Cazadores en el diván

G.A.
-

Ricardo Ramos y Pablo García, campeones de España, analizan el complejo momento por el que atraviesa su pasión, cuestionada por animalistas, ecologistas y una parte de la opinión pública

Pablo García (i.) y Ricardo Ramos. - Foto: Luis López Araico

Ser cazador en pleno siglo XXI no es tarea fácil. Escasea -por lo general- la caza en el campo, es una afición cada vez más cara de mantener y cada día está peor vista por una parte creciente de la opinión pública en la que calan con fuerza los continuos mensajes y contenciosos judiciales en contra de animalistas, conservacionistas y ecologistas. Pese a todo ello, Ricardo Ramos (a la derecha en la foto de arriba) y Pablo García nunca han dejado la escopeta, ni se lo han planteado, y cuidan como si fuesen de la familia a los perros que les acompañan en las jornadas por el campo. Estamos ante dos voces autorizadas, dos jóvenes aficionados burgaleses que han apostado por la competición y han alcanzado los escalones más altos de esta actividad deportiva. 

Ricardo Ramos nació hace 31 años en Villegas, localidad donde reside y trabaja como agricultor en las labores de cultivo del cereal. El pasado 7 de diciembre fue proclamado en Osuna (Sevilla) campeón de España de caza menor con perro, un galardón que logró tras superar las fases provinciales (campeón), regionales (subcampeón) y de la zona norte (campeón) en las que competían miles de cazadores.

Era la primera vez que se presentaba y triunfó: "Llegué y besé el santo. Tengo buena puntería y suerte...", bromea. Su escuela, desvela, han sido los campos de Villegas, en la comarca Odra-Pisuerga, donde desde niño caza la perdiz, la codorniz, los conejos y las liebres, y alguna vez piezas mayores con los amigos. Lo suyo es "la forma de cazar en Burgos de toda la vida...".

Ricardo Ramos y Pablo García, con sus perros por el campo. Ricardo Ramos y Pablo García, con sus perros por el campo. - Foto: Luis López Araico

Su amigo y 'rival' es Pablo García, guardia civil de 37 años afincado desde hace cinco en Burgos, que es campeón autonómico en la caza de becada con perro, aunque también compite en las modalidades de caza con perro y San Huberto, en las que ha logrado muchos trofeos. "Desde que tengo uso de razón cazo, en casa siempre se ha cazado y ha habido perros...".

Ambos compañeros coinciden en que la crisis de identidad e imagen que vive su afición surge del "desconocimiento" que se tiene de la misma, de la visión 'urbanita' de una actividad que remonta sus orígenes al principio de los tiempos. "Nos ven con la escopeta matando animales y no como a personas que se preocupan por cuidar el campo, las especies que lo pueblan y que practican su afición muy pocos días al año, en cupos muy reducidos y bajo una estricta regulación, especialmente en las armas y la protección al medio ambiente".

Ramos cree que el cazador se ha convertido en el blanco de todos los males de la naturaleza "y no es así...". "Soy agricultor y no sé qué es peor: un grupo de aficionados que caza 12 días al año o diez agricultores sulfatando...".

Gestor de dos cotos, insiste en que hay mucha menos presión cinegética que antaño - de hecho, hay menos licencias y falta el relevo generacional- y el cazador hoy se preocupa de que haya alimento, agua y refugio para los animales en las zonas que gestiona. "Muchos no saben lo que es cuidar un coto, solo miran a la escopeta... Los que pagamos los cotos a los ayuntamientos somos nosotros y muchas veces los dejamos sin cazar para autoregularlos", indica Ramos, quien recuerda que de los 365 días al año apenas son una docena los destinados a la caza menor de la perdiz (con cupos muy limitados) y otros 20 para la codorniz. 

Pablo García vincula también el declive de la caza a la agricultura intensiva y a la ausencia de escopetas. La correcta eliminación de animales -explica- contribuye a la selección genética, a la fortaleza de las especies ante las enfermedades y las consanguinidades y a su proliferación controlada, evitando plagas como las de los conejos que asola a la provincia. "Está comprobado que un bando de perdices sin cazar termina por estancarse, no cría más y enferma".

De hecho, recuerdan, pese a lo que está cayendo (y las críticas), la temporada de caza menor que acaba de concluir "ha sido buena en perdiz y codorniz en Burgos. Cuanto más seco es el año, más empuja a las aves migratorias hacia el refugio del cereal, hacia Burgos...".

Perros. Uno de los puntos más sensibles y que más polémica genera es el uso de los perros para esta actividad, calificado por los críticos como "maltrato animal", especialmente en el caso de los galgos, podencos y otras razas que son descartadas (eliminadas o abandonadas) cuando no sirven tras finalizar las temporadas. La plataforma 'No a la caza' convocó hace apenas una semana manifestaciones en toda España y Europa para denunciar estos hechos.  

"Hemos perdido el Norte... ¿el canicross es maltrato animal? ¿cuántos perros de compañía se abandonan en las ciudades? Yo a esta gente les invitaría a fuesen con nosotros. Sí, puede haber malas prácticas, como en las ciudades, pero no somos asesinos de perros...", recuerda Pablo García que, al igual que su compañero, mantiene a media docena de canes en su casa perfectamente cuidados, sean los mejores o no para cazar "y asumiendo los gastos que todo esto nos conlleva, desde la comida a los veterinarios... Ellos son uno más de la familia. Nunca abandonamos". De hecho, recuerda, el maltrato animal conlleva, entre otras sanciones, la retirada de las armas.

"¿Cuántos ecologistas de Madrid ingresan cada año 15.000 o 18.000 euros en un ayuntamiento rural para que mantenga buenos servicios para sus vecinos?". Villegas, en el caso de Ricardo, o Arcos, en el de Pablo, tienen estos ingresos anuales gracias a la gestión cinegética de sus municipios. "Los que hacen bicicleta de montaña, senderismo o running... [entre los que también hay críticos con la caza] no aportan esos ingresos".

"Pero el dinero -cuestiona Ricardo- no debe ser nuestra única justificación y defensa, hay que descubrir la caza a la gente e intentar cambiar la forma de pensar de muchos tienen sobre ella".

La culpa, reconocen, también es suya, de los cazadores. "Somos un colectivo muy desunido y que no apuesta mayoritariamente por tener una sola voz en la Federación. También hay poca formación como colectivo...".

Nueva ley. El viernes 17 de enero concluyó la fase pública de información de la nueva ley de caza de Castilla y León, que busca cerrar la etapa de vacío legal abierto por las sentencias del Tribunal Superior de Justicia que anularon el Reglamento y la Orden de Caza de 2018. Se han presentado un total 162 alegaciones procedentes de todos los ámbitos, también de los cazadores, colectivos de deportistas y del turismo, además de los ecologistas, animalistas y conservacionistas.

"No conozco los detalles, pero necesitamos una ley firme, no podemos estar dependiendo de si se permite o no cazar. Esto vale un dineral...", dice Ricardo. Reconoce que, pese al miedo generado, la última temporada ha sido "buena y no pasó nada...".

Si algo preocupa a estos dos campeones de la escopeta no es la próxima temporada sino la falta de relevo generacional, la falta de jóvenes en el campo. "De tanto oír críticas y tan mala imagen, ya no prueban la caza y eso provoca que la afición vaya a menos. Nos gustaría que la gente viese cómo se gestiona un coto y cómo se caza en Burgos, seguro que cambiarían muchas ideas preconcebidas desde casa, el bar o las redes sociales".