«Es un trabajo duro y los empleados no quieren el relevo»

R.N.S
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Las nuevas generaciones tienen ganas de continuar con el comercio familiar a pesar de las pocas ayudas que reciben. La vocación es lo que mueve a Natalia Barrios, quien actualmente se encuentra al frente de Pollerías Barrios, y su padre, Miguel Ángel

Natalia y Miguel Ángel Barrios frente a su local en el Mercado de Abastos Zona Norte. - Foto: Alberto Rodrigo

La vocación es uno de los secretos para que un negocio familiar continúe con éxito durante muchos años. Natalia Barrios, quien actualmente se encuentra al frente de Pollerías Barrios, y su padre, Miguel Ángel Barrios, tienen muy claro que esa es la razón con más peso por la cual su empresa familiar sigue en pie tras cuatro generaciones.

Padre e hija tienen en común que ambos comenzaron a trabajar en la pollería durante los veranos de su juventud. Miguel Ángel, con 13 años ya ayudaba a sus padres, y con 19 años, recién acabado el servicio militar, asumió el negocio y comenzó la tercera generación de esta. Natalia trabajaba con su progenitor para poder ganar dinero mientras estudiaba. Una vez acabó la carrera universitaria, apasionada por el trabajo que ya conocía, dio inicio a la cuarta generación de la pollería. Comenzó en la administración de la empresa y pasó por todos los escalones, «en este negocio hay que empezar desde abajo», explica Miguel Ángel.

El traslado generacional ha sido un proceso fácil en el que la familia Barrios se ha puesto rápidamente de acuerdo, los relevos no les han supuesto grandes complicaciones, más allá de las administrativas, para las cuales han recurrido a profesionales que les han ayudado en la gestión de los traspasos. A pesar de que no han existido grandes problemas, se quejan de las pocas facilidades y de la inexistencia de ayudas que ofrecen las administraciones. 

«Es un trabajo duro y los empleados no quieren el relevo»
«Es un trabajo duro y los empleados no quieren el relevo» - Foto: Alberto Rodrigo

Trabajadores que llevan más de 25 años en el comercio familiar nunca han dado muestras de querer continuar con el negocio por la falta de facilidades. «Los empleados son reacios porque la vida de autónomo es muy difícil y no recibes ayuda alguna», comenta Miguel Ángel. «Además, si no existe vocación este trabajo no se podría aguantar», añade. Miguel Ángel también explica que, por suerte, las generaciones que llegan son jóvenes y tienen ganas de seguir con la empresa. Padre e hija se sienten muy orgullosos al continuar durante tantos años con la empresa familiar, a pesar de las largas y duras horas que se pasan en la pollería. «Hay mucho trabajo detrás que no se ve después de la hora del cierre», comenta Natalia.

Cada generación ha sido distinta y, por tanto, en cada una han existido diferentes complicaciones. Los inicios de la pollería fueron difíciles ya que estuvieron marcados por la posguerra. Fue la segunda generación quien tuvo que levantar el negocio. Durante la tercera generación cambiaron totalmente la forma de trabajo, por lo que tampoco fue nada sencillo, recuerda Miguel Ángel. Natalia, asegura que los momentos más difíciles los han vivido las generaciones pasadas y que a ella le han dejado un camino más llano y sin tantos obstáculos. 

 

UNA VIDA EN EL MERCADO

Miguel Ángel es uno de los más veteranos en el Mercado de Abastos y ha vivido los mejores y los peores momentos del lugar. Pollerías Barrios lleva 50 años y dos generaciones vendiendo en el Mercado a descendencias de familias enteras. Esa es una de las razones por la que su trabajo interno no ha cambiado y solo han adaptado su forma de venta a lo que el consumidor les demanda. «Antes los clientes querían el pollo casi vivo y entero y ahora lo quieren todo hecho. El producto está muy elaborado y el porcentaje de calidad es muy alto» explica Natalia Barrios. 

Miguel Ángel se queja de que los mercados no deberían caer en el olvido ya que son fundamentales para la ciudad y es donde se encuentran los mejores profesionales.