Defienden que Burgos es romana y nació en el siglo III

Á.M.
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Tras siete años de investigación, una tesis cum laude concluye que la historia oficial de la ciudad adolece del rigor debido

López Zamanillos muestra parte de la calzada romana todavía existente en Burgos - Foto: Valdivielso

Burgos no fue fundada por Diego Porcelos en el año 884. En realidad, su progenitor más probable es el militar romano Aelius Maritimus, que la ‘creó’ a comienzos del siglo III después de Cristo bajo el mando del emperador Marco Aurelio Severo Antonio Augusto, inmortalizado como Caracalla. Sí, estimado lector. Existe la posibilidad de que todo aquello que tomó como una realidad histórica inviolable, trufada de mitos sobre condes y reyes y aceptada sin enmienda por la mayoría de la comunidad docente, sea, digamos, poco preciso.
El melón lo ha abierto una tesis doctoral defendida en enero por su autor, el arquitecto técnico burgalés -y funcionario del Ayuntamiento de Palencia- Eloy López Zamanillo, que es producto de siete años de trabajo y que fue considerada cum laude por el tribunal calificador. El contenido de la investigación cuestiona la historia aceptada de la ciudad y está embargado durante tres años (’secuestro’, es el término académico), ya que la intención del autor es publicar su contenido en toda su extensión. Se titula Génesis del núcleo urbano burgalés. Revisión crítica sobre la evolución histórica estructural urbana de la ciudad de Burgos y ha sido dirigida por el catedrático de la Politécnica Juan Manuel Manso, actual vicerrector de Planificación de la UBU. Debido al citado secuestro, las personas que han podido acceder a su contenido se cuentan con los dedos de las manos. Hasta hoy.
El propio autor sitúa el génesis de su investigación «en mi interés por el valor histórico de los arcos de San Esteban y San Martín», que considera, sobre todo en el segundo caso, muy maltratados. Comenzó a estudiar la relación entre ambas puertas «y eso fue lo que me llevó poco a poco a adentrarme en la historia de Burgos, pero en la verdadera, no en la que se ha repetido como un mantra historiográfico del que nadie se ha salido».


El punto de partida
Hay dos teorías redundantes en esa ceremonia del asentimiento. Una se la debemos a Rodrigo Jiménez de Rada, obispo de Toledo e historiador, quien estableció en la suma de pequeños asentamientos (burgus) el nacimiento de la ciudad, teoría después asumida y amplificada por el dominico Alonso Venero, quien concretó en seis barrios o burgus (Rebolleda, San Zadornil, Santa Coloma, San Juan, La Magdalena y Santa Cruz) el génesis de una urbe de la que «poco más o menos dicen que Diego Porcelos cortó la cinta y la declaró inaugurada a partir de la nada». Ambos coinciden en que aquello sucedió en el siglo IX.
La segunda se afianza a mediados del siglo pasado y asegura que Diego Porcelos creó un castillo «de nueva planta» en el emplazamiento actual de la fortaleza y, a partir de ahí, «creció la ciudad con La Blanca y la Judería, además del Castillo, como embriones de un desarrollo hacia el Sur de la loma del Castillo», continúa López Zamanillo, que no se cree ninguna de las dos. «Podría haber aceptado el mantra y seguir estudiando ‘mis’ arcos, pero me gustan las cosas razonadas y no me parece que la historia oficial de la ciudad lo esté suficientemente».
El lugar de partida fueron los textos más antiguos, los escritos más cercanos a los hechos históricos. «La primera mención de Burgos con el significado de civitas -ciudad- está en una compraventa de tierras contenida en el Becerro Gótico de Cardeña, datada en el año 899 y que alude a la existencia de un conde». Para el investigador, la existencia de una ciudad y la presencia de un conde -posterior a Diego Porcelos- supondría «una progresión meteórica para una ciudad fundada 15 años antes, sobre todo porque desde 1910 ya es citada en algunos textos como una ciudad».
Tampoco el estudio de los Anales Castellanos Primeros (comienzos del siglo X) le satisfizo. Muy al contrario. «De 15 párrafos, tres están dedicados a noticias de Burgos, lo que denota su importancia, y señala que en el 882 (primera fecha de la presunta fundación de Burgos) la ciudad ya existía en términos muy parecidos a León. Gracias a esto se le atribuye a Diego Porcelos la fundación, y está claro que algo hizo, pero también que Burgos ya existía mucho antes».
El ahora doctor fue más allá y buscó la raíz etimológica del término Vurgus/Vurgos (o Burgus/Burgos, dependiendo de la fuente), y más en concreto su implantación territorial. Si estaba asociada a la palabra ‘castillo’, no parece lógico que entre 10.500 topónimos estudiados entre Galicia y Cataluña únicamente hubiera un 0,08% que se denominaran Vurgus o Burgus, ya que había castillos por doquier. «La probabilidad de llamarte Burgus en el siglo IX es casi la de que te toque la lotería», continúa López. Sí hay, por contra, cientos de referencias a ‘castillo’, ‘castro’ o ‘torre’ y muchas han trascendido hasta hoy, pero no a Vurgos. En su opinión, porque el origen de la palabra es muy anterior y en el siglo IX ya estaba en desuso. «El único momento histórico en el que ese topónimo está muy extendido en un amplio territorio coincide con el Imperio Romano, y más en concreto se da entre los años 150 y 371 después de Cristo», argumenta.

 

La verdad de Sasamón
la piedra de sasamón. Pero una cosa es sospechar un origen más anciano de la ciudad y otra demostrarlo, sobre todo si se pretende vincular a un periodo histórico del que no se conservan documentos escritos. Por eso la investigación se trasladó a los vestigios de ese periodo del Imperio Romano en el que el término Vurgos (o Burgus) estaba muy extendido y podría haber dado carta de naturaleza a la ciudad del Arlanzón. En los siglos II y III el Imperio se está defendiendo. Está debilitado y se ve forzado a vigilar las principales vías de comunicación, sobre todo aquellas que sirven de ‘autopista’ a los recursos más preciados, como la sala o los metales preciosos.
Es en esa época, y por esa razón, cuando se extiende la implantación de un tipo muy concreto de destacamentos militares: los burgus. Eran pequeños, con extensiones fortificadas de entre 10x10 y 30x30 metros, pero llegaban a dar cabida a una centuria romana (que eran 80 hombres, no 100). Se construyeron siempre al pie de las calzadas y en zonas limítrofes o particularmente sensibles del Imperio. Es un tipo de construcción muy estudiada en Europa (son objeto de un congreso internacional anual) pero casi nada en España. Y coincide, como se demuestra en la investigación, que casi siempre están vinculadas a las statio (estaciones) de beneficiarios consulares. Tanto que más del 70% estaban a menos de 10 kilómetros unas de otras.
Los beneficiarios consulares recibían el ‘beneficio’ o ‘misión’ directamente del cónsul provincial, el mando más alto existente en la provincia romana correspondiente. Su misión era delicada, algo así como una misión de Estado. Eran militares y cada uno tenía la suya, pero siempre vinculadas a tareas relevantes para Roma y sus cónsules. Por tanto, para demostrar que el origen de Burgos está en un burgus romano ayudaría bastante acreditar la existencia de un  beneficiario consular en un entorno geográfico cercano.
Los elementos que más han permitido situar statio romanas por toda Europa son las epigrafías en piedra que se acuñaban como placas conmemorativas u ofrendas. Dado su componente de memorial, son fáciles de datar. Hasta 28 de ellas incluyen la palabra burgus en referencia a las fortificaciones cercanas, y coincide que una está en Sasamón. «Se conocía su existencia porque fue reutilizada como lápida en la iglesia de Santa María la Real de Sasamón (municipio de cuyo origen romano no existe duda alguna), pero no se había vinculado a la existencia de una statio. Hace alusión al beneficiario consular de la estación, que era Aelius Maritimus. Esa estación beneficiaria de Sasamón es la única confirmada en toda la antigua Hispania».
Lo que se lee en esa piedra (ver foto) es lo siguiente: A STATIONIS SEGISAMONENSIVM AELIVS MARITIMVS BF COS EXEDRAM CUM BASI D. S. F. C. La traducción es «estación de Sasamón, Aelius Maritimus beneficiario consular, una exedra con base por mí hecha y cuidada». Una exedra es una suerte de pequeño templo abierto en el que se colocaban imágenes de los dioses. Esto es, no cabe duda de que Sasamón fue una estación consular en esa época, por lo que la existencia de un burgus en su ámbito más próximo parece más que probable.

(Artículo completo en la edición de hoy)