7 años y medio de cárcel a 'El Candi' por traficar con speed

P.C.P.
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La Audiencia Provincial impone al delincuente, conocido por sus robos de arte sacro, la mayor de sus 9 condenas desde 2012 y 200.000 euros de multa. A 'Toño', el otro detenido hace un año en Aranda, le han condenado a los mismos años de cárcel

Cándido S.M., el Candi, en primer plano, y Antonio R.C., entre cuatro policías nacionales durante el juicio en la Audiencia. - Foto: Patricia

Cándido S.M., el Candi, saltó a la fama en 2011, cuando la Policía Nacional le detuvo como sospechoso de robar dos cabezas de santos de la portada de la iglesia de San Esteban, en Burgos capital, aunque ya era conocido en la Comisaría por traficar con drogas. Y a ellas volvió en Aranda de Duero para ganarse la que en estos últimos 9 años ha sido la más grave de sus condenas: 7 años y medio de prisión y 200.000 euros de multa por operar fundamentalmente con speed -15 kilos se le incautaron-, aunque también estaba en posesión de hachís y marihuana. Fue su arresto número 22 y su novena sentencia desde 2012.
En la denominada operación Gasolina, que culminó hace un año en la capital ribereña, también fue detenido Antonio R.C., Toño, de 46 años, que ha sido sentenciado por la Audiencia Provincial de Burgos a la misma pena, pues como El Candi tiene antecedentes -fue condenado por la Audiencia de Vizcaya en 2017 a 5 años de cárcel por un delito contra la salud pública- y también es adicto a diversas sustancias estupefacientes, lo que les ha valido a ambos una rebaja sobre los 9 años que solicitaba la Fiscalía.
La investigación fue desarrollada por el Grupo Operativo de la Comisaría de Aranda de Duero y el de Estupefacientes de la Policía Nacional de Burgos, que en diciembre de 2018 supieron que un hombre "de avanzada edad", aunque no ha cumplido los 60, apodado Candi, andaba metido en asuntos de drogas en Aranda. No necesitaron más datos para centrar el sospechoso. Enseguida confirmaron, con diversas gestiones y seguimientos, que "estaba relacionado en los 'quehaceres' de guarda y custodia" de estupefacientes. Finalmente, lograron localizar su supuesto escondite, un bajo en la calle Pedro Sanz Abad, y allí fue donde dos agentes llegaron a escuchar la conversación clave de la causa, en la que Cándido preguntaba a Antonio '¿a cuánto deja el kilo?' y este le contestaba: 'no sé, ya nos lo dirán'. Esa pista la obtuvieron el 28 de febrero. Cinco días después, ya de noche, llegó un Audi A-6, del que se bajó Antonio y tras pensar que nadie vigilaba cogió una bolsa y se dirigió hacia el garaje en el que se había producido el encuentro. La Policía le interceptó antes y comprobó que dentro llevaba "numerosos paquetes de una sustancia pastosa de color blanco" que resultó ser speed, concretamente 8,6 kilos. 
Media hora después salió El Candi y los agentes le abordaron para pedirle que les entregara cualquier sustancia que le pudiera comprometer, a lo que este respondió con 600 gramos de hachís en bellotas y una bolsa con 75 gramos de marihuana, que Comisaría cree que usó como 'capote' para tratar de evitar que registraran el local. Tras ver que dentro había multitud de objetos, este aseguró que vivía allí y los agentes procedieron a precintarlo para volver al día siguiente a registrarlo, ya con mandamiento judicial, y encontrar el resto de la droga en un arcón frigorífico. Una de las bazas de la defensa de Cándido fue pedir la nulidad de la causa al sostener que habían quebrantado su derecho constitucional a la inviolabilidad del domicilio, tesis que el magistrado ponente, Luis Antonio Carballera, echa por tierra. Aquello era un almacén.
También se escudó El Candi en que él solo guardaba la droga para un grupo de Burgos cuya identidad no quiso revelar "por seguridad" y que lo hacía a cambio de 200 o 300 euros en speed. Más ingenioso con las excusas fue su cómplice, quien declaró que la bolsa creía que tenía "comida de perro" y que alguien había "jugado con él como un chino". Tampoco ha funcionado.