Vida y muerte de un contrabandista burgalés

R.P.B.
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En el mes de enero de hace ahora 35 años fue tiroteado en León Bautista Güémez Cortázar, un pozano que comenzó haciendo estraperlo con trigo de La Bureba y se convirtió, con los años, en uno de los mayores capos del negocio ilegal de tabaco en España

Vida y muerte de un contrabandista burgalés

Bautista Güémez Cortázar, de 62 años, fue tiroteado tras detener su Mercedes Benz en un semáforo del centro de León. Falleció dos días después a causa de los disparos, uno de los cuales, letal, le había perforado el cráneo. Era enero de 1985. El violento suceso estuvo rodeado de informaciones confusas: éstas hablaban de un importante industrial afincado en Palencia, un exitoso hombre de negocios hecho a sí mismo a quien el azar había mostrado su envés más siniestro. Era cierto. Pero sólo en parte. Era, en efecto, un hombre poderoso, que en los últimos años había llegado a amasar una enorme fortuna. Pero no lo había hecho lícitamente, como fue revelándose posteriormente. Tampoco su muerte tuvo que ver con la mala suerte. En su pueblo natal, Poza de la Sal, nadie se extrañó del asesinato de su paisano. Aunque hacía muchos años que había abandonado la villa salinera, su fama de hombre violento y turbio no se había diluido en la memoria colectiva de los vecinos de la comarca. Así lo recuerdan hoy, 35 años después de aquel episodio de la crónica negra, quienes llegaron a conocerle. 

"Los padres murieron jóvenes y él, que debía ser el mayor, se hizo cargo de los hermanos, que eran cinco o seis", perfila un vecino de Poza, quien señala la casa en la que vivieron los Güémez, ubicada muy cerca de la Plaza Mayor. Hace tiempo que cambió de manos, pero los más mayores del pueblo no han olvidado que fue viviendo allí cuando Bautista Güémez, bien temprano, inició una carrera delictiva que terminó bruscamente en enero de 1985. "Aquí se dedicó al estraperlo de trigo", sostiene este vecino. Durante años regentó una cantina en Lences, pueblo cercano a Poza, pero el verdadero negocio, con el que fue lucrándose, fue con el contrabando de trigo, que lograba sacar en vagones de mercancías por la vieja línea del ferrocarril Santander-Mediterráneo. "Siempre se dijo que era malo este Bautista. Tenía fama de violento. Se le tenía miedo en la zona. En cierta ocasión le dio una paliza a una persona que le había querido denunciar por los trapicheos".

Bautista abandonó la comarca burgalesa a comienzos de los años 60 para instalarse en tierras palentinas. Lo hizo primero en Carrión de los Condes, donde abrió un bar, y después en Palencia capital, donde dirigió un almacén de vinos que se ubicó en el barrio del Cristo. No dejó el contrabando. Pero sí el material con el que comerciar de extranjis, y que fue uno de los productos estrella del mercado negro en las décadas de los 70 y 80: el tabaco rubio americano. "Aquí siempre supimos de sus andanzas. Y se comentó mucho cuando lo mataron. Ya digo que no extrañó nada", sentencia.

Antes de la irrupción de la cocaína y la heroína, el tabaco de contrabando era un negocio asaz lucrativo. Diversas fuentes señalan que movía en torno a 150.000 millones de pesetas al año. Un dineral. La costa gallega copaba la mayor parte de los alijos, que llegaban en lanchas a sus playas. Fardos llenos de cajetillas. La costa asturiana no fue ajena a este mercado de matute. Fue precisamente en esta zona del Cantábrico donde se hizo fuerte Bautista Güémez. Donde se convirtió en un capo de tomo y lomo, capaz de codearse con las grandes familias gallegas de contrabandistas. Fue entonces, en el momento más álgido de su negocio, cuando el burgalés vio su estrella apagarse.

El último alijo. A finales de aquel mes de enero de 1985 Bautista Güémez viajó a Gijón para cerrar uno de sus pingües negocios: cobrar nada menos que 21 millones de pesetas por una remesa de tabaco: 170.000 cajetillas de rubio americano. La transacción se produjo en Oviedo.El comprador, un tipo apellidado Casanova, pagó y se esfumó. El contrabandista burgalés hizo el viaje en compañía de un yerno, con el parné bien oculto entre los asientos del coche. De regreso a Palencia, cuando atravesaban la ciudad de León, dos tipos se acercaron al vehículo cuando este se detuvo en un semáforo. Iban armados y no se anduvieron por las ramas. La pasta o la vida. No fue casualidad, claro: aquellos tipos embozados estaban al tanto del dinero que presumiblemente iba en el coche. Pero el burgalés no se dejó amedrentar y se puso bravo, negándose a entregarles el botín por las buenas. 

Así que se lo llevaron por las malas. Después de descerrajar tres disparos a quemarropa al burgalés, que quedó tendido sobre un charco de sangre en la calzada, los asaltantes montaron en el Mercedes y salieron huyendo. El contrabandista sobrevivió en coma dos días. Falleció el 22 de enero en la clínica Princesa Sofía de la capital leonesa. Pocos meses después, tres personas fueron detenidas en Asturias por este asesinato. Se les juzgó y encarceló. También fue detenido Casanova, si bien no se le pudo implicar en el asesinato, por más que la policía tuviera claro que fue quien se chivó de que Bautista Güémez viajaba con tal cantidad de dinero. Sí fue procesado por contrabando.

Escalada de muertes. La desaparición violenta de Bautista Güémez provocó una escalada de muertes en cadena. Meses después del crimen, los tres implicados en el tiroteo fueron encarcelados, condenados a 27 años de cárcel por robo con violencia, muerte dolosa y tenencia ilícita de armas. Uno de ellos fue asesinado de un puñalada dentro del penal; el cerebro de la banda también sufrió consecuencias posteriores: consciente de lo que le había pasado a su compañero, se buscó en el talego la protección de una mala bestia, un tipo al que apodaban ‘El Argentino’. Sin embargo, cuando éste salió de la prisión secuestró, violó y estranguló a la hija del que había sido su protegido, una criatura de 11 años llamada Celina. Capturado poco después y encarcelado por tan horrendo crimen, ‘El Argentino’ terminó sus días recluido en el penal de Burgos. Entre sus muros se cerró la círculo de muertes iniciado con Bautista Güémez. ‘El Argentino’ murió asesinado, sin testigos. 

Estrangulado.