scorecardresearch

«Los partidos y los países juegan con los migrantes»

A.G.
-

Entrevista a la presidenta de Burgos Acoge, Asun Cifuentes

Asun Cifuentes, profesora jubilada de la UBU, es presidenta de Burgos Acoge desde 2013. - Foto: Patricia González

Burgos Acoge, una de las entidades sociales con más solera de la provincia, emprende en unos pocos meses una nueva etapa al cambiar su sede histórica de la Avenida de Castilla y León por otra más amplia en la calle Padre Aramburu cedida por la Tesorería de la Seguridad Social. Su presidenta, Asunción Cifuentes  (Villaloando, Zamora, 1950), profesora jubilada de la Universidad de Burgos y voluntaria que da clases de español a los inmigrantes, explica que literalmente no había sitio ya para dar cabida a todos los servicios que prestan y que en las nuevas instalaciones se podrán unificar tanto la oficina de Castilla y León como el segundo espacio que tienen en la calle Loudun. Ymientras las obras van terminando y se va organizando la mudanza, Burgos Acoge no cesa en la asistencia a personas migrantes ni en el activismo, criticando las decisiones que está tomando el Gobierno con los menores marroquíes de Ceuta y acogiendo ya a una familia procedente de Afganistán.  Además, junto con otras entidades, prepara una estrategia para que las familias burgalesas que lo deseen puedan acoger a personas llegadas de allí y de otros países: «Sobre todo pensando en las mujeres. Opino como mujer y feminista que cuanto más aplastadas estén las afganas y más se vulneren sus derechos, más fuerza tenemos que sacar las demás».  

En apenas unos meses se mudan después de 25 años atendiendo a las personas en el mismo lugar. ¿Esto significa que la demanda es cada vez mayor?

Sí, tenemos mucha demanda y también más trabajadores, el equipo está en torno a 15 personas. Cada vez se nos pide más atención a pesar de que pudo parecer que por la pandemia y el confinamiento la gente no podía moverse. Pero sí lo hace y necesita ayuda para saber desenvolverse en un país que no es el suyo.  Luego está el programa de protección internacional para refugiados que gestionamos desde el año 2016 acogiendo a las personas que nos envían desde el Gobierno central. Ahora, con Afganistán, hemos estado a lo que decía el Ministerio, que es quien lo gestiona. Tenemos en total 16 plazas en dos pisos, uno cedido por el Ayuntamiento. y ahora mismo, como ya se sabe, acabamos de acoger a una familia con 5 niños.

¿Se habían preparado para ello?

Siempre lo tenemos todo dispuesto por si en cualquier momento se necesita. Cuando la Red Acoge decidió incorporarse a este programa nos preguntaron cuántas plazas podríamos tener y, en principio, quisimos ser cautos y apostamos por ocho, pero es tanta la necesidad, hay tanta demanda, que se nos instó a que las ampliáramos -incluso el Ministerio prefería que pusiéramos un centro porque suelen venir de 20 en 20, pero nos resistimos a eso porque nuestro modelo es más cercano a lo que puede ser una familia. 

¿Cómo es ese momento en el que se recibe a las personas refugiadas?

Pues es, textualmente, de la noche a la mañana. Nos avisaron el jueves y el viernes ya estaban aquí la pareja y sus cinco hijos. Se les acompaña desde el momento en el que llegan a la estación. Les enseñan el piso, les instalan, se ven las necesidades que tienen de aprender el idioma y de otro tipo... Yo me los suelo encontrar en las clases de español y lo que percibo es que tienen muchísimas ganas de integrarse. Recuerdo el caso de una mujer siria con tres hijos con una actitud positivísima y muchas ganas de trabajar. Porque una vez que tienen la tarjeta roja de demandantes de asilo pasado un tiempo pueden trabajar, que lo están deseando: trabajar y aprender. 

¿Cómo califica el comportamiento de la Unión Europea y de España frente a la crisis de Afganistán?

A mí me parece que no está siendo tan negativo en este aspecto como en otros de los que, a lo mejor, también conviene que hablemos, como el caso de los menores marroquíes. Al menos, a nivel mediático, es lo que parece y, de momento, la actitud nos parece positiva. Y a nivel local ya se ha visto que el Ayuntamiento postula a Burgos como ciudad de acogida. Desde la Plataforma Burgos con las Personas Refugiadas, en la que estoy representando a Burgos Acoge, decimos que nos parece muy bien, pero que seamos ciudad de acogida para todos los que vengan. En este sentido, estamos en un trabajo muy interesante para ampliar la red de acogida de la ciudad. Parte de una proposición en la que solicitamos que Burgos formara parte del movimiento ‘Las ciudades pueden decidir’ y después de varios plenos conseguimos que se aprobara por 25 votos a favor y uno en contra. Se inició con Siria como objetivo pero entendemos que se puede ampliar.

Parece que las iniciativas van un poco ‘a remolque’ de lo que ocurre en la geopolítica...

Esto es precisamente lo que queremos evitar. Por eso ahora estamos elaborando un documento para establecer una especie de red de familias que quieran acoger. Sabemos que están las asociaciones como la nuestra que disponen de plazas, pero también, que hay muchas familias que quieren compartir su casa con una persona migrante o refugiada, una experiencia que ya existe en otras partes. Nos hemos puesto en contacto con otras redes de ciudades como Bilbao y ahora estamos preparando este proyecto para presentárselo al Ayuntamiento. 

¿Y qué esperan de esta institución?

Quizás necesitemos algo de apoyo económico -para una persona que se encargue de coordinarlo- pero que a lo mejor se puede hacer conveniando con las distintas asociaciones. Algo de ayuda va a hacer falta pero lo importante es el apoyo que se ha hecho para conseguir que se aprobara la resolución y luego hacer todo el trabajo. Intentamos trabajar desde lo local para ocuparnos de lo global porque es que si no, parece que todos los políticos se lavan las manos diciendo que la competencia es de unos u otros o que desde una ciudad no se puede hacer nada. Queremos ir en contra de esta tendencia y demostrar que desde una ciudad sí se pueden hacer cosas porque existe una ciudadanía comprometida y solidaria. 

¿Cree que nuestra sociedad es mayoritariamente solidaria y comprometida?

Es difícil de valorar, no me atrevería a decirlo de forma tajante porque existe mucha diversidad de actitudes. La gente que se suma a estas iniciativas es la que ya está comprometida y da un paso más. Esta labor tiene dos dimensiones fundamentales, la ayuda humanitaria, que es lo primero, porque la gente que viene necesita comer, vestirse y aprender el idioma, pero después está el trabajo de denuncia y hay gente que quiere  ser activa en ambas dimensiones: criticar, por ejemplo,  la fábrica de armas que tenemos en esta provincia y que vende a Arabia Saudí quien alimenta a la guerra del Yemen, o que haya tanta gente sin regularizar, y a la vez, echar una mano.  

¿Este proyecto responde a la pregunta insidiosa -¿por qué no os los lleváis a vuestra  casa?- que hace mucha gente que ve al inmigrante como un peligro?

(Risas) Pues sí, podría ser una respuesta, pero en realidad este trabajo es el que se está haciendo a raíz de la moción que se aprobó en el Pleno. Se está preparando una estrategia que consiste en establecer una red más grande de acogida, es decir que amplíe los recursos que ofrecen las asociaciones pro inmigrantes, incluyendo la posibilidad de acogida en familias, que así lo deseen. Nos consta que las hay, pero esto tiene que organizarse.

Volviendo a Afganistán. ¿Qué temen que pueda ocurrir con sus mujeres, que es donde se está poniendo el foco, por ser las que más peligro corren?

Aunque es cierto que se habían hecho algunos avances ya tenían muchas dificultades previas, con un altísimo nivel de analfabetismo, dificultades para salir a la calle no acompañadas o para decidir en todos los aspectos de su vida. Y esto va a ir a más, van a ser más invisibilizadas, no se las verá ni se las oirá. El régimen talibán considerará delito el solo hecho de ser mujer. 

¿Cuánto les preocupa que baje el interés por lo que ahora está ocurriendo allí y que tiene a Occidente ahora alarmado, recogiendo firmas, haciendo iniciativas..?

Eso ocurre con todo, por desgracia. Pero no lo sé, el otro día las feministas de Burgos organizaron una manifestación y creo que las mujeres vamos a estar ahí, sobre todo por las defensoras de derechos humanos y por las que han dado la cara en una situación muy complicada

Nada más empezar esta conversación ha hecho referencia a la decisión del Ministerio del Interior de devolver a los menores marroquíes  a los que su país abrió las fronteras para que llegaran a España al principio del verano, y hacerlo sin escucharles y sin garantías de qué les espera allí cuando vuelvan. Cuénteme qué le parece.

Nos hemos sumado a un documento que exige la no repatriación de estos niños, niñas y adolescentes no acompañados por bastantes razones. Es que va en contra del interés superior del menor, contra la propia Ley del Menor y en contra de los derechos humanos. Lo lógico es que se hable con ellos y se estudie cada caso. Parece que en su gran mayoría no quieren volver y se trataría de ver qué posibilidades hay de ayudarles, pero por lo menos que tengan asistencia letrada y que se les trate como a menores

¿Se esperaban una decisión así de un gobierno progresista?

Es difícil esperarla, ¿verdad? Yo creo que no. 

¿Y de un Gobierno que en 2018 se estrenó recibiendo a bombo y platillo a los refugiados del Aquarius..?

Y que algunos dijeron que si era una operación de imagen... Todos sabemos que en este Gobierno hay distintas tendencias y a la que se le ha dado la prioridad es la que ha apostado por expulsar a los menores. La otra, que representa la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, apuesta por lo contrario, pero creo que no quieren manifestar tan claramente su postura. Les han preguntado si creían que Marlaska tendría que dimitir y no se han atrevido a contestar. 

¿Y usted cree que debe dimitir?

Pues no lo he pensado. Pero un ministro que contraviene toda la legislación referente a los menores, al menos debería reflexionar sobre lo que está haciendo, que es muy grave, porque son los más vulnerables y precisamente por eso hay leyes que les protegen. Pero si no las pasamos por alto... Ya sabemos también la maniobra que hizo Marruecos dejando pasar a todos estos chavales...

Bueno, ese comportamiento es el que debería indicar las diferencias entre un país autoritario y otro democrático, ¿no?

Por supuesto. Sin olvidar el problema que está produciendo en Ceuta, con los chavales escapándose por las escolleras del puerto. En 2019 participé en la caravana Caminando Fronteras, precisamente en Ceuta, y pude conocer de cerca cómo es la situación. El objetivo de esta iniciativa, que se lleva celebrando desde 2016, es denunciar las políticas migratorias de la Unión Europea y todo lo que suponen de atentados contra los derechos humanos y contra los tratados internacionales que les protegen. Y a la vez que se denuncia esto en las propias fronteras se da un apoyo a las asociaciones locales que trabajan en el terreno. En aquel momento, los chicos -que no eran tantos como ahora- ya nos contaban que nos les dejaban entrar a los supermercados, que les perseguían, que suponían, de entrada, que eran delincuentes... 

¿Es necesario gran acuerdo entre partidos sobre este asunto?

Sin duda, porque se utiliza para el juego político y unos a otros se lanzan a las personas migrantes continuamente, se juega con ellos. Y entre los países, igual: mira lo que hizo Marruecos. Al final, son carne de cañón, porque incluso se utilizan en carteles electorales como hizo Vox.

Un juez consideró que formaba parte del juego político. 

Nosotros opinamos que aquello iba en contra de cualquier dignidad de la persona y que lo que pretendía era suscitar actitudes xenófobas y de odio. En la Red Acoge tenemos un programa de no discriminación porque nos parece muy importante que se denuncien estas actitudes.

Cuando se interpela a este partido por este tipo de acciones y, en general, sobre su actitud ante las personas migrantes suelen contestar que están a favor de una inmigración «ordenada». ¿A qué le suena esto?

Más a frenar la inmigración que a controlarla. Nosotros defendemos el libre derecho de las personas a moverse. Claro que hacen falta mecanismos para que los flujos no sean tan exagerados, por ejemplo como ahora en Canarias, pero es que nos parece que cuando se produce esta concentración de personas también tiene solución: se pueden redistribuir, hay lugares a los que pueden ir y hay gente que está dispuesta a acogerles. Si ponemos solo el foco en que son muchos, la primera reacción es decir, ‘fuera, que no entren’, pero si lo ponemos en que se pueden redistribuir la cosa cambia. Además, hay que preguntarse por qué vienen, qué ha pasado en sus países, qué responsabilidad tenemos aquí en el expolio que muchos de ellos han sufrido...

¿Lo de ‘papeles para todos’ es una utopía?

Creo que no. Es que están haciendo una función muy importante. Hemos apoyado mucho la campaña ‘Regularización ya’ que surgió de los propios migrantes ya que si no están regularizados no tienen ningún recurso para defender sus derechos. Esta iniciativa surgió de gente que trabaja en los cuidados y de los temporeros, que tienen que estar regularizados ¡porque están trabajando! Hacerlo en negro y estar invisibilizados durante tres años para después encontrar un contrato es algo muy penoso y difícil. Queremos que todo esto se flexibilice y sea más fácil.

¿Le quitan el trabajo a alguien?

Pienso que no porque habitualmente hacen lo que la gente de aquí no  quiere, básicamente, cuidados y recogida de fruta. No solo se puede dar papeles sino que se debe. 

Antes me decía que no tiene muy claro que la sociedad burgalesa no sea racista...

Es que de verdad que no tengo datos. Sí que en ocasiones nos comentan los usuarios de Burgos Acoge que sus vecinos no les saludan o no les tratan como al resto. Siempre he creído -aunque no sé si lo tengo suficientemente documentado- que lo que puede acabar con estas actitudes de prejuicios y recelos es el conocimiento de la otra persona, es cuando te das cuenta de que todos somos muy parecidos, que al final quieren lo mismo que nosotros, trabajar, dar un futuro a sus hijos y vivir en paz y tranquilidad. 

¿Cuando Burgos Acoge se relaciona con las empresas para conseguir inserciones laborales o media en los alquileres para que puedan tener acceso a una vivienda las cosas se ponen más fáciles?

Sí, sin duda, esto ayuda bastante. Hicimos en su día una campaña con otras asociaciones haciendo hincapié en que son vecinos igual que nosotros porque creo que esto es lo que hay. Pero siempre hay gente que se va a quejar, como los que hablan de las ayudas sin saber...

¿Se refiere a los que hablan de ‘las paguitas que reciben los inmigrantes nada más llegar a España’?

Sí, a esos, porque existe muchísimo desconocimiento a este respecto, muchas veces interesado. Es cierto que a las personas demandantes de asilo y refugio se les apoya económicamente al principio cuando llegan, pero el resto de las personas migrantes si acceden a una ayuda social es en igualdad de condiciones con los españoles. La gente que confunde las cosas es porque las quiere confundir porque si tuvieran interés podrían preguntarnos a nosotros, a Burgos Acoge, que les explicaremos cómo va esto con todo detalle.

¿Cómo puede pasar esto en un país en el que hace apenas 40 años expulsaba a sus nacionales a la emigración?

Pues porque se nos ha olvidado, porque nos creemos que somos ricos y tenemos miedo a que alguien venga a quitarnos lo que creemos que nos hemos ganado, no sé... quizás hay también cierto prurito de superioridad. Mira, de estos países viene gente con mucho talento. La mujer siria de la que te hablaba antes, por ejemplo, había sido profesora de inglés en su país y como este hay mil ejemplos: un chico palestino que es enfermero, que está preparadísimo para trabajar. Al lado de nuestra otra sede, la de la calle Loudun, está el centro de alzhéimer y siempre nos dice si no podría trabajar allí y sabemos la cantidad de barreras que aún tiene que superar porque no lleva tres años aquí, no tiene permiso de trabajo... 

En la memoria del año 2020 de su asociación han puesto el foco en la soledad que han pasado las personas inmigrantes durante el confinamiento...

Es que ha sido tremenda porque muchos de ellos no tienen redes personales y Burgos Acoge era para ellos con su familia, por eso intentamos estar permanentemente en contacto a través del teléfono o de forma telemática. Luego han sido víctimas de la brecha digital, sus niños no podían seguir las clases como otros... Y piensa que si a nosotros nos daba miedo salir a la calle por si nos llamaba la atención la policía, ellos tenían pánico.

¿La policía comete excesos con los inmigrantes en Burgos?

Algún caso he oído pero no los hemos vivido directamente. Sé que ha habido épocas en las que iban a pedir los papeles en la estación de autobuses...

Colombia y  Venezuela son los orígenes de la  de sus usuarios en los últimos tiempos. ¿Cuáles son las claves de esta realidad?

Sobre todo, que ya no necesitan visado para entrar, aunque antes, hace unos años, pudo haber una cuestión política que favoreció la llegada de personas desde Venezuela. Y también han venido muchos por el programa de protección internacional, en los pisos nuestros ha habido bastantes personas con este perfil y les sigue habiendo procedentes de esos dos países.