El control de los embalses permite aminorar los efectos de la riada

G.A.T. / Miranda
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Pocas calles. El agua llegó únicamente a las zonas de tránsito más próximas al cauce al cumplirse la previsión y quedar el nivel alrededor de los 5 metros

La expectación era máxima en las zonas cercanas al río, donde el agua llegó alcanzar calles como Bilbao y Álava. - Foto: Ruth Laguna

Van tres en menos de un mes, y los mirandeses vivieron ayer la tercera crecida extraordinaria del Ebro entre el temor a que se repitiera lo vivido a finales de enero y la expectación por ver el siempre impresionante espectáculo que supone contemplar un río bajando con una fuerza hasta ocho veces superior. Pero afortunadamente las últimas horas de la jornada fueron más tranquilas, y el agua, que si bien anegó algunas calles cercanas a la ribera, apenas afecta a portales, lonjas, comercio y garajes.
La razón no es única, pero a la menor intensidad de la avenida con respecto a la del último día de enero y a una tregua en las precipitaciones que entonces no hubo, se suma un gestión que parece más acertada de la crecida, en especial en lo que se refiere a las sueltas controladas de agua de los embalses que hay en la cabecera y que inciden de forma directa en lo que en la ciudad ocurre.
Con ello el río se salió, sí, pero en las zonas previstas y -muy importante- a las que se había avisado con tiempo. Fue el caso de la zona de la calle Bilbao más próxima al puente del ferrocarril, algo en Los Pinos y también en La Arboleda. Mientras, en el El Lago, el Zadorra rozaba el muro de contención de los chalés, y llegó a alguno de los garajes.
Algunas filtraciones en sótanos y garajes, daños en el ya muy deteriorado mobiliario urbanos de los paseos de la riberas y poco más fueron afortunadamente los efectos directos del río, que al igual que el Zadorra y el Bayas, mantuvieron un comportamiento bastante ajustado a las previsiones que la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) apuntó por la mañana y de las que dio traslado permanente al Ayuntamiento, responsable de Protección Civil en la ciudad.
El agua llegó a rozar los 5 metros, algo por debajo de la previsión anunciada a mediodía, y aunque con algún repunte esta madrugada, la tendencia hoy es a bajar. A ello contribuyó, aseguraron tanto desde la CHE como desde el Ayuntamiento la laminación de la avenida lograda con la gestión de los embalses hecha ayer mismo y en días pasados. “En Miranda, con 750 metros cúbicos por segundo ya es una avenida extraordinaria y causa afecciones”, explicó el presidente de la CHE, Xavier de Pedro, al tiempo que manifestaba cómo Sobrón, “aunque tiene un resguardo pequeño ayuda a tratar de reducir la avenida en 40 metros cúbicos pos segundo , algo que es importante de cara a evitar daños”.
De esta manera desde la CHE se apuntaba a que esta gestión hecha para este episodio en concreto de los embalses del Ebro, Sobrón y Ullibarri ha permitido reducir “en torno a un 20 o un 25%” el nivel de la avenida extraordinaria, ya que si no se hubieran hecho estas maniobra el agua podría haber llegado en la ciudad a los 6 metros o más.
En esta línea el alcalde, Fernando Campo, explicaba que esta vez la gestión «se está haciendo de forma correcta, es decir, lo que no se hizo la otra vez, que es controlar más Sobrón y Ullibarri. La experiencia ha servido para que trabajen mejor en la CHE», expuso.