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Las fábricas del futuro

Carlos Cuesta (SPC)
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La Industria 4.0 ha permitido incrementar la productividad tradicional en un 25%, ha sido capaz de poner en el mercado productos que no existían y crear nuevos hábitos de consumo

Las fábricas del futuro

El objetivo número uno de cualquier empresa es liderar la competitividad frente a sus adversarios, aprovechar todas las oportunidades y los elementos que considere necesarios para estar a la cabeza de un mercado globalizado que se mueve con un dinamismo frenético que persigue la mayor rentabilidad y eficiencia posible.

La Industria 4.0 es un concepto nuevo frente a una visión clásica que consideraba que había hueco para todos. La exigencia de los mercados actuales es máxima si se quiere estar entre los estándares más altos de calidad y, en este sentido, hay que añadir factores que, hasta hace muy poco, no se tenían demasiado en cuenta como es la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente y que hoy son fundamentales.

El tejido productivo ha desarrollado una estrategia que conjuga elementos socioeconómicos con una  imparable innovación tecnológica y un entorno industrial cada vez más conectado y sostenible que da sentido a lo que los economistas han empezado ya a denominar «la fábrica del futuro». Un concepto que, por ejemplo, en potencias como EEUU, China, Japón, Corea del Sur o Alemania lo trasladan a los estándares industriales más altos.

La idea central de este fenómeno es que se trata de una fórmula que supone un modo de producir revolucionario basado en las técnicas más vanguardistas y avanzadas. El gran reto es ser el número uno, el referente de un producto, con la idea de que si no eres el mejor no sobrevivirás en este ámbito extremadamente competitivo.

Carrera a contrarreloj

La nueva tecnología es una carrera a contrarreloj que impone las normas del nuevo escenario. Las fábricas del futuro han sido capaces de incorporar en sus procesos productivos los avances más desarrollados en automatización y la mejora de la productividad. De ahí, el camino vertiginoso que han experimentado los formatos basados en la inteligencia artificial, el 5G y el internet de las cosas que son la referencia de la nueva metodología.

Asimismo, se ha producido un desarrollo sin precedentes en materias como la robotización, la sensorización, la digitalización, el big data o, por ejemplo, el Machine Learning en el que las máquinas son cada vez más autónomas y eficientes.

En este sentido, también ha habido un gran cambio en la contratación de estas compañías que demandan personal altamente cualificado, capaz de gestionar y sacar el máximo provecho de una tecnología que no está al alcance de todos. 

Muchos expertos ponen como modelo a China, el país que más ha copiado de las economías más avanzadas pero que, sin embargo, lleva más de una década siendo la potencia que más invierte en innovación y está desarrollando tecnologías al máximo nivel como ocurre, por ejemplo, con los sistemas de comunicación 5G donde es el líder mundial indiscutible dejando a EEUU fuera de su alcance.

La Industria 4.0 va seguida de un gran desarrollo y transformación de productos, cambios revolucionarios, mejoras e innovaciones constantes que han permitido incrementar la productividad de las empresas un 25% y, lo que es más impactante, han sido capaces de poner en el mercado productos que no existían, creando nuevos hábitos de consumo.

Una base esencial de las fábricas del futuro es la filosofía de funcionar que tienen con energías autosostenibles y materiales que favorezcen la no generación de residuos, el coste cero para el medio ambiente y potenciar la economía circular.

En definitiva, ha llegado un nuevo modelo que cambia el proceso productivo. Desde la forma organizativa, el comportamiento de la clase directiva, nuevos valores y fórmulas de producción  eficientes que solo las mejores empresas pueden incorporar en sus estructuras.