El doble de muertos por COVID-19 en las residencias urbanas

Angélica González
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Epidemiología creó en marzo un registro para analizar el brote en geriátricos y centros de discapacidad, que a fecha 1 de junio ha computado 432 fallecimientos por todas las causas

Entrada a la residencia de San Agustín, que gestiona la Diputación Provincial. - Foto: Alberto Rodrigo

Las residencias de ancianos se han visto en el ojo del huracán de la crisis sanitaria de la covid-19 desde el principio de la pandemia. Las elevadas cifras de personas enfermas y fallecidas por esta causa que vivían en geriátricos hicieron que se tomaran algunas medidas concretas para estos centros por parte de los responsables sanitarios. Así, la Consejería de Sanidad creó los denominados equipos Covid-Residencias con el objetivo de que desde Atención Primaria se ayudara a gestionar la atención a la enfermedad, como así se hizo, reforzando la atención médica y de Enfermería. Además, para conocer qué estaba ocurriendo, el servicio de Epidemiología del servicio territorial de Sanidad comenzó, también desde el principio, a monitorizar a cerca de 12.000 personas de 109 centros (45 residencias de ancianos urbanas y 47 rurales y el resto, centros de discapacidad) para estudiar los brotes y adoptar medidas de control tanto en los geriátricos como en los centros que cuidan a personas con discapacidad.

Una de las primeras conclusiones del análisis de todos los datos obtenidos es que la mortalidad en las residencias ubicadas en los entornos urbanos ha sido 2,5 veces mayor de las que están en los entornos rurales. José Luis Yáñez, epidemiólogo, jefe del servicio y responsable del registro al que ha denominado Vintage, cree que hablar de las causas de esta gran diferencia «es muy atrevido» y que es mejor referirse a factores de riesgo, y en este sentido apunta alguna reflexión: «Son muchos los factores que pueden haber influido en esa mayor protección en las residencias rurales, algo bueno tenía que tener la España vaciada, como la menor tasa de contacto que en las urbanas y un menor tamaño. Nos podemos preguntar por qué murió tanta gente y seguramente son muchas las razones: envejecimiento de la población, personas de gran vulnerabilidad en ellas; tasas de contacto elevadas, diferentes tamaños y dotaciones de personal, problemas de sostenibilidad en el sistema sanitario alejado en ocasiones del socio-sanitario, etc».

A fecha 1 de junio el Vintage estaba monitorizando un total de 6.964 residentes y 4.686 trabajadores y ha computado 432 fallecimientos en estos centros: tanto confirmados por PCR y sospechosos, como por otras causas o asintomáticos que asimismo pudieran o no estar infectados de coronavirus. En el registro figuran, además, otros datos como 481 personas con PCR positiva, 1.033 sintomáticas y 273 hospitalizadas.

Estos datos difieren de los que periódicamente viene colgando la Junta en su página web. Allí se habla de 6.324 residentes y 551 fallecimientos. «El número total de fallecidos es de 432 en residencias, más 213 que han fallecido en hospital (menos los de residencias que hubiesen muerto en el hospital). Otros fallecidos reales serían los que hubiesen muerto en sus domicilios. Por eso es difícil calcular los fallecidos totales. Pero si ninguno de residencias hubiese muerto en hospital, pues es muy difícil saberlo, únicamente por los datos del certificado del registro de defunción se podría saber, serían ya 645 fallecidos», explicó Yáñez.

«No buscar culpables». El objetivo de estudiar los brotes epidemiológicos, según indica este experto, es ofrecer «racionalidad al riesgo»: «Cuando los riegos son involuntarios se genera alarma social y los brotes no se estudian para buscar culpables sino para conocer las causas y las características epidemiológicas y sus factores determinantes como son las condiciones de vida. De lo que trata Vintage es de generar confianza en la población. Y al final es preciso elevar un informe, que puede tener implicaciones administrativas y legales, a la Consejería para prevenir estas situaciones y divulgar este conocimiento». En este sentido, indicó también que el registro es importante para la investigación, tal es así que se ha solicitado al Fondo de Investigación en Salud (FIS) del Instituto Carlos III varios proyectos en los que será una herramienta fundamental.

El médico insiste en que el mensaje fundamental a transmitir en este momento «con todas las incertidumbres y cautelas», es que se ha pasado la primera onda pandémica, que sigue la transmisión del coronavirus y que tan sólo una pequeña parte de la población ha sido afectada. Burgos, con un 5,4% - y puede que un 3% de ellos sin síntomas-, es la provincia de Castilla y León con menor prevalencia: «Ahora lo que nos toca es garantizar y preparar la capacidad asistencial,  destacar el protagonismo de la vigilancia epidemiológica en el seguimiento de la pandemia, identificar fuentes de infección, y apelar a la responsabilidad individual para aplicar la higiene, la distancia física -que no social- y el uso de materiales protectores, pues si no lo hacemos pueden enfermar otras personas».

Finalmente cree que la provincia de Burgos no se colapsó porque desde la  sección de Epidemiología que dirige «se estimó el riesgo de colapso y se pudieron prever las necesidades, aunque el sistema haya sufrido gran tensión durante mucho tiempo»: «En Burgos han concurrido dos singularidades: la primera es que somos la sección de Epidemiología que mejor está dotada de personal con tres especialistas en Medicina Preventiva y Salud Pública, tres técnicos de enfermería y dos administrativos. La otra  es que fue la primera provincia que se enfrentó al estudio de casos confirmados».