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Más de 100 especies de aves habitan el Arlanzón en la ciudad

G. ARCE
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Entre las Rebolledas y Fuente del Prior, el río acoge a lo largo del año hasta 11.500 ejemplares. Es uno de los entornos naturales urbanos más importantes de España

Los voluntarios contabilizan las aves observadas en salidas que se realizan una vez al mes. El río se estudia por los tramos delimitados entre los puentes que lo cruzan a lo largo de la ciudad. - Foto: Luis López Araico

Entre 8.500 y 11.500 aves habitan o se pueden observar a lo largo del año el Arlanzón en su trazado urbano, desde el puente de las Rebolledas hasta el límite de la presa de la Fuente del Prior. De todos los tamaños, colores, fisonomías y comportamientos, se agrupan en un total de 119 especies diferentes, casi la mitad de las que pueblan el conjunto de la provincia de Burgos. Sumado el resto de la fauna y su riqueza forestal, el río de la ciudad se posiciona así como uno de los corredores naturales urbanos más importantes y modélicos de España.  

Así se constata en el último conteo de aves realizado por los voluntarios del Aula de Medio Ambiente, participantes en el programa 'Reconciliando personas y naturaleza', que impulsan las fundaciones La Caixa y Caja de Burgos. Este trabajo recién culminado, que cumple su cuarta edición anual, se realiza cada mes por grupos de hasta 15 voluntarios acompañados por un experto en ornitología. 

Los conteos se acometen en los tramos que delimitan los diferentes puentes del trazado urbano, incluyendo el cauce del río, sus orillas y un ancho de banda que incluye las riberas. Se  contabilizan manualmente los ejemplares de aves que se observan, posados o volando, así como su especie. El primer año que se realizaron estos trabajos, en 2017, se alcanzaron las 11.586 aves pertenecientes a 81 especies.

Esos números, explica Miguel Ángel Pinto, responsable del Aula de Medio Ambiente y coordinador de los trabajos, varían con los años dependiendo de las condiciones climatológicas de cada periodo, de las propias migraciones de las aves  y también por la aleatoriedad propia de las observaciones.

«Últimamente hemos notado una disminución en los números, aunque depende mucho de especies, siguiendo una tónica general que se observa en el conjunto del país por los efectos del cambio climático, la presión de la actividad agraria, entre otras amenazas». 

«Pero creo que lo más importante -señala Pinto- es que las cifras globales del Arlanzón se mantienen a lo largo de los años y en 2021 hemos llegado a contabilizar 106 especies, que llegan a las 119 en el contado histórico (desde 1978), lo que supone que se han observado en este entorno el 47% de las que se han localizado en toda la provincia de Burgos, lo que muestra la importancia de este corredor ecológico».

El ave más abundante en el Arlanzón es el ánade real o ánade azulón, del que se han llegado a contabilizar más de 3.000 ejemplares en 2017, aunque su número actual ha disminuido a casi la mitad. La segunda posición la ocupa la paloma torcaz, seguida de la paloma cimarrona (ambas muy comunes en todos los rincones de la ciudad), las golondrinas comunes, los gorriones comunes, la urraca, los mirlos, los vencejos, el mosquitero común, la grajilla (que está en declive), la paloma zurita, el chochín y la curruca capirotada.

Son especies que habitan, se alimentan o simplemente utilizan el trazado del Arlanzón como guía en sus rutas migratorias hacia África o el norte de Europa. Miguel Ángel Pinto aún recuerda el águila pescadora que observó a muy poca altura en el tramo de Fuentecillas, en abril de 2020, en pleno confinamiento.

Los meses de junio y julio, coincidiendo con los nacimientos, se llegan a observar cerca de 1.500 ejemplares. También son muy activos octubre y noviembre, con más de 1.200, coincidiendo con las migraciones de otoño. Por contra, agosto es el mes menos activo. «En cualquier mes del año se pueden observar hasta 45 especies diferentes durante un paseo».

Rarezas. El río ha cambiado con los años y lo seguirá haciendo. Ha perdido su meandros y ha quedado más canalizado y rectilíneo por las escolleras. «El martín pescador ya no nidifica porque no dispone de taludes de tierra ni meandros.

Tampoco crían los mirlos acuáticos,  que buscan aguas muy limpias, aunque el pasado 22 de diciembre observamos una pareja de adultos en la zona del Plantío, algo que no se había visto desde los años 90».

Son muy raros, pero se ven «a cuentagotas», los  mosquiteros bilistados, que crían en Siberia y atraviesan Europa durante los meses de noviembre a enero. 

Además de las garzas reales, la zancuda más grande que se ve en este entorno con frecuencia, acechando a los peces, en el río ha aparecido la garceta grande, de color blanco y que ha estado al borde de la extinción.

Por lo que respecta a los cormoranes, una especie que se ha asentado en la cuenca reciente y que despierta muchos recelos por tratarse de un gran consumidor de peces (truchas), su población sigue siendo abundante aunque se ha estabilizado, explica Pinto, principalmente, porque se está controlando su cría en Europa, «aunque nunca a base de tiros...», puntualiza. 

Amenazas. Miguel Ángel Pinto considera que el corredor del Arlanzón es un entorno relativamente cuidado, que ha ido evolucionando a raíz del plan de renaturalización que se impulsó en 1995 desde el Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León.

Las mayores amenazas vienen, principalmente, de las talas masivas de arbolado viejo, que en muchos casos es el refugio de las aves. «Convendría mantener los troncos (sin ramas) para refugios y si esto no es posible hacer refugios artificiales para las aves».

Las orillas inalteradas e inaccesibles para los peatones, donde la vegetación crece libremente sin intervención humana, es donde se localizan mayor número de aves. Así, las del Plantío (junto al parque de La Quinta) y las de la Isla y Fuentecillas son las más ricas en fauna avícola. «Allí se refugian aves, mamíferos y peces en las orillas más oscuras».

«Creemos muy importante que el ancho de la franja de siega se incremente en un metro o más para permitir que las orillas del río queden protegidas por la vegetación autóctona. Es tan sencillo, como dejar tranquila a la naturaleza, que haga su labor, y que las acciones de saneamiento sean muy medidas». Pinto cree que el río recibiría su «puntilla» si se hacen transitables todas sus orillas.

Es importante también, el control de los perros por las riberas durante las épocas de cría de las aves, de marzo a julio, así como la recogida de sus excrementos y de las bolsas donde se depositan.

Divulgación. Los datos del conteo anual se trasladan al Ayuntamiento, la Junta de Castilla y León y la Confederación Hidrográfica del Duero. Son un paso más en una labor de divulgación de este entorno natural que Pinto considera aún «escasa». «Es importante que la ciudadanía comprenda que hay zonas de la ciudad que tienen que permanecer salvajes y aparentemente feas de aspecto. En Burgos falta una sensibilidad que ya existe en muchas capitales europeas, donde los árboles viejos se pudren en los jardines y las zarzas prosperan en algunos lugares».

«Que la vegetación siga su curso no es dejadez como creen muchos vecinos, hay que dejar espacios donde pueda vivir la fauna».