Rajoy pide en Burgos no cometer el "disparate" de "dar marcha atrás"

Á.M. / Burgos
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Campofrío. El presidente del Gobierno pone el caso de la cárnica como «ejemplo» de superación de problemas y colaboración institucional

El jefe del Consejo de Ministros saluda a los militantes y simpatizantes que asistieron a su mitin en Burgos. - Foto: Alberto Rodrigo

La única parada del presidente del Gobierno en Castilla y León, esa «cantera de gente seria y formal como Aznar, Lucas y Posada (los dos últimos entre el público)», llenó hasta la bandera la sala principal del Fórum (1.300 personas) y fue el escenario de una contundente defensa de las políticas del Partido Popular, «de las que otros ya no quieren hablar» porque constituyen la médula de la recuperación económica. Son algunas de las palabras que el propio Mariano Rajoy dirigió a los afiliados y simpatizantes que acudieron al mitin central de los ‘populares’ en Burgos. Se juegan mucho y lo saben. Tanto la ciudad como la región son dos feudos conservadores cuya capitulación política sería el prólogo de un mal resultado en toda España. 
Comenzó Rajoy haciendo una defensa de la ‘marca España’, «una nación que tiene una Constitución a la altura de las mejores, que tiene un estado de bienestar como casi nadie en el mundo, que es líder en exportaciones y que recibe más alumnos extranjeros que Alemania o Francia». No es casual; en el PP existe el convencimiento de que sus rivales políticos han condensado su campaña en subrayar lo que hacen mal quienes gobiernan, en lugar de maridarlo con propuestas de mejora.
Al presidente le habían prologado sus candidatos en Burgos y Castilla y León, que con más o menos timidez o contundencia le pusieron «deberes que acepto». Por ejemplo, contó sentirse «reconfortado» tras reunirse con los trabajadores de Campofrío, señalando la resurrección en ciernes de la cárnica como «el ejemplo de cómo se superan las dificultades: juntos y remando en la misma dirección».
La primera carga de profundidad para otros partidos (que no la única) vino cuando Rajoy recordó sus tiempos de presidente de la Diputación de Pontevedra y destacó «entre las muchas ideas peregrinas que estoy escuchando» la de «suprimir las diputaciones». «Están para garantizar la igualdad de derechos y deberes, queremos a los pueblos y mientras yo siga siendo presidente no desaparecerán», zanjó.
El presidente del Gobierno se propuso situar a Castilla y León y el Ejecutivo de Juan Vicente Herrera como «ejemplo» a todos los niveles. «Castilla y León no va bien por casualidad, sino por el éxito del pacto de la sensatez de los vecinos con el Partido Popular», dijo aludiendo al «modelo de buen Gobierno» en el que se vive una «reindustrialización» a pesar de que el PP «no ha tocado techo» en la región. 
 
Otro escenario.
Y entonces comenzó a repartir. «Aquí sobran adanes; en estas elecciones no se eligen tertulianos, ni estrellas de televisión ni productos de marketing. El PP no tiene una historia de un cuarto de hora ni ha nacido en una tertulia», atacó sin necesidad de traducción.
El líder ‘popular’ pedía constantemente a su militancia recordar aquello de lo que otros, criticó, «no quieren hablar». Por ejemplo, que «hemos pasado de la recesión al crecimiento, de generar paro a crear empleo, de tener la prima de riesgo en 600 puntos a que nos paguen por pedir un crédito, de la amenaza de rescate a ser el país de Europa que más va a crecer este año». De ahí que advirtiera que «el peor error que podemos cometer es dar marcha atrás». Sería, abundó, «un disparate» y pidió «perseverar en lo que funciona».
El cambio de escenario macroeconómico ha sido posible, continuó, «gracias al esfuerzo de todos, empezando por los ayuntamientos y por gobiernos como el de Castilla y León, que ha cumplido» con los objetivos de déficit. Todo para superar «siete años terribles de destrucción continuada de empleo», pero también para prometer que «en 2015, 600.000 españoles van a encontrar un puesto de trabajo». Es más, Rajoy insiste en que «si mantenemos la política económica se pueden crear medio millón de empleos cada año» hasta 2019. «Lo único que lo puede impedir es dar marcha atrás y volver a las políticas socialistas», terminó.
 
El AVE sí y Garoña, también.
Para el postre dejó los regalos, aunque por ahora no pueda darle más forma que la verbal. Así, aseguró que el AVE a Burgos llegará «a lo largo de este año» y que «ya estamos trabajando para que esté terminado entre Burgos y Vitoria en 2019». 
Cerró con una alusión directa a Garoña, de la que dijo que «tendrá futuro si es segura y los propietarios quieren que siga». El último ofrecimiento del presidente del Gobierno, como procede a una campaña que a la postre es lo que vino a hacer, fue ofrecer los servicios del Partido Popular a los votantes: «Estamos a su disposición».