Los muros que levantó la COVID-19

P.C.P.
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Una familia de Humienta denuncia a un vecino por aprovechar el confinamiento para tapiar las ventanas de su propiedad con ladrillos

Moisés Simón abre una de las ventanas que ha sido tapiada. - Foto: Valdivielso

La COVID-19 ha echado abajo algunos muros pero ha levantado muchos más, algunos de incomprensión y otros incomprensibles. Superado el pico de contagios, la gente empieza a rehacer sus vidas, a intentar mitigar tanto dolor, a retomar el pulso cotidiano. Y es entonces cuando algunos se topan con otras barreras, que no son las mascarillas, sino las de la condición humana, que no hay pandemia que cambie.

La familia Simón ansiaba, como muchas otras que han pasado semanas encerrados entre 4 paredes en la ciudad, el final del confinamiento para poder desplazarse a su casa de Humienta, a 16 kilómetros de Burgos por la carretera de Soria. Espacios abiertos y luz. Fue un lunes de emociones en casa hasta que acudieron a una propiedad cercana, usada como leñera,  y comprobaron que se había quedado anclada en lo más oscuro del confinamiento. Al principio, Moisés no acertaba a explicarse qué ocurría. «Si parece que no entra la claridad», se decía en voz alta, hasta que al acercarse a una ventana  comprobó que sus vistas habían cambiado y que ahora se limitaban a una pared de ladrillos.

Nadie más puede acceder a la finca que limita con el inmueble, donde el vecino tiene algunos animales y una construcción en precario con un tejadillo, para la que no consta que haya solicitado licencia de obra al Ayuntamiento de Revillarruz, del que depende esta pedanía. «Han aprovechado la cuarentena para hacer lo que han querido», se lamenta. Y no es la primera vez, puesto que el acceso un camino vecinal ha sido vallado por la misma persona, según confirman fuentes municipales.

La propiedad de la familia Simón, de dos plantas, junto al paso vallado.La propiedad de la familia Simón, de dos plantas, junto al paso vallado. - Foto: Valdivielso

Moisés Simón ha denunciado ante la Guardia Civil al dueño del patio colindante por lo que considera una invasión de su propiedad. Al parecer, este no ha negado la obra, es más, ha reconocido a la patrulla que acudió a la localidad «que como es suyo hace lo que quiere», explican los perjudicados. De hecho, no se ha limitado a tapiar las ventanas sino que el muro llega hasta la cubierta del patio, en el que tiene pollos y gallinas.

Los hijos de Moisés tienen pensado construirse una casa en el inmueble, que lleva ahí desde 1930, según el Catastro, pero antes esperan solventar el problema de vecindad y ver el futuro más claro.