El día que la Policía necesitó un negociador

I. Elices
-

El secuestro de una empleada de Cajacírculo en la sede central puso de manifiesto la necesidad de un especialista en la Comisaría burgalesa. Dos policías recuerdan aquellos hechos

El día que la Policía necesitó un negociador

Series como La casa de papel han acercado la figura del negociador a los españoles pero hasta hace pocas fechas su especialidad parecía solo cosa de las fuerzas del orden norteamericanas, bien resaltada en múltiples pelis de Hollywood. La Comisaría de Burgos dispone de uno, Eloy Ladrón Palacios, y la necesidad de incorporar a un experto de esta naturaleza está íntimamente vinculada al caso del secuestro de una empleada en Cajacírculo, un suceso del que se cumplieron 10 años hace un mes.   
El propio Eloy Ladrón, inspector jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana en la actualidad, y Alfonso Rodríguez, inspector al mando del Grupo de Robos de la Policía Judicial, recuerdan aquella larga jornada, pues ambos fueron los primeros en llegar a la sede central de Cajacírculo en la Plaza de España. A las 11,15 horas del 1 de diciembre de 2009 saltó el aviso en Comisaría, que advertía del intento de atraco tras la entrada de un hombre armado con un cuchillo. Ambos policías cogieron un coche y se fueron para allá vestidos de paisano. Pronto se percataron de que José Ramón Torre, vecino de Medina de Pomar, no tenía intención de robar en la sede bancaria, pero sí llamar la atención para exigir la presencia del presidente del TSJ de Castilla y León, pues la Justicia amenazaba con embargarle varios bienes. Para ello tomó como rehén a una empleada a la que colocó un cuchillo en el cuello.
También se dieron cuenta de que el hombre «no tenía ninguna prisa, de que iba preparado para pasar allí varias horas, pues en el interior de su abrigo portaba pastillas, una radio, linterna, pilas y botellas de agua». «Aquello iba para largo, pensamos», comenta Alfonso, sobre todo después de que se llevara a la trabajadora a un ‘búnker’ acristalado que permitía a la Policía vigilar sus movimientos pero también ofrecía la posibilidad al individuo de controlar lo que sucedía fuera.
El día que la Policía necesitó un negociadorEl día que la Policía necesitó un negociador - Foto: Alberto Rodrigo No estaba claro que Madrid fuera a enviar negociadores, por lo que los policías de Burgos pusieron en marcha sus propias tácticas para minar la moral del secuestrador. Ordenaron a los responsables de mantenimiento de Cajacírculo que fueran subiendo la temperatura un grado cada diez minutos, con el fin de que «el calor le obligara a abrir la puerta de la estancia donde se hallaba junto a la víctima». En estas llegaron los integrantes del Grupo Especial de Operaciones, los GEO, cuyos mandos determinaron que la situación era «de alto riesgo, pues iba armado y llegar hasta la víctima para rescatarla era difícil».
De modo que la Comisaría General desplazó a un equipo especial de negociadores hasta la capital burgalesa, en concreto dos, quienes se impusieron como prioridad ganar tiempo hasta establecer la estrategia a seguir para dar término al secuestro. «El secuestrador estaba obsesionado con que tenía que hablar con el jefe de los jueces, que quería salir en el telediario», explica Eloy. De manera que hubo que decirle que el presidente del TSJ «estaba en camino, pero que tardaría 4 o 5 horas porque se hallaba en El Bierzo».
Finalmente, la Policía Nacional decidió que había que intervenir, en concreto con la Unidad Táctica de los GEO, la élite, dos de cuyos agentes debían acercarse lo suficiente al secuestrador como para tumbarle sin poner en peligro a la rehén. Para ello, el plan fue hacerse pasar por unos periodistas -los GEO no llaman la atención por su corpulencia, son fuertes y rápidos, eso sí- que entrevistarían al secuestrador para la televisión. Con una cámara uno y con un micrófono el otro -ambos ataviados con chalecos de CYLTV- entraron en la sede de la entidad.
El primer objetivo era proteger a la víctima, por lo que había que «hacer salir al hombre del búnker y que separara el cuchillo de su cuello». Cuando le convencieron de que querían entrevistarle y de que les preocupaba su situación, el hombre «se confió», momento que aprovecharon para abalanzarse sobre él y tirarle al suelo. Con ello acabó el rapto. José Ramón Torre acabó muriendo en la cárcel tras serle impuesta una medida de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario, al apreciar la Audiencia la eximente de alteración psíquica. La trabajadora declararía a Diario de Burgos al día siguiente -ahora ha rehusado participar en el reportaje- que el secuestrador no le quitó el cuchillo del cuello en 5 horas y que pensó que se moriría del susto, de un infarto.
Aquella intensa jornada puso de manifiesto que la Comisaría debía disponer de su propio negociador y el propio Eloy Ladrón completó los cursos sobre la especialidad y, aunque no ha tenido que intervenir muchas veces, sí ha sido precisa su presencia en casos de suicidio -como el del viaducto de la BU-11 de 2016, en el que un adolescente amenazó con arrojarse al vacío- o el de la niña maniatada 14 horas en una casa de Miranda en 2015.
Para intervenir en esas situaciones límite «es necesario disponer de conocimientos para no perder el vínculo emocional con suicidas o delincuentes; hay que cuidar mucho la forma de hablar, de preguntar, para ganarse su confianza y solventar el conflicto», sentencia Eloy.