En primera línea de consuelo

H.J.
-

La centralita del HUBU respira por fin después de semanas angustiosas atendiendo a familiares que no tenían noticias de los pacientes aislados o a sanitarios que trataban de comunicarse urgentemente con sus compañeros

Macarena y Ana, dos de las operarias que atienden como telefonistas en el Hospital Universitario de Burgos. - Foto: DB

«Me encanta mi trabajo y en una situación normal lo llevamos muy bien. Controlas los números, atiendes correctamente… Pero en los días más críticos fue como vivir en una película. Horroroso». Ana Montoro, telefonista de la centralita del Hospital Universitario de Burgos desde hace cuatro años, describe así las agotadoras jornadas que ella y sus compañeras (la mayoría mujeres) han tenido que desarrollar entre el caos y el estrés generado por el gran pico de la epidemia que se vivió hasta hace 2 semanas.

La avalancha de pacientes en Urgencias, enfermos ingresados, aislamientos obligatorios y confusión médica de aquellas jornadas trágicas se dejaba notar también entre las telefonistas que debían atender la demanda externa e interna.

De fuera llamaban familiares llorando, algunos desesperados, porque no sabían nada de su pariente ingresado por estar aislados. «Teníamos que hacer casi de psicólogos, apuntábamos corriendo sus datos, pasábamos recado a los médicos»... Ellas no pueden revelar ninguna información sobre el estado de un enfermo o sobre el área en el que está hospitalizado por una cuestión de protección de datos, así que en medio del colapso que también sufrían las enfermeras en la plantas debían ceñirse a dejar anotado las peticiones de información, que los médicos iban devolviendo poco a poco a medida que podían liberarse de la atención a otros enfermos, muchas veces fuera de su turno laboral.

Además, desde dentro del hospital, servicios que habitualmente no tienen demasiada emergencia en comunicarse con otros llamaban apurados pidiendo que les pasaran con el ‘busca’ de Urgencias, el vinculado al coronavirus, el de microbiología… «Los médicos necesitaban estar en permanente comunicación. Ni siquiera las noches, que habitualmente lo son, podían pasar como tranquilas. Ha sido muy duro», insiste Montoro, ahora mucho más sosegada.

Semejante nivel de estrés se nota, y se notará, entre quienes se sitúan en primera línea, en la trinchera que según como se mire puede ser la avanzadilla de un combate o del tan necesario consuelo.

Por eso desde la dirección del HUBU subrayan que para estos profesionales, y para cualquier otro del centro sanitario, «se dispone de un servicio de apoyo psicológico que puede proporcionar apoyo a quien necesite para gestionar situaciones de ansiedad o estrés y para ayudar a los trabajadores a desconectar cuando lo necesiten». A buen seguro que muchos de ellos quedarán afectados de una u otra manera cuando esta situación termine y algún día recuperen la ansiada rutina.