Los héroes de 1918 también llevaban bata y mascarilla

S.F.L.- C.M
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La gripe española arrasó con más de 40 millones de vidas en todo el mundo siendo muy devastadora en Burgos. 2 médicos que ejercieron en La Bureba destacaron por sus buenas acciones

Fototipia de Hauser y Menet de la localidad de Rojas de Bureba publicada en 1925 en una obra de Narciso Sentenach. - Foto: Digibis S.L.

Poco después de que la Primera Guerra Mundial finalizara y con los periódicos de las grandes potencias internacionales entre la censura y la continua información bélica, los medios españoles se hacían eco de la fiebre de los tres días, una enfermedad altamente contagiosa que dejó a su paso a más de 40 millones de víctimas a nivel mundial. En la prensa extranjera, la sobreinformación sobre la epidemia en los periódicos de España le hizo ganar el sobrenombre de gripe española.
La cara más virulenta del virus se dejó ver con la llegada del otoño de 1918 y la provincia burgalesa sufrió la tasa de mortalidad más alta del país con 167,7 y 212 fallecidos por 10.000 personas a expresarse con la llegada del otoño, tras una primera oleada en primavera.
La provincia de Burgos experimentó la tasa de mortalidad más alta de España en estos meses con 167,7 por 10.000 personas fallecidas por afecciones respiratorias y 212 de cada 10.000 por otras causas.
La gripe mataba en horas a los adultos más jóvenes -de entre 25 y 30 años- y pronto comenzó a llenar de esquelas los periódicos. En las localidades más pequeñas los vecinos morían en casa, donde las condiciones sanitarias complicaban los cuadros y donde se prohibieron mercados, fiestas y actos públicos en lugares cerrados sin ventilación.
La enfermedad cogió impulso y encontrar facultativos para que fueran a estos municipios resultó convertirse en una ardua labor,  puesto que el riesgo era mucho y poco la ganancia. Así,  muchos de los que poseían consultas privadas en las ciudades se negaron a ayudar y atender a aquellas poblaciones desamparadas por no perder a su clientela fija.
Sin embargo, existen dos casos de profesionales de la sanidad que  cruzaron el umbral de la obligación laboral para convertirse en verdaderos héroes anónimos. Julio Camino y Aurelio Sáez se trasladaron a Barcina de los Montes y Rojas de Bureba con el mejor de los propósitos para cubrir la epidemia de gripe en dos zonas donde la pobreza teñía de gris las calles y los hogares, y el hambre apretaba. Gracias al estudio que realizaron los alumnos de primero de Bachillerato del colegio Saldaña de Burgosobre la gripe española en 2019 se han podido recuperar los testimonios de las vivencias en época de pandemia de estos dos facultativos. El trabajo resultó ganador en el concurso de investigación histórica de la Universidad CEU San Pablo. 

JULIO CAMINO, MÉDICO EN BARCINA DE LOS MONTES.

Julio Camino fue un facultativo militar enviado desde Madrid para cubrir la pandemia en los alrededores de Oña, en la zona de Barcina de los Montes y localidades aledañas. Su testimonio se conoce porque él mismo enviaba sus avances a la revista Seminario Médico. Sus declaraciones explicaban el estado de aislamiento, olvido e indefensión en el que los ciudadanos residían en aquellas partes de La Bureba. También hablaba de la construcción de una carretera que los políticos llevaban prometiendo treinta años atrás pero que no acababa de llegar. Las comodidades brillaban por su ausencia y Camino aseguraba en sus escritos que la edificación y urbanización de estos pueblos son primitivas; las casas son parecen chozas donde viven en  fraternal animales y personas y las calles constituyen lodazales de basura.  
La presencia del doctor calmó los ánimos de los habitantes y evitó que continuara creciendo el número de defunciones. Gracias a los medicamentos que llevaba para su uso particular y a la buena voluntad del farmacéutico oniense pudo proporcionar a la gente el recetario indicada a cada caso.

AURELIO SAIZ ALDAMA, MÉDICO EN ROJAS Y LOS BARRIOS DE BUREBA.

Este doctor fue el padre de Julio Sáez de la Hoya, el primer falangista muerto durante la Guerra Civil asesinado en Pancorbo. Aurelio Saiz Aldama dio ejemplo con unos sentimientos de sacrificio y caridad verdaderamente admirables. Atendió a sus paciente con total dedicación y criticó la falta de interés de algunos a los más desfavorecidos. Es de justicia que los poderes públicos fijen su atención, si quiera sea momentáneamente, en esa clase social, que abnegada y sumisa, no siguiendo el ejemplo que tantas otras se han dado recientemente para hacer valer sus derechos y mejorar su situación profesional abusando de circunstancias, que, en gran parte, le ayudarían a conseguir lo que, a dichos poderes públicos, tanto cuesta concederle.
Así de tajante se refirió a la clase médica pero igualmente alabó la función de algunos compañeros por los actos heroicos que realizaron durante la gripe de 1918 mientras fue el médico de Rojas de Bureba. En uno de sus testimonio habla del fallecimiento de una mujer en Quintana Urria. El esposo tuvo durante días el cadáver ya que nadie se dispuso a su traslado al cementerio por riesgo a contagiarse.