El año loco de La Regadera

R.C.
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Van a acabar con 60 conciertos a sus espaldas, han inscrito su nombre en el Guinness, están de gira con Ska-P y en Sevilla les robaron los instrumentos. ¡Que la vida no pare!

El año loco de La Regadera - Foto: Man 370

La primera vez que Gonzalo Madrid escuchó una canción que reivindicaba la lucha obrera fue en un casette de Ska-P que le pasó un amigo. El sábado compartió escenario con el grupo vallecano que puso la banda sonora a toda una generación. No era la primera vez ni será la última que lo haga ya que en unas semanas la escena se repetirá en un festival de México.

La fecha programada al otro lado del charco pondrá la guinda a unos meses de locura, la que irradia La Regadera encima del escenario y en la que se ha convertido su rutina. Locura que en abril comenzó con una idea descabellada como inscribir su nombre en el libro Guinness con nueve conciertos en solo 24 horas. Desde entonces actuaciones, ensayos y carretera se han mezclado a una velocidad en la que apenas queda tiempo para tomarse un respiro y mirar hacia atrás. Quizá mejor no hacerlo, porque da vértigo.

Con disco nuevo en la mochila y una agenda repleta de lugares por conquistar con su música, este año la banda mirandesa se enfrentaba a una prueba de fuego. Pero conscientes de que dar un gran salto suele conducir a caer al vacío, prefieren ir peldaño a peldaño, aunque es indudable que en los últimos tiempos han subido un par de escalones de golpe. "Nunca pensamos que un disco o una canción nos va a llevar al estrellato, porque además ese éxito suele ser efímero. Lo que tratamos es de compararnos con el año anterior y claramente este año hemos crecido", reconoce Madrid, cantante y guitarrista.

Los números hablan solos ya que las reproducciones de sus canciones en las plataformas digitales se ha multiplicado por cuatro y van a acabar el curso con más de sesenta bolos a sus espaldas. La acogida del público también ha cambiado porque de ser casi unos desconocidos han pasado a llenar salas y colarse en los carteles de los mejores festivales. "Impone más tocar cuando hay poco público porque estás todo el rato pensando si les estará gustando, si se aburren,... Cuando tocas para miles te centras en disfrutar", explica.

Pero en la frenética carrera también ha habido un tropezón, el robo de los instrumentos sufrido en Sevilla. Se fueron a dormir soñando con el siguiente concierto y por unas horas tuvieron que cambiar los escenarios por una comisaría ya que les habían desvalijado la furgoneta. Un mazazo que les ha costado 30.000 euros, aunque el palo más grande fue el anímico. "Tuvimos que dar un par de conciertos con todo el equipo prestado y fue una situación muy dura, que te hace replantearte muchas cosas. No teníamos ánimo para tocar pero decidimos que había que apretar los dientes y continuar, aunque es una experiencia que creo que se nos quedará en el recuerdo para siempre. El dinero duele pero la sensación de esos días, duele mucho más", asegura Madrid.

Por suerte estaban los de siempre para hacerles recuperar fuerzas. Y es que La Regadera es más que profeta en su tierra. Sus presentaciones en Miranda son un acontecimiento popular, como quedó claro en las fiestas patronales. A pesar de compartir tablas cada semana con estrellas de la música nacional, ver la calle Cantabria repleta es algo que aún les impacta. "Nos miramos todos a los ojos y nos acordamos de lo mucho que hemos trabajado para llegar hasta aquí. No es lo mismo tocar en un gran festival con decenas de grupos, y en el que eres uno más del cartel, que hacerlo en tu ciudad, cuando los miles que han ido están deseando escucharte a ti", afirman aún con la piel de gallina.

Reconocer entre el público a tus vecinos, a los que te cruzas todos los días cuando compras el pan, también añade presión. Aunque tienen claro el camino que han emprendido, la esencia de La Regadera se mantiene. Siguen siendo un grupo de amigos con la misma ilusión y ganas de divertirse. Lo que sí ha cambiado son los comentarios de conocidos y familiares. "Antes te decían que te centraras en buscar un trabajo estable y esas cosas, ahora casi nos pasan la guitarra cuando nos juntamos a comer. ¡Algunos tíos hasta nos han llegado a decir que si hay que poner dinero para el grupo, se pone!", aseguran entre risas.

La rueda no deja de girar. Para el próximo año ya asoman nuevos retos como grabar un par de temas inéditos y hasta hacer una versión de uno propio. También dejar que la inspiración fluya para dar forma a otro disco. Con La Regadera, la vida nunca para.


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