Los delitos en la ciudad cometidos al volante se reducen el 41% desde 2010

I.E. / Burgos
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Un policía local maneja el radar móvil en el interior de uno de los coches patrulla del Cuerpo. - Foto: Valdivielso

Los accidentes (en torno a 2.300 por ejercicio) se mantienen en los últimos años • Los detenidos por conducir ebrios bajan un 36%

Hasta que no haya que lamentar ninguna muerte en las carreteras la DGT «todavía tiene mucho que hacer», señala el jefe provincial de Tráfico de Burgos, Raúl Galán. Sin embargo, la drástica reducción de fallecidos por accidente de tráfico en las vías interurbanas  en las últimas décadas y la escasa variación de la cifra de muertos en los núcleos urbanos, obligan al Ministerio del Interior a poner el foco en las ciudades. De hecho, la Subdelegación de Gobierno está promoviendo acuerdos con varios ayuntamientos -con el de la capital ya lo ha hecho, igual que con Aranda y Miranda- a fin de ceder vehículos, etilómetros y radares que contribuyan a proporcionar una mayor seguridad a las poblaciones con gran tránsito de vehículos.
Las muertes en las carreteras burgalesas han descendido un 60% en la última década. En el año 2004 fallecieron 61 personas en accidente de tráfico -en vías convencionales, autovías y autopistas-, mientras que el pasado ejercicio tan solo perecieron 24. Esta tendencia a la baja no tiene su reflejo en la ciudad, donde el número de óbitos por siniestros de circulación no ha variado en los últimos diez años. En 2004 hubo que lamentar tres muertes, mientras el pasado ejercicio se produjeron cuatro.  La estadística de la ciudad se asemeja al dibujo de unos dientes de sierra. En 2006 y 2007 se registraron ocho fallecidos cada ejercicio por los dos de 2010, que  ha sido el mejor año en la última época.
¿Qué factores explican que en las carreteras disminuya el número de muertos y en las ciudades se mantenga? El propio Raúl Galán y el intendente jefe de la Policía Local, Fernando Sedano, están de acuerdo en que «las cifras en la capital son tan bajas que es muy difícil detectar ninguna evolución». En este sentido, hay que señalar que sí es cierto que en 2004 hubo solo 3 muertos, en los cuatro años sucesivos se contabilizaron siete (2005 y 2008) y ocho (2006 y 2007). En el último lustro -de 2009 a 2013- en ningún año hubo que lamentar más de cinco fallecimientos.
En las ciudades la convivencia de peatones y vehículos constituye «un elemento de riesgo» que aparece en mucha menor medida en las carreteras, autopistas y autovías. De hecho, la mayor parte de los fallecidos en la capital burgalesa son consecuencia de atropellos. De los cuatro muertos del año pasado, 3 perecieron tras ser arrollados por un vehículo. En 2012 hubo cinco y dos fueron por atropello y tres tras una colisión. Y a las tres víctimas mortales de 2011 se las llevaron por delante automóviles.
Ahora bien, el número total de atropellos (con víctimas y sin víctimas) sí que está bajando, según las estadísticas de la Policía Local. El año pasado se contabilizaron 98, por los 108 de 2012 o los 143 de 2011.

Lugares no habilitados

Además de centrarse en las cifras, también hay que hacerlo, advierte Sedano, en el «modo en que se producen los accidentes». Recuerda que dos de los fallecidos en atropello en 2013 no transitaban por un lugar habilitado. Uno de ellos se disponía a cruzar la calle Vitoria por un sitio en que no había paso de cebra y otro caminaba de madrugada por la mitad del vial que conecta el polígono de Villalonquéjar con la autovía de León. De ahí que en su opinión, y en la de Galán, sea «muy importante la educación». Dos de cada tres atropellos que se registran en la ciudad se producen en pasos de cebra, lo que demuestra que los conductores «tienen gran parte de responsabilidad en los accidentes, pero también los peatones».
De hecho, la Policía Local continúa con su programa de formar a conductores y viandantes en los pasos de más riesgo de la ciudad, una iniciativa que comenzó en 2012 y que sigue desarrollando el Cuerpo con frecuencia. Consiste en que dos agentes motorizados acuden a estos lugares y permanecen durante dos o tres horas controlando el paso de vehículos, parando a los conductores que no se detienen cuando hay alguien esperando y dando clases teóricas a los peatones sobre el mejor modo de cruzar.
Asimismo, la Policía Local ha incrementado el número de controles de velocidad en los últimos años. En 2013 el radar móvil denunció a 37 vehículos que circulaban a más de 50 kilómetros por hora por la ciudad, mientras que el ejercicio anterior fueron 25. El año pasado fueron controlados 22.000 coches, por los 12.000 de 2012, casi el doble. El cinemómetro móvil está siendo utilizado en las calles y avenidas que presentan más riesgo para el peatón, como son la avenida de Cantabria, la calle Vitoria, avenida de Castilla y León o la calle Caleruega.
En la ciudad, «las distracciones al volante tienen si cabe peores consecuencias que en las carreteras», señala Galán. En este sentido, subraya el peligro que entrañan los nuevos sistemas de comunicación a través del móvil -whatsapp, twitter, etc-. «Cada vez que suena la sintonía de que ha llegado un mensaje, muchos conductores consultan el teléfono, incluso contestan, lo cual contribuye a despistar aún más a quien está a los mandos de un coche», resume.
A la reducción de la siniestralidad en la carretera han contribuido factores como el endurecimiento del Código Penal, que convirtió en delitos lo que antes eran meras infracciones, la mayor cuantía de las multas o el carné por puntos. Sin embargo, en las vías urbanas -por esa presencia continua de los peatones- «hay que tomar otro tipo de medidas al margen de las coercitivas». Para reducir la velocidad de los coches cuando se aproximan a un paso de cebra, el Ayuntamiento ideó un plan para elevar 70 de esos pasos situados a lo largo y ancho de la ciudad, una cifra que se quedó en 24 por cuestiones presupuestarias, aunque no se sabe nada de él. La iluminación de las calles, la instalación de señales luminosas juegan también un papel fundamental en la pretensión de reducir los atropellos.