempre resulta beneficiado el partido en el poder, si bien en la mayoría de los casos consigue su objetivo, que no es otro que tener una legislatura tranquila a costa de debilitar a sus rivales, incluso al socio preferente, en este caso Unidas Podemos.
Los expertos coinciden en señalar que el resultado de una convocatoria anticipada -bien por repetición de los comicios o por decisión del jefe del Ejecutivo- depende de tantos factores, relacionados con cada contexto político concreto, que no permite extraer unas conclusiones globales.
Eso sí, siempre que se han vuelto a sacar las urnas antes de lo previsto se ha desplomado la participación y ha resultado castigado con dureza el partido que los votantes han percibido como el principal culpable, según subraya el sociólogo Narciso Michavila, presidente de la consultora especializada en sondeos GAD3.
Resulta sumamente difícil saber cómo reaccionará el electorado el 10-N cuando ninguna otra democracia ha convocado comicios legislativos «cuatro veces en cuatro años»; pero, más aún que la «atribución de responsabilidades» por el bloqueo político, pesará cómo perciban los españoles «si realmente hay coaliciones o alianzas posibles», que es el único horizonte de Gobierno, según Michavila: «El futuro Ejecutivo de España será de coalición o, simplemente, no será».
El politólogo Lluís Orriols, de la Universidad Carlos III de Madrid, señala que los ciudadanos utilizan su papeleta para pedir cuentas de toda una legislatura, pero en este caso apenas ha habido actividad legislativa ni de Gobierno. Lo único que los votantes pueden «premiar o castigar» es la política de los pactos, que como se ha podido comprobar, ha tenido a dos actores, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Hubo un tercero y ese fue Albert Rivera, que antes de los comicios prometió que no apoyaría a Sánchez ni tras el 28-A ni el 26-M, algo que ha decepcionado a parte de su electorado y sus dirigentes.   
Con los datos actuales, al líder socialista podría irle bien, pero en cinco semanas pueden cambiar muchas cosas, sobre todo porque ha entrado un invitado sorpresa que, aunque lo niegue, puede restar -por la polarización- en el bloque progresista:Íñigo Errejón y su Más País.
«Habrá que ver cómo digiere la gente que se les vuelva a llevar a las urnas después de cuatro años de campaña», apunta Michavila, que añade que el elector -sobre todo el de izquierdas- se encuentra todavía «en estado de shock» porque confiaba en un acuerdo de Gobierno, por lo que la abstención ahora sería muy elevada a ambos lados del espectro ideológico.
El descenso de la participación «castiga más a los partidos nuevos», como Podemos y Cs, con electores más jóvenes y urbanos, mientras que las formaciones tradicionales «aguantan mejor». Con todo, Michavila sostiene que el 10-N es una buena fecha para que la participación sea alta: «Es un día de consumo televisivo alto, la gente no se va a las playas, no se va de fin de semana...». Ylanza una advertencia:«Sea cual sea la abstención en noviembre, tendrá mucho más impacto la fragmentación del voto».

Fin del bipartidismo 

Hay una cosa clara y es que el fin del bipartidismo, que se produjo en los comicios legislativos de 2015 con la irrupción de Podemos -42 escaños- y Ciudadanos -40-, cambió los parámetros de las expectativas electorales. Antes «contaba mucho la abstención» porque, cuando había más indecisos en un bloque que en otro, finalmente se quedaban en casa y ganaba el rival. De hecho, siempre se había dicho que no ir a votar favorecía sobre todo a la derecha. Solo hay que ver las mayorías absolutas de José María Aznar (2000) y Mariano Rajoy (2011). 
Sin embargo, tras la aparición de Podemos, Ciudadanos y, más recientemente, de Vox, muchos indecisos acaban votando y es muy difícil anticipar quién saldrá beneficiado, apunta Michavila.
Tanto el sociólogo como el politólogo aprecian cálculos electoralistas detrás del proceso que ha conducido a la repetición de los comicios y creen que el resultado está muy abierto: Ambos coinciden en que «la jugada le puede salir bien a Pedro Sánchez», pero es «un ejercicio muy arriesgado», como sugiere Orriols.
«Tenemos muchas experiencias históricas de gente que ha jugado con las encuestas y, al final, se ha equivocado», apostilla el presidente de GAD3. No en vano, aunque es habitual que los jefes de Ejecutivo adelanten elecciones para intentar mejorar sus resultados, incluso para ganar un referéndum -ahí está el caso de David Cameron y su consulta sobre el Brexit en 2016-, no hay una ventaja genérica para el gobernante en estos casos.  
En los comicios del 10 de noviembre es necesario retroceder unos meses, concretamente casi siete, ya que la cita con las urnas del pasado 28 de abril se produjo más tarde de lo que dio a entender Sánchez en su exitosa moción de censura de junio de 2018, y más pronto de lo que parecía, ya que todo hacía indicar que el madrileño iba a agotar la legislatura. Nada más lejos de la realidad, ya que, a juicio de la mayoría de los expertos, la famosa foto de Colón, del 10 de febrero, en la que aparecían los líderes del PP, Pablo Casado; Ciudadanos, Albert Rivera, y Vox, Santiago Abascal, precipitó los acontecimientos. 
Políticos y periodistas señalan a Iván Redondo, asesor del madrileño y jefe de su Gabinete, como el principal responsable del 28-A. El miedo a la extrema derecha funcionó, máxime cuando en Andalucía echaba a andar un Ejecutivo comandado por populares y liberales con las bendiciones de Vox, la gran sorpresa de los comicios. 
No son pocos los que consideran que ha tenido mucho que ver en el largo e improductivo verano sin fumata blanca ni morada. El peso de las encuestas influyó, pero más la creciente debilidad de Ciudadanos, que veía cómo su alma más progresista abandonaba el partido, como Toni Roldán o Javier Nart, contrarios al cordón sanitario al presidente. La previsible debacle naranja puede ser decisiva para que crezca el PSOE, e incluso para un posible pacto con Rivera.