Cuando los clásicos susurran al oído

ALMUDENA SANZ
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El Gremio de Artistas Plásticos (GAP) mantiene el pulso creativo durante el estado de alarma con un proyecto que reinterpreta obras de autores de relumbrón y que comparte en sus redes sociales

Propuestas de Ismael Ali de Unzaga, Humberto Abad, Fran del Hoyo, Rafa Mediavilla, Beatriz Marcos y José Luis Ramos (de izquierda a derecha y de arriba a abajo).

No se han vuelto locos ni han infringido la ley para juntarse y hacer sesiones de güija, pero los miembros del Gremio de Artistas Plásticos (GAP) han convivido durante el confinamiento con los grandes del arte. Brujulear por la historia y rescatar una de sus obras para reinterpretarla es uno de los proyectos en los que se ha embarcado esta asociación para mantener el pulso creativo y presencia en la esfera pública, aunque sea a través de las redes sociales. El estado de alarma canceló la colectiva Creación / Destrucción que iban a inaugurar el 17 de abril en el Consulado (la posponen para el próximo año) y se resarcen con esta propuesta. El resultado se va colgando en su perfil de Facebook. 
La experiencia personal, los miedos y las sensaciones vividas por cada uno durante estos tiempos inciertos mandan. Luminosidad convertida en oscuridad, crítica ácida, melancolía, esperanza en el regreso a los buenos momentos y hasta una pizca de humor pasean por esta galería de clásicos deconstruidos. 
Dos temáticas universales sientan en sus caballetes Ismael Ali de Unzaga y Fran del Hoyo. Al retrato se rinde el primero en su serie Sonrientes. Sin abandonar su colorista paleta y su pincelada pop, recupera abrazos, risas y complicidades. «Es un homenaje a las cuadros/fotos de familia y de amigos, sin alejamiento, todos disfrutando. La de Carlos IV (Goya) y la de Felipe IV (Velázquez) no son más ‘reales’ que las nuestras». Mientras su colega juega con el desnudo y sus dobles sentidos en Des_nudo: «Esa cuerda trenzada, áspera que se desnuda y desanuda para seguir creyendo en la esperanza, que en estos tiempos se encuentra a dos metros de distancia». 
En el Goya más oscuro, el de las pinturas negras, pero sin serlo tanto, se hunde Beatriz Marcos, y aprecia en su creación «un carácter misterioso e inusual donde convive la vida y nos hace pensar». Y la Entrada a la gruta de Villa Medicis torna en cerámica Rakú con óxidos y pigmentos cuando a Velázquez mete en el horno José Luis Ramos, que halló refugio en la poesía cuando su madre estuvo en aislamiento preventivo por Covid-19. 
Humberto Abad, Elvira Mateos y Rafa Mediavilla. He ahí la terna crítica. El primero denuncia la parálisis provocada por la pandemia con el paso truncado de El caminante, escultura de Eguizábal en Vitoria, a la que, por si acaso, pone mascarilla: «A la vez, da una muestra de cariño a su conviviente, otra palabra que resurge en este periodo. Se unen aquí amor, prevención y estancamiento». La segunda trae al hoy de España el cuadro ¿Pero qué hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?, de Richard Hamilton, con la distancia social de los personajes, la mascarilla, la presencia de Fernando Simón y un ataúd, que arrastra para preguntarse: «¿Dónde están los muertos en esta crisis?». Y el tercero apuesta por pintura congelada (vistas de Roma, Praga y Estambul) para lamentarse de la libertad robada por el confinamiento: «Viajar es soñar: arte, búsqueda, conocimiento, en definitiva, vida y libertad». Pincelada (y palabra) de GAP.