Adiós a los charcos a la puerta de su casa

I.M.L.
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Los vecinos del entorno de la calle Virgen del Carmen celebran como una victoria el ver las vallas de obra en el descampado que llevan sufriendo los últimos 40 años.

Una representación de los vecinos de esta zona del barrio Ferial Bañuelos muestran su satisfacción frente a las vallas de las futuras obras.

Charcos y barro en invierno, polvo en verano, un aparcamiento incontrolado, una enorme poza convertida en un vertedero insalubre, poca iluminación por las noches e inseguridad. Todo eso es lo que sufren los vecinos del entorno de la arandina calle Virgen del Carmen desde hace décadas. Ahora, todo ese solar que ven al asomarse a sus ventanas va a comenzar a mutar en una calle ancha y dos zonas de esparcimiento. Donde otros vecinos de la capital ribereña ven una reducción de plazas de aparcamiento, hasta 130 se calcula, lo que ven los que allí residen es una mejora de su calidad de vida.

"Esta zona está tan deprimida con esta cicatriz urbanística que es la única de Aranda donde el valor de los pisos se ha devaluado", destaca José para ejemplificar lo "tercermundista" que es la imagen que ofrece este punto de la ciudad "aunque estamos a dos minutos del centro". El sentimiento generalizado de los vecinos al ver que el descampado ya está vacío de coches, rodeado con vallas de obra y con las casetas listas para acoger el material y los obreros, es de alivio y satisfacción, porque han sido ellos, comandados por un grupo de portavoces, los que lograron que desde el Ayuntamiento se desbloquease este proyecto, cosa que agradecen personalmente a la alcaldesa, por la implicación que les ha demostrado a la hora de no volver a dejar este proyecto en el olvido. "Será la única obra que se va a hacer en Aranda que no le va a costar un duro a las arcas municipales", destaca Pilar, ya que se va a sufragar con un aval que había depositado una constructora y que perdió al no continuar con el proyecto de construcción y urbanización, que dormía en un cajón desde 2007.

Los vecinos saben que estas obras de urbanización van a levantar quejas por la desaparición de espacio para aparcar, pero los informes técnicos dan la respuesta. "Algunos ya están diciendo que en vez de rellenar la poza se podía haber hecho un párking subterráneo, pero no es posible, se han hecho catas y dan una resistencia nula del terreno", argumentan, a lo que suman que el coste de una obra así podría rondar los 3 millones.

Echando la vista atrás, sobre todo ellas ponen el acento en la peligrosidad de vivir en este punto de Aranda. Tanto Pepi, como Teresa y Pilar, como muchas otras, bajaban a esperar a sus hijos cuando volvían tarde a casa, sin ocultar que les daba respeto estar en la calle a esas horas. "A mi hija la cogieron, a unos vecinos los atracaron a punta de navaja, uno se cayó a la poza antes de vallarse...", enumera Pepi el listado de peligros vividos.

Dos de los vecinos más veteranos, Mariano y Teresa, son los que se muestran más expectantes ante el inicio de las obras. "Tienen ocho meses de plazo, pero nos han dicho que si va todo bien pueden acabarlo en menos tiempo", comenta Teresa. Para Mariano, el inicio de la urbanización de este entorno ha sido "una sorpresa" porque no se lo podía creer y lo achaca "al movimiento de los vecinos que lo hemos conseguido".

Cuatro décadas llevan estos arandinos pisando charcos al salir de sus casas. "Lo que no han disfrutado sus hijos lo van a disfrutar sus nietos", comenta José en relación a los que llevan residiendo más tiempo en esta zona, a lo que Teresa le corrige con convencimiento: "Creo que lo vamos a disfrutar más los abuelos. Yo ya estoy soñando con poder sentarme en el parque que van a hacer", apunta.


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