Los garajes como vía de escape durante el confinamiento

R.E.M.-J.M.
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Hacer deporte o jugar con los niños en los aparcamientos se ha convertido en tendencia ante la imposibilidad de salir a la calle,a pesar de que su práctica conlleva multas

Numerosos corredores han optado por continuar su ejercicio en los garajes durante la cuarentena. - Foto: Christian Castrillo

Luces apagadas, máxima discreción y únicamente a ojos de los vehículos que allí permanecen aparcados. Sin perder la atención ni un solo segundo y sin bajar la guardia por si aparece algún vecino curioso. Las zancadas y pasos rápidos acompañados de los signos del esfuerzo realizado son los únicos sonidos perceptibles. No se trata de un robo ni nada parecido, simplemente un intento desesperado por mantener el físico y soltar un poco de adrenalina en tiempos de confinamiento de forma clandestina en los garajes.

Buscar el espacio más amplio de la casa para poder realizar ejercicio sin romper lámparas, cuadros, espejos…, ni tropezar con el resto de miembros de la familia se ha convertido en una verdadera hazaña para la gran mayoría. El hecho de no poder salir a la calle debido a la crisis del coronavirus, unido a los pocos metros con los cuentan los hogares para practicar ciertas actividades, ha generado que algunos ciudadanos hayan apostado por llevar una vida secreta en los aparcamientos.

Tras diez días encerrada en casa «con muchísimas ganas de salir» y después de ver en las redes sociales que mucha gente lo estaba haciendo, Laura decidió irse directamente a su amplio garaje (que conecta cuatro bloques de edificios) y comenzó a dar vueltas. Se convirtió en su propio gimnasio, e incluso era frecuente que acudiera junto a su madre y su hermana. Cuando cumplían los treinta o cuarenta minutos se volvían a casa con la misma discreción. «Un día que fui sola incluso me escondí agachada detrás de un coche», comenta, aunque a las horas que iba, sobre las siete de la tarde, tampoco se encontraba a casi nadie.

Sin embargo, su única vía de escape para practicar algo de deporte se vio truncada en el momento que se encontró en el tablón de anuncios del edificio un cartel que manifestaba que estaba completamente prohibido acudir a las zonas comunes para practicar deporte. Finalmente, por el miedo a ser hallada, hace unos días decidió no bajar más. «Nos entró un poco el miedo de a ver si alguien se iba a chivar y se acabó», sentencia, consciente también de que ahora mismo lo más seguro y responsable es permanecer en casa.

En el garaje de un bloque de viviendas de Reyes Católicos, Luis (seudónimo) reconoce que baja con cierta frecuencia con su hijo mayor. Estar con los pequeños encerrado todo el día en un piso se hace demasiado duro y asegura que necesitan moverse. «Nosotros jugamos con el coche teledirigido pero aquí los vecinos hacen de todo». Bajar al garaje se ha convertido en una de las pocas vías de escape sin exponerse, aunque no esté permitido, a llevarse una multa. «Es lo único que nos deja hacer esta kakistocracia (gobierno de ineptos) a la que le preocupa más la salud de los perritos españoles que la de los niños».

[Reportaje completo en la edición impresa de este lunes o aquí]