Bares de pinchos temen perder la mitad de la facturación

B.G.R.
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La patronal del ocio nocturno augura que parte de los negocios bajará la persiana temporalmente

El consumo en barra o de pie en el interior de los establecimientos tan solo ha estado permitido un mes. - Foto: Valdivielso

Entre la resignación y la sorpresa cerraron ayer los hosteleros las barras de sus establecimientos. En unos casos, con la confianza de que la medida comunicada por la Junta la noche del pasado lunes, junto con el recorte del horario de cierre a la una y media de la madrugada, esté en vigor el periodo inicialmente anunciado (14 días), y en otros pesando el desánimo de que se extenderá más en el tiempo, sin dejar de mostrar su temor a nuevas restricciones que supongan seguir dando pasos atrás en un sector especialmente afectado por las consecuencias de la crisis sanitaria.

La clausura del consumo en barra y de pie afecta sobre todo a aquellos negocios basados en este tipo servicio que cuentan con una amplia oferta de pinchos pero que carecen de terraza. Es el caso del Mesón Los Herreros, en la calle del San Lorenzo. Su responsable, Óscar Molledo, calcula que la decisión del Gobierno regional puede suponer una caída de hasta el 50% en la facturación. «Puedo colocar solo seis mesas dentro y el número de clientes se reduce mucho, además de que resulta más difícil que la gente pueda ver todas las tapas que hay en el mostrador», señalaba, expresando su inquietud por que la nueva norma se prolongue. «Se nos está haciendo durísimo», lamentaba, no sin antes reconocer que se temía lo que iba a ocurrir debido al alza de la incidencia de contagios.

En la misma calle, José Pérez, de Casa Pancho, cifraba en un 40% el «peso» de la barra en sus cuentas, al tiempo que criticaba que la decisiones se haya tomado «sin avisar ni tiempo para reaccionar». No se esperaba este «paso atrás» y aseguraba que, tras un cierto recelo los primeros días de reapertura, ha «trabajado bien» durante este escaso tiempo. Confiaba en que la medida se revierta pronto y censuraba que todas las restricciones que se toman vayan dirigidas a la hostelería como «si fuéramos culpables de todos los desastres cuando cumplimos con las normas».

A pocos metros de este establecimiento, Jorge Díez, de La Comidilla de San Lorenzo, asumía con resignación las limitaciones debido a la situación sanitaria, si bien admitía que lo importante para un negocio es poder tener «estabilidad», sin «cambios que hagan que un día el bar esté lleno y al siguiente vacío (...)»

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