Alterando a Don Diego

I.M.L.
-

Lejos de reformar el espacio urbano de los jardines dedicados al ministro Arias de Miranda, el monumento que le recuerda va perdiendo su esencia artística con añadidos impropios

La fuente monumental a los pocos años de su creación frente al estado actual del monumento en homenaje a Diego Arias de Miranda. - Foto: DB

La figura de Diego Arias de Miranda está pasando a formar parte de los libros de Historia. Ni siquiera la existencia de una de las plazas ajardinadas más céntricas de Aranda propicia que se le recuerde como el gran benefactor de la agricultura comarcal, cuando la agricultura era el sustento principal de casi todas las familias de la zona, al ser el promotor de los canales de regadío.

A tal nivel llega la indiferencia hacia este prócer arandino que el monumento que se erigió tras su fallecimiento en 1929 ha quedado del todo desvirtuado en relación a su diseño original, obra de Emiliano Barral, uno de los escultores más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Este monumento que se conserva en Aranda, sufragada por suscripción popular en 1930, es el único conjunto escultórico suyo que aún se mantiene íntegro en pie. 

Una obra de arte que, además de los ataques vandálicos que obligaron a realizar una limpieza de pintura de la cabeza de don Diego o a para reponer el apéndice nasal del busto, se ha ido desvirtuando con el tiempo por falta de conservación y, quien sabe, si de respeto por el diseño original y dejadez de sucesivos responsables municipales. Primero fue la eliminación de uno de los elementos fundamentales del monumento, el agua que caía por los pilonos centrales y llenaba el estaque a los pies de la figura sedente de don Diego. El arquitecto Álvaro Bonet resalta que el elemento acuoso era fundamental en el diseño "aludiendo al compromiso personal del homenajeado con la gestión de las aguas de la comarca" y que está "completamente desvirtuado hoy en día, el estanque se encuentra relleno de tierra donde se plantan flores de vez en cuando".

No contentos con eso, el último revés a esta obra de arte urbano ha sido la colocación de dos grandes maceteros, a los pies de los bajorrelieves con escenas campesinas, que rompen la estética del diseño. Un añadido del que nadie conoce su procedencia intelectual, ya que ningún departamento municipal se responsabiliza de esta redecoración apócrifa del monumento a don Diego.