Castrojeriz y el ajo, un matrimonio fiel

F.L.D.
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La localidad celebra el día grande de la 40 edición de la fiesta de exaltación de este producto

Castrojeriz y el ajo, un matrimonio fiel - Foto: Jesús J. Matías

La única prueba objetiva de la fidelidad es el amor que se mantiene intacto a lo largo de los años. Castrojeriz y el ajo no se entienden el uno sin el otro y cumplir 40 veranos seguidos celebrando su inquebrantable relación es la muestra más absoluta de un matrimonio perfecto. Ayer se celebró el día grande y por allí pasaron miles de personas para hacerse con alguna de las majestuosas ristras que presidían los mostradores. Los vecinos se entremezclaban con los visitantes y los peregrinos, muchos extranjeros que se veían sorprendidos por el ambiente festivo. Las expectativas de la organización, a tenor de lo visto en otras ediciones, era la de colgar el cartel de fin de existencias. 

El tiempo acompañaba y el gentío era notable, más aún a medida que se acercaba la hora del pregón, uno de los actos más emotivos de la 40 edición de la Fiesta de Exaltación del ajo. Fue el cronista oficial de la provincia y vicerrector de Cultura de la Universidad de Burgos, René Payo, el encargado de inaugurar con palabras un evento del que, remarcó, guarda una relación especial, casi tan intensa como la que guarda el pueblo con el ajo. En su discurso tiró de emotividad para recordar a los que ya no están y también, como no podía ser de otra forma, de historia para hablar de esa relación entre el cuidado manjar con el municipio. 

Puede que lo más espectacular fuera el concurso ristras, compuesta cada una de 30 ajos. Conformarla lleva unos 20 minutos, aunque los expertos dicen que no importa si se tarda un poco más, pues lo importante, como recuerda Lorenzo, un productor de Citores del Páramo, no es la cantidad, sino la calidad y la buena presentación. Como dice el refrán, las cosas bien hechas, bien hechas están. 

Lo mismo le ocurren a las sopas de ajo, las cuáles, relataba Tere Ladrón, de la peña Virgen del Manzano, aparte del protagonista, para completar la receta de este preciado manjar es necesario el pan, pimienta negra molida, pimentón (dulce y picante), aceite, huevos batidos y un secreto que guarda a buen recaudo. «No te lo digo por todo el oro», aseguró. Todo cocido durante cinco horas para hacer de su degustación lo mejor de una fiesta que enfila las Bodas de Oro.