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«En la viña puede haber animales pero sin comerse las cepas»

I.M.L.
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Los oficios del vino (XXIX) | Los cetreros, como Juan Antonio Sánchez en la finca de Torremilanos, evitan que las poblaciones masivas de aves o mamíferos dañen las plantaciones, respetando la biodiversidad

Juan Antonio Sánchez tiene varios halcones adiestrados para el control de la población de otras aves y mamíferos, como esta hembra a la que llama ‘Gordita’. - Foto: I.M.L.

Desde fuera del mundo de la viticultural, la figura de un adiestrador de aves rapaces en un viñedo puede chocar pero es más útil para las cepas y su entorno de lo que puede parecer. Cerca de un cuarto de siglo lleva Juan Antonio Sánchez, del Centro de Halcones Nebli, lleva en los terrenos de la finca Torremilanos encargándose del control de la fauna. «Yo me llevaba muy bien con Pablo Peñalba, me dejaba entrenar aquí a mis aves, y cuando le propuse probar con ellas para el control de la población de otras aves y de mamíferos me dijo que probábamos un año, que si funcionaba me quedaba y si no, nada», recuerda Sánchez. A la vista está el resultado de aquella prueba, porque los puestos para que se posen las aves de Nebli ya forman parte del paisaje de los viñedos de esta bodega.

En una visita a esta finca es fácil ver a Juan Antonio pasearse con uno de sus halcones, pertrechado con el necesario guante de cuero, en busca de la zona más adecuada para que realicen sus vuelos. «Suelo tener un mínimo de cuatro halcones cuando vengo a hacer vuelos aquí porque cada uno me sirve para una cosa», explica Sánchez, que define a sus pájaros como «muy buenos». No en vano él también es adiestrador de este tipo de aves rapaces y los cría para otros cetreros, labor que compagina también con el control de fauna en otros espacios como aeropuertos o «donde sea necesario».  «A mí me llaman porque tienen un problema con lo que sea, yo voy, lo analizo y doy una solución, porque siempre se puede hacer algo», puntualiza Sánchez. 

Al final, el objetivo del trabajo de este cetrero en la finca Torremilanos es «impedir que las especies que pueden dañar la uva o la cepa lo hagan, porque yo tengo que tener un control de esas poblaciones». Esta necesidad ha existido siempre en la zona pero más desde que la finca se convirtió en coto de caza. «Está prohibido cazar en los viñedos y aquí hicimos un acotado para que no entrase ningún cazador por seguridad de los trabajadores y de los clientes del hotel», relata Sánchez. Esta situación privilegiado, uno a que en los terrenos colindantes se puede cazar, «todas las especies vienen a refugiarse aquí porque se sienten seguros, y eso me encanta», confiesa el cetrero.

Así que su misión es impedir que la fauna de la zona, ya sean aves ya sean mamíferos, se ubiquen en la zona de la finca donde no estén los viñedos. «Se puede pasear por aquí, por lo que es la cañada, y ver las bandadas de pájaros o los conejos y las ardillas, pero si vas por los viñedos no se les ve, y los que hay es porque les dejamos estar para que actúen como depredadores con otras especies», plantea como línea de trabajo Sánchez. Lo que busca siempre es que no haya una masificación de población de las distintas especies, pero nunca alterar la biodiversidad de la zona, donde todo tipo de animales autóctonos tienen cabida. «En la viña puede haber animales, lo que no podemos permitir es que sean tantos que tengan que comerse las cepas para sobrevivir», sentencia.

Entre sus últimos retos, este cetrero se ha tenido que enfrentar a una plaga de conejos que estaba devastando las plantas. «Lo nunca visto, tuve que hacer fotos y vídeos para que me creyesen: los conejos subidos encima de las cepas para seguir comiéndose las ramas cuando ya habían terminado con los tallos más verdes», rememora Juan Antonio Sánchez, que no puede ocultar que le encanta trabajar con sus animales, con los que tiene una relación tan estrecha que los considera como parte de su familia.