La huelga de Michelín de 1976

Máximo López Vilaboa
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Se cumplen 40 años de los parones realizados por la plantilla de la capital ribereña. Su unión tuvo repercusión internacional y fueron apoyados por los empleados de la factoría en París

Imágenes de las asambleas celebradas en Aranda en 1976 publicadas en la Revista ‘Expres Español’, editada en Frankfurt en julio de dicho año. - Foto: Archivo de Máximo López

Se cumplen 40 años de la histórica huelga que paralizó durante tres meses la mayor fábrica de la Ribera y que supuso uno de los momentos decisivos de la Transición en Aranda. Acababa de morir Franco pero el gobierno, presidido por Arias Navarro, no acababa de dar el giro democrático que se materializaría después bajo la batuta de Adolfo Suárez.

La fábrica de neumáticos de Michelin había entrado en funcionamiento en Aranda de Duero en 1970. En mayo de 1975 cambiaron sustancialmente las condiciones laborales por la aplicación del nuevo convenio de industrias químicas, autorizando a trabajar hasta 48 horas semanales. En julio de 1975, con el sistema del sindicalismo vertical franquista, se celebran votaciones para escoger representantes de los trabajadores, resultando elegidos algunos de los que luego impulsarían los sindicatos libres. El 2 de febrero de 1976 la Michelin de Valladolid se declara en huelga, cuando todavía no estaba legalizada esta forma de protesta.

La empresa responde con 16 despidos. Ante esto se solidarizan inmediatamente los compañeros arandinos reivindicando lo siguiente: Readmisión de los despedidos de Valladolid y plenas garantías ante posibles sanciones de los trabajadores arandinos, reducción de jornada máxima a 45 horas semanales y 42 para el turno de noche, 22.000 pesetas como salario mínimo, formación de un Jurado Central para las cuatro fábricas de Michelin de España y Convenio único para estas cuatro factorías.

El 5 de febrero, tras una asamblea en la que participaron alrededor de 600 obreros, se decidió comenzar una huelga indefinida. A las 6 de la mañana del 6 de febrero comenzaba el paro laboral. Cuando salía el turno de noche y con los que hubiera correspondido entrar de mañana, se iniciaba la reunión de lo que se denominó ‘Calle cubierta’. A las 8 de la mañana se sumaron los del turno normal y a las 2 de la tarde el equipo restante. De esta forma, los 1500 trabajadores que integraban casi la totalidad del personal, estuvieron en asamblea permanente hasta las 10 de la noche, momento en que salieron en espontánea manifestación hasta el centro de Aranda.

Allí se fueron sumando muchas más personas, dado que era sábado. La guardia civil se personó en la manifestación no autorizada, sin tener que actuar dado que todo se desarrolló de forma pacífica. Una manifestación de esas características suponía un acontecimiento absolutamente inédito, apenas dos meses después de la muerte de Franco. Durante todo el mes de febrero y casi todo marzo se celebran diariamente multitudinarias asambleas dentro de la recién inaugurada iglesia de Santa Catalina. Las reuniones en el interior del templo parroquial cuentan con la complicidad del párroco, Felipe Ontoso, que tendrá que hacer frente a las presiones de algunos de sus superiores diocesanos.

Estas Asambleas se realizan en ese lugar, aparte de por la amplitud y la disponibilidad de megafonía, desde la convicción de que la policía no puede actuar en un recinto sagrado. No obstante unos días después, el 3 de marzo, se produjeron en Vitoria unos gravísimos sucesos que supusieron un escándalo internacional y un punto de fricción más entre el gobierno de Arias Navarro y una cada vez más distante Jerarquía eclesiástica, presidida por el aperturista Cardenal Tarancón. Aquel 3 de marzo de 1976 la policía disparaba para disolver una Asamblea de trabajadores reunida en la iglesia de San Francisco de Vitoria. Estos hechos se saldaron con cinco muertos y decenas de heridos.

En la fábrica de Aranda se constituye una comisión negociadora denominada GOMA (Grupo Obrero Michelin Aranda), muchos de sus componentes son jurados de empresa. El 16 de febrero, en solidaridad con Aranda y Valladolid, entra en huelga la fábrica de Michelin de Lasarte, Guipúzcoa. La situación se va haciendo cada vez más tensa y, tras casi un mes ininterrumpido de huelga, el 2 de marzo, son despedidos 11 trabajadores de Aranda y 12 cargos sindicales son expedientados. En Lasarte son despedidos otros 22. La propia situación política de España hace que los múltiples conflictos laborales de nuestro país tengan amplio eco en los medios de comunicación internacionales. El 9 de marzo comienza en París una reunión de trabajadores de Michelin de toda Europa, organizada por la Federación Internacional de Industrias Químicas. Participan sindicatos franceses, alemanes, belgas e italianos. Por parte española acuden representantes sin filiación sindical concreta, dada la situación de semiclandestinidad que todavía subsistía, y de UGT, USO y STV. Se acuerda que en Francia, además de realizar paros y colectas solidarias, se boicotee el envío de productos a las fábricas españolas.

En todos los países se fija que se haga un paro solidario con España el 20 de marzo y que no se hagan horas extra. Tras la decisiva reunión de París, el 12 de marzo tiene lugar un encuentro en Madrid de representantes de las fábricas de Valladolid, Aranda y Lasarte con el ministro de Relaciones Sindicales, Rodolfo Martín Villa. Desde el gobierno se insistirá en la condición de volver al trabajo para recuperar la normalidad.

Desde los trabajadores se manifiesta que la situación es discriminatoria respecto a otros conflictos laborales donde se ha readmitido a los despedidos y se han anulado las sanciones. Estas reuniones, al más alto nivel, no ayudan a calmar la situación. El 5 de abril todo el personal en huelga recibe notificación de la empresa de haber sido dados de baja en la Seguridad Social. Ese mismo día son detenidos 5 trabajadores acusados de participar en piquetes violentos y de amenazar a compañeros que han acudido a trabajar al cumplirse dos meses de huelga. Serán liberados el 15 de abril tras depositar cada uno la fianza de 25.000 pesetas, con dinero procedente de la caja de resistencia que se creó.

El 28 de abril el Ministerio propone un arbitraje, aceptado por ambas partes, que recae en el Delegado provincial de Asuntos Sociales. En la Magistratura de Trabajo se suspenden los juicios por despido a la espera del laudo arbitral. El 3 de mayo la empresa decide unilateralmente retirarse del procedimiento arbitral. Este hecho y estar a punto de cumplirse los tres meses de huelga, sin recibir salario alguno, provoca un desánimo generalizado que se reflejará en la asamblea de 4 de mayo, cuando todavía hay 950 trabajadores en huelga. Se vota y se decide dar por concluida la huelga. Según la revista ‘Expres Español’, editada en Frankfurt, el 5 de mayo algunos obreros entraban en la fábrica de Aranda diciendo: «Después de 90 días de huelga total y luchando cuanto hemos podido, la poderosa Michelin ha podido más. Pero que no cante victoria que las experiencias de esta lucha han sido muy valiosas para nosotros, y … ¡aún nos quedan ánimos para hacer otros 90 días!».