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Andrés Vicario, párroco de grandes restauraciones

Máximo López de Vilaboa
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Se cumple un año del fallecimiento del gran impulsor de la recuperación de los principales templos arandinos

Andrés Vicario durante su primera misa en Valdeande, junto a Agustín Peña, el 15 de octubre de 1972. - Foto: Archivo Máximo López

Hoy, 26 de octubre, se cumple un año desde el fallecimiento del párroco de Santa María, Andrés Vicario Abejón. Precisamente aquel día cumplía 66 años este trabajador infatigable que impulsó la restauración de las iglesias de Santa María y San Juan durante toda la primera década del siglo XXI. En buena medida con su esfuerzo y dedicación también se consiguió que Aranda de Duero albergara una edición de las Edades del Hombre en 2014. Lamentablemente él no ha podido disfrutar de esta edición pero su presencia ha sido constante durante estos meses, sobre todo para los que conocíamos lo que había trabajado y luchado para que esta muestra de arte sacro pudiera ser una realidad.

Andrés Vicario ha estado vinculado a Aranda a lo largo de  toda su vida. Era natural de la localidad ribereña de Valdeande, donde nació un 26 de octubre de 1947. Tras los estudios teológicos en Burgos fue ordenado sacerdote el 7 de octubre de 1972, su primera misa fue en la parroquia de su Valdeande natal una semana después, el 15 de octubre. Una de las fotos que se reproduce junto a estas líneas corresponde a aquel día, junto a él está su paisano Agustín Peña.

El primer destino de Andrés Vicario, aunque muy breve, fue en las parroquias de Barrio Panizares y Hoyos del Tozo, al norte de la provincia. En 1973 pasaría a ser coadjutor de la parroquia de San Juan de la Vera Cruz de Aranda, donde permanecería 26 años, ejerciendo además como profesor del Instituto local, el Cardenal Sandoval y Rojas. También fue arcipreste de Aranda de Duero.

En 1999 fue nombrado párroco de Santa María y es a partir de entonces cuando contribuye de una manera destacadísima a la restauración y promoción de nuestro patrimonio histórico-artístico. Su labor se ha centrado especialmente en nuestros dos principales monumentos, las iglesias de Santa María y San Juan, ambos templos con la categoría de monumento nacional. Desde su nombramiento como párroco de Santa María se implicó activamente en la restauración del templo, buscando financiación para llevar a cabo las obras necesarias, logrando apoyo de entidades públicas y privadas. Asimismo la preocupación de Don Andrés por la protección del patrimonio artístico facilitó la elaboración de un convenio entre el Arzobispado de Burgos y el Ayuntamiento de Aranda de Duero para la puesta en marcha del Museo de Arte Sacro, ubicado en la iglesia de San Juan Bautista.

Don Andrés también es autor del libro Santa María la Real (2004). Fue distinguido por el Ayuntamiento de Aranda de Duero con la medalla de plata de la Villa. Al igual que Silverio Velasco recoge en su obra Aranda. Memorias de mi villa y de mi parroquia (1925) todos los nombres de aquellos párrocos de Santa María que embellecieron y ampliaron la iglesia a lo largo de los siglos, el nombre de Andrés Vicario ya forma parte también de la Historia de Aranda, al haber sido quien, de acuerdo con los nuevos tiempos, ha preservado y difundido todo lo que nos legaron sus antecesores. ¡Cuánto hubiera disfrutado Andrés al ver el retablo mayor de Santa María en su ubicación original! ¡Con qué interés hubiera seguido la restauración de la escalera mudéjar de Santa María o la colocación de cada una de las piezas que están expuestas en las Edades del Hombre! Seguro que lo habrá vivido de una manera distinta y más intensa, desde un lugar más privilegiado y contento por ver cuánta gente se ha acercado para visitar sus queridas iglesias de Santa María y San Juan.