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«La gente de los pueblos nos sentimos olvidados»

R. PÉREZ BARREDO
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En apenas tres décadas, las conocidas como 'once villas de Muñó' han perdido casi la mitad de su población, que ahora ronda el medio millar de vecinos

Antonia y su perra Loli, en Quintanilla Somuñó, pedanía de Estépar. - Foto: Patricia

Antonia Mínguez y Jesús Olivares han tenido suerte: han coincidido en la misma calle y se han detenido a pegar un rato la hebra. Es una excepción, señala Jesús, que constituye una metáfora que por desgracia se repite cada vez más a menudo en tantos y tantos pueblos de la extensa geografía burgalesa: «Pueden pasar días sin que te cruces a ningún vecino por la calle.Estamos muy solos», señala. Ambos son vecinos de Quintanilla Somuñó, que pertenece al municipio de Estépar. Al margen de ellos, no se ve un alma más por las calles, barridas por el silencio pese a que es media mañana y luce, espléndido, el sol. Los dos vecinos recuerdan tiempos mejores, cuando en Quintanilla Somuñó, que es el pueblo en el que tantos veranos pasó el literato José Zorrilla (Nicomedes, la madre del poeta romántico, era natural de esta villa ubicada en la falda del alcor conocido como La Muela) había mucha más vida. Hoy son apenas medio centenar de vecinos. Hace no tanto eran cerca de doscientos.

Antonia, que ha sacado a pasear a su perra Loli, tiene muy claro que la despoblación no tiene freno. Y señala a los políticos como principales culpables. A esta mujer de 77 años le solivianta especialmente la nula atención sanitaria. «En los pueblos nos sentimos olvidados. Y lo peor de todo es que esto no tiene arreglo». Dan gracias de que todavía llegan al pueblo el frutero, el panadero y el carnicero; que Estépar, la capital del municipio, está cerca; y que Burgos también para lo grande que es la provincia. Pero insiste en que el olvido es permanente desde hace mucho tiempo.

Difícil supervivencia. El discurso de Jesús, de 71 años, es también catastrofista: «En unos veinte años no quedará nadie viviendo aquí. La gente mayor se muere, no nace nadie, y apenas hay juventud. Así es imposible que los pueblos sobrevivan», apostilla.  No sólo esgrimen agravios que la escasa atención sanitaria. Aseguran que el entorno de su pueblo lleva mucho tiempo convertido en una suerte de vertedero al que llevan desperdicios procedentes de una factoría cárnica. «Hay días, cuando se levanta el viento, en el que llega hasta aquí el olor. Es insoportable. Lo hemos denunciado pero sigue pasando. Ya le digo que estamos olvidados. Nadie nos hace ningún caso.No se olvide usted de ponerlo en el periódico porque estamos muy enfadados.A ver si de una vez por todas alguien nos escucha y nos hace un poco de caso», concluye Antonia acariciando con mimo a su perra Loli.

Jesús tiene una visión catastrofista del futuro del mundo rural.
Jesús tiene una visión catastrofista del futuro del mundo rural. - Foto: Patricia