«He pasado de estar al borde de la penuria a tener lista de espera»

I.L.H. / Burgos
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Néstor Sanmiguel Diest • Artista

«He pasado de estar al borde de la penuria a tener lista de espera» - Foto: Juan Lázaro

Nació en 1949 en Zaragoza, aunque tiene en Aranda su residencia. Fundador de A Ua Crag, activo entre 1985 y 1991, Sanmiguel compaginó durante años su trabajo en una fábrica textil con la creación artística. Hasta que en 1999 optó por lo segundo. Pero ha sido en 2012, al fichar por la galería MaisterraValbuena, cuando su carrera alcanza proyección internacional.

La semana pasada fue elegido para mostrar su obra en la Feria Artissima de Turín (Italia), en la sección Back to the Future que selecciona, entre otros, el subdirector del Reina Sofía, João Fernandes. Y para la feria de ArcoMadrid de 2015 le acaban de encargar exponer en el estand de la Fundación. La trayectoria de Néstor Sanmiguel Diest, el artista zaragozano con residencia en Aranda, ha dado un giro de 180 grados en los dos últimos años, desde que cambió de galería y representante. Su actual proyección internacional le ha hecho imprescindible en todas las citas contemporáneas del mundo, traduciéndose también -que no siempre ocurre- en las ventas.

La Fundación Arco le ha elegido para exponer en su estand durante la feria, entre el 25 de febrero y el 1 de marzo de 2015. ¿Ya sabe lo que va a llevar?
Pues no lo sé, tengo que reunirme con ellos, estudiar el asunto y ver los planos para decidir qué llevo, independientemente de lo que muestre con la galería Maisterravalbuena. Mi propuesta será llevar obra nueva, pero escucho consejos. No deja de ser otro pequeño examen.
Dado el carrerón que lleva desde hace dos años, ¿qué supone esto para su trayectoria?
Una vez que entro en el circuito internacional, supongo que son eslabones que le consolidan a uno en su territorio. Es un escalón que se suma a la adquisición que ha hecho de mi obra el Museo Nacional Reina Sofía, lo  que se ha traducido en que la gente empiece a mirarme profesionalmente de otra manera. También las adquisiciones de coleccionistas extranjeros y la del Banco de España, que ha comprado dos obras de gran tamaño.
¿Cómo se le queda a uno el cuerpo cuando se consigue vender toda la obra en una hora, tal y como le ocurrió el año pasado en la feria Frieze de Londres?
Lo de Londres nos desbordó tanto a la galería como a mí. Iba a Frieze invitado y eso ya fue una sorpresa porque me seleccionó un comisario en Miami cuando en realidad estaba empezando a darme a conocer internacionalmente. Estar en Frieze, que junto a la de Basilea es la feria más importante de Europa, fue increíble. Pero ya lo de dar las luces y ver que se vendía todo en una hora... ¡imagínate! La galería tuvo que abrir una lista de espera para clientes que querían adquirir obrar... ¡y en ella estoy trabajando todavía!
Evidentemente eso no es algo que ocurra todos los días, y menos en plena crisis. ¿Qué ha pasado con su obra para que de repente tenga tanta demanda?
A mí nunca me había pasado, desde luego. Pero fue cambiar de representante y empezar a ocurrir todas estas cosas... Te voy a ser sincero:pasé de estar al borde de la penuria más absoluta -con estas palabras- a encontrarme con listas de espera. Ha sido una sorpresa absoluta, claro. También tengo que decir que el mayor volumen de clientes no es español.
Pero el cambio ha sido en dos años. Por eso le pregunto: ¿hasta qué punto ha variado su estilo, si es que ha cambiado?
Pues es que encima no ha habido ningún cambio estilísticamente. Quizá haya algo menos de oscuridad y más uso del blanco, pero es la misma línea.
Cuando uno lleva toda la vida trabajando y de repente obtiene una repercusión internacional como ésta que se confirma en las ventas, ¿cómo se asimila?
En un primer momento con una cierta incredulidad, claro. Piensas que o las personas que te habían estado representando lo hicieron muy mal o de repente se han sacado a la luz unos trabajos que han encajado dentro de una supuesta demanda de cierto tipo de cliente de arte, porque los compradores son coleccionistas, un tipo de clientela que yo no había tenido nunca. Y desde luego la demanda es continua. Así que me encuentro que ahora tengo clientes que van desde Canadá hasta Australia pasando por Brasil, Londres o Arabia Saudí, una de mis últimas sorpresas.
¿Su caché también ha subido?
Muy poco. En eso soy muy riguroso. Hombre, si me demandan obra cuando no hay, eso sube aunque uno no quiera y además tiene unos precios distintos a los que tienen lo que se crea habitualmente. Como mucho habrá subido un 30%, pero hay que tener en cuenta que con tanto viaje también se me han disparado los gastos, además de tener que contratar a un ayudante de taller.
Viendo lo que le ha ocurrido  sin variar un ápice su obra, ¿no le parece demasiado inconstante, inseguro y variable el mercado del arte?
Como cualquier otro mercado, supongo... Lo que sí que he notado es que hay una tendencia más madura y menos caprichosa. Hasta ahora el mundo del arte contemporáneo ha vivido del capricho y de la ocurrencia, y hoy se busca una obra que tenga una mayor solidez. Pero es una apreciación muy personal.
Vale, pero por un lado está el mercado como tal, que puede ser inestable como cualquiera, y por otro la valoración profesional, que en su caso van parejas. ¿No teme que ese carácter veleidoso hacia su trayectoria pueda mudar?
-Ríe-. He pasado muchísimos años en los que se me ha considerado, casi de manera oficial, una especie de artista de culto, de artista para artistas pero imposible de poder ser vendido ni a  instituciones ni a coleccionistas privados.Y eso ahora ha girado. Profesionalmente se me sigue considerando igual, pero me compran. En estos momentos todo lo que tengo hecho desde 2007 está vendido. Lo de 2007 -que era bastante oscurantista, enigmático y con claves literarias complejas- ahora se comercializa con la mayor normalidad del mundo y por entonces se consideraba una obra excesivamente oscura e intelectual.
No me diga que no llama la atención...
Sí, por supuesto. La cantidad de discursos que se superponen dentro de una misma obra, a veces hasta de manera contradictoria, es mi modo de trabajo. Y ese discurso de capas de información que se apoyan, se niegan y se reafirman ahora interesa y antes estorbaba... -ríe-. En realidad es mi punto de vista personal, pero no he tenido oportunidad de contrastarlo con nadie...