TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


La España excluida de los debates

Son cuatro primeros espadas. Varones. Sin experiencia alguna de gobierno -bueno, los 10 meses de Pedro Sánchez en Moncloa han sido más bien casi una campaña de promoción personal-: son líderes de sus partidos, que se pueden definir como organizaciones ventajistas y poco transparentes. Buenos dialécticos. Ningún estadista. Fuera de los debates quedaron la España vacía, la España periférica, la España nacionalista (en los dos sentidos), la España femenina, la jubilada, la estudiante, la parada, la de los empresarios y la de los sindicatos... Hay una España, e incluyo a Torra, a Oriol Junqueras y a Abascal, qué remedio, que esta excluida de los debates. Y los cuatro contendientes por llegar -o seguir en ella_ a La Moncloa no la han tenido demasiado en cuenta, si le digo la verdad, más allá de recordarles para lanzarles algún dardo envenenado.

No sé, o no me atrevo a aventurar, quién ganó los debates: cada cual cuenta la fiesta según le va, o quiere que le vaya, en ella. Sé quiénes los hemos perdido. Porque no nos hemos sentido plenamente representados por el cuarteto gladiador. A mí, en estos debates, me faltan las voces de mujeres relevantes -me faltaron Arrimadas o Ana Pastor, sin ir más lejos-. De políticos autonómicos relevantes: creo que Núñez Feijóo, Urkullu, Juan Manuel Moreno, Miquel Iceta, Emiliano García-Page, Ximo Puig, Fernando Clavijo, Errejón, han estado demasiado silenciosos en esta campaña inane. Menudo Gobierno de concentración regeneracionista se podría hacer con estos nombres, aunque demasiado sé que es imposible. Eché de menos lo que Unai Sordo, José María Alvarez, Antonio Garamendi y hasta Ana Botín o Alvarez Pallete tengan que aportar a la construcción del país.

Porque en el Gran Debate sobre cómo modernizar, cohesionar, modernizar España deberíamos tener algo que decir, y no solamente en las redes sociales, todos cuantos quisiéramos hacerlo. Comprendo que en un debate de las características de los habidos en Televisión Española y en Atresmedia no caben, no cabemos todos los citados. No soy tan utópico como para plantear el Debate Universal. Solo digo que a mí se me quedan estrechos y pequeños estos juegos dialécticos -necesarios, conste- limitados 'a cuatro', más centrados en atacarse entre ellos que en discutir propuestas constructivas para el porvenir, para nuestro porvenir. Lamento que en la campaña electoral no hayan entrado, debatiendo las cuestiones de las que entienden y les afectan, muchas más personas. La regeneración democrática, por ejemplo, que es un apartado siempre dejado atrás, porque los candidatos piensan que a nadie nos importa. Los cuatro han acaparado casi todos los focos no solamente en estos dos días consecutivos, sino a lo largo de toda esta larga, muy larrrrga, campaña.

Los demás, a mirar. A mí, en suma, los debates del tipo de los registrados en TVE o Atresmedia me saben a poco. Ni siquiera me emocionan como veterano observador político, y menos como ciudadano. Mi España no es la España de los cuatro jinetes de nuestro Apocalipsis. Tres señores con corbatas y uno en camisa, hablando básicamente de ellos. Tampoco la campaña está logrando atraer mi pasión política. Así que soy uno más de los indecisos: faltan cuatro días para las elecciones, tan decisivas, y sigo sin saber -aunque sé a quién no hacerlo- a quién diablos voy a votar. Espero no recordar demasiado la estrechez de estos debates cuando el domingo esté ante la urna, porque capaz sería de volverme a casa sin ejercer mi derecho ciudadano. Y eso sí que no.