Un burgalés regala un sistema para potabilizar agua en Benín a una ONG

Angélica González / Burgos
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Los niños juegan con voluntarios el pasado verano. - Foto: Fundebe

Pedro José Barrero acudió a la Cumbre del Clima de París y contactó con la entidad Fundebe, que gestiona proyectos educativos y sanitarios en ese país que tan duramente sufre la sequía

No es la primera vez que el burgalés Pedro José Barrero pone su ingenio al servicio de la sociedad. Suyos son inventos -tiene un total de 17 patentes- como un sistema que facilita la comunicación con el exterior a las personas que se quedan encerradas en un ascensor, idea que le surgió tras producirse un hecho real en Burgos hace mucho tiempo en el que la víctima fue un guarda de seguridad. La comunicación en tiempo real con quien se queda atrapado se hace a través de un sensor de captación de averías que son remitidas a una unidad central con servicio de 24 horas y que ahora resulta de obligada implementación en todos los casos. También ha puesto en marcha una forma de comunicarse y localizar a personas que están realizando labores de emergencia; una jardinera con riego eléctrico o una tarjeta que sirve, a la vez, para uso bancario y sanitario.
Su última creación es un sistema para el aprovechamiento del agua pluvial que ha cedido gratuitamente a la organización no gubernamental Fundación para el Desarrollo de Benin (Fundebe), que en la actualidad está buscando los fondos para poder construirlo. El contacto de Barrero con  esta asociación se produjo en la reciente Cumbre del Clima de París, a la que acudió interesado por los asuntos del cambio climático. También ha conocido a otra entidad vinculada a la orden religiosa salesiana que se ha interesado por sus inventos.
«En Benin tienen serios problemas de agua porque solo llueve en dos épocas del año y en diciembre se sufre una importante sequía. Esto se debe al cambio climático, ya se ha dicho en muchas ocasiones que se está calentando la tierra debido a que los rayos infrarrojos del sol quieren salir pero no pueden  por la ‘boina’ de dióxido de carbono y de nitrógeno que se ha creado y que hace que se caliente la tierra. Los océanos se está calentando también y se crean aires de muchos grados que producen inundaciones y sequías», explica este experto.
El invento que va a ayudar a poder tener agua para el consumo humano en las épocas de ausencia de lluvias se va a ubicar en un centro educativo y sanitario que Fundebe tiene en la localidad de  Nikki, en la región norte del país. Consiste en el almacenamiento de la lluvia de las cubiertas y las bajantes de los edificios. Barrero ha preparado un presupuesto de 4 depósitos (tres de 50.000 litros y uno de 100.000) cuya construcción ronda los 15.000 euros.
«A esta ONG le suelen ayudar los Rotarios. Espero que lo consigan y a mí no me importaría ir allí para ayudarles a montar las instalaciones, que son muy sencillas», añade. El agua de la lluvia se filtra para evitar la suciedad y va a un depósito flexible que está preparado para que no se ensucie. En Nikki necesitarán una bomba para sacar agua del pozo, que estará alimentada por placas solares, en aras de la sostenibilidad: «En cada depósito habrá una placa con un kit que tiene una bomba y suministra el agua para riego o para consumo humano. Ya les he enviado los planos y los presupuestos y ya han visto que es muy fácil de montar».
 
Una vida más fácil.
Cuando se haga realidad el proyecto que generosamente les ha entregado el burgalés, la vida de las personas de Nikki va a ser mucho más fácil porque en la actualidad tienen que transportar el agua desde distancias bastante lejanas. Fundebe está ahora mismo  construyendo un colegio para estudiantes entre 6 y 17 años: «El objetivo del proyecto es la mejora de la educación en esta zona de Nikki, habitada por más de 100.000 personas. África tiene una necesidad general de reducir las fronteras de la ignorancia. Se estima que en África más de 50 millones de niños no van nunca a la escuela, y aquellos que lo hacen no suelen asistir por mucho tiempo», explican desde la Fundación.
También trabaja en la construcción y el equipamiento de un centro de salud, en el que ha echado una mano, económicamente hablando, el Rotary Club. Estas instalaciones son fundamentales ya que en la zona solo se cuenta con un hospital de 150 camas, con una ocupación del 110% y que no dispone de todas las especialidades necesarias; un centro de atención médica básica y otro de atención a niños desnutridos.
Cuando esté construido el sistema de potabilización de aguas pluviales del burgalés Pedro José Barrero, tanto la escuela como el centro de salud tendrán el agua suficiente y sana para desarrollar su actividad.