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El año de las enfermeras

A.G.
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En mayo de 2019 la Organización Mundial de la Salud declaró que este sería el Año Internacional de la Enfermera y la Matrona. Y lo está siendo pero no desde el reconocimiento simbólico sino desde la primera línea de trabajo

Cristina Santamaría, enfermera de un quirófano que se transformó en UCI durante los peores momentos de la pandemia. - Foto: Alberto Rodrigo

Cuando el pasado mes de mayo de 2019 la Organización Mundial de la Salud declaraba que 2020 iba a ser el Año Internacional de la Enfermera y la Matrona poco sospechaba que realmente este sí que iba a ser su año, pero no por reivindicarse en actos simbólicos y académicos sino por hacerlo trabajando en primera línea en la peor pandemia que ha conocido el mundo desde 1918.

Este colectivo profesional, que ha tenido que aparcar las celebraciones para otro momento, ha sabido estar al pie del cañón. En Burgos, la presidenta del Colegio de Enfermería, Esther Reyes, reconocía en este mismo periódico que el trabajo que estaban haciendo en todos los lugares estaba siendo impecable (en esta imagen aparecen enfermeras de hospital e investigadoras, pero también se han enfrentado a la covid-19 en otros ámbitos como atención primaria o las empresas) y que todas ellas estaban dando "el doscientos por cien".

Terminaron agotadas tras la dura situación que vivieron en primavera y ahora están alerta viendo la evolución de los contagios. De lo que no se cansan es de advertir a la población sobre los riesgos que se corren si no se respetan las medidas higiénicas, el uso de mascarillas, la distancia interpersonal y el lavado de manos. Estas profesionales, a las que algo les toca el premio Príncipe de Asturias a la Concordia que se ha concedido a los sanitarios de la primera línea contra la covid-19, han agradecido todos los actos de homenaje pero piden que se ponga el foco en la responsabilidad y que detrás de los aplausos llegue la consideración y el respeto por la profesión.

Cristina Santamaría. Enfermera de quirófano convertido en UCI: "Nunca lloré delante de mis hijas. Las compañeras han sido mi pañuelo de lágrimas"

Cristina Santamaría no es ninguna novata pero muchos días, durante los peores momentos de la pandemia, lloró. De cansancio, de impotencia, de miedo, de incertidumbre. Ella, al igual que sus compañeras, vio cómo en apenas unos días el quirófano en el que siempre había trabajado se convirtió en una UCI y ella, en una enfermera de cuidados críticos cuando su especialidad es la quirúrgica. Pero las cosas vienen como vienen y allí estuvo arrimando el hombro y manteniendo el tipo: "Muchas veces al salir del trabajo me echaba a llorar, nunca lo hice delante de mis hijas, y sí con mis compañeras, unas hemos sido el pañuelo de lágrimas de las otras".

Y es que "de la noche a la mañana" siete de los ocho quirófanos del bloque C del HUBU se transformaron en unidades de cuidados intensivos a las que empezaron a llegar pacientes con covid-19 en muy mal estado: "A ver, no somos novatas, tenemos mucha experiencia y manejamos respiradores, pero el paciente crítico no es al que estamos habituadas, por lo que nos tocó estudiar mucho". Así que el tiempo se le pasaba entre jornadas agotadoras en el hospital y mucho tiempo de estudio en casa, viendo tutoriales, protocolos, aprendiendo de compañeras de otros hospitales, buscando bibliografía... "Nos adaptamos a toda velocidad porque queríamos que las personas tuvieran todos los cuidados que se merecían y del mejor nivel, pero también te agobiaba un poco el no poder estar a la altura porque querías todo lo mejor, no hacer bien las cosas, hacerlas superbién".

Esta tensión más la provocada por el miedo a contagiarse y contagiar en casa a su familia -"mandé a mi marido a otra habitación durante los peores momentos, a ver qué hacíamos con las niñas si nos poníamos los dos malos"- hacían que solo se permitiera respirar un poco tranquila cuando salía del hospital, se quitaba toda la ropa, la metía en la lavadora y se duchaba: "Cuando terminaba la jornada estaba tan agotada que enseguida me dormía".

La experiencia, no obstante, ha sido muy enriquecedora y recuerda también cosas muy bonitas. Por ejemplo, a Chema, un paciente al que ayudaron a formar palabras con un alfabeto improvisado mientras salía de la sedación: "Fue muy emocionante ver que se ponía bien después de haber estado muy enfermo por eso pido a la gente que no descuide las medidas de precaución: si esto estalla otra vez de la misma manera nos va a pillar agotadas".

Isabel Carrasco. Enfermera de Medicina Interna: "La covid-19 produce mucha clínica. Hemos aprendido mucho sobre la marcha"

En sus veinte años de trabajo Isabel Carrasco nunca había visto nada igual. Este veterana enfermera del servicio de Medicina Interna fue testigo de cómo se llenaban plantas de pacientes con covid-19 a una velocidad de vértigo: "Unos llegaban muy malitos, otros iban empeorando conforme pasaba el tiempo y nos preguntábamos qué estaba pasando. Los inicios fueron muy duros pero no puedes trabajar con miedo", dice. Así que ella, al igual que sus compañeras, se iban dando ánimos con el objetivo de no romperse en las largas y agotadoras jornadas de trabajo.

Carrasco decidió marcharse de su casa, en la que vive con personas mayores de riesgo, para no ponerlas en peligro. Esta situación fue un elemento más de agobio que ella aliviaba con su supervisora: "Para mí ha sido de una gran ayuda y además ha peleado mucho para que tuviéramos todo el material necesario".

Desde el cierto alivio que da haber pasado las épocas más críticas en las que se turnaban entre compañeras para ponerse el epi -"que nos hacía sentir un efecto invernadero"- pide a los burgaleses que sean prudentes: "Todos tenemos ganas de estar con los amigos y volver a la vida de antes pero hay que tener en cuenta que el virus no ha desaparecido y que aún no hay ni tratamiento ni vacuna. Por favor, que la gente respete las normas de distancia e higiene".

La covid-19 ha sido para Isabel todo un reto profesional: "Se trata de una enfermedad que produce mucha clínica, mucha sintomatología. La labor de Enfermería era igual que la que hacemos con todos pero fijándonos en la función respiratoria. Los pacientes tenían una saturación muy elevada pero no disnea, una trampa de la enfermedad. Te decían que respiraban bien pero la gasometría no cuadraba. Hemos aprendido mucho sobre la marcha."

Azucena Santillán. Enfermera investigadora: "Al principio hubo mucha desinformación sobre la enfermedad"

La labor de las enfermeras es poliédrica. No solo se ocupan de la asistencia sino que también están preparadas para la gestión, la docencia y la investigación. Este último caso es el de Azucena Santillán, referente en la Enfermería basada en la evidencia (tiene un blog visitadísimo con este mismo nombre), editora asociada de la revista de salud pública Gaceta Sanitaria y asesora científica del Congreso, que se ha pasado la pandemia estudiando y actualizando información útil para las que estaban en primera fila.

"Al principio hubo mucha desinformación y se daban por buenos estudios que no habían pasado todas las fases necesarias", explica esta experta, de cuya mano el HUBU se implicó en un trabajo internacional sobre recopilación de evidencia sobre el coronavirus. También en este tiempo ha participado en un trabajo sobre impacto emocional en población general y en enfermeras y ha publicado tres artículos en publicaciones científicas de alto impacto: Living evidence for SARS-CoV-2, en la revista Medicina Intensiva; Evidencia viva como respuesta a las controversias en el uso de antimaláricos en COVID-19, en la Revista Española de Cardiología, y Nurses as political knowledge brokers, en International Journal of Nursing Studies.