La campaña de incendios arranca con malos datos

H.J.
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Los fuegos de Espinosa y Valdeporres provocan que ya se haya quemado la mitad de la masa forestal de todo el año pasado, sin que se haya iniciado siquiera la época de mayor peligro

La campaña de incendios arranca con malos datos - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez Eugenio Gutiérrez Mart

La campaña de incendios, que oficialmente va del 1 de julio al 30 de septiembre pero cuyos primeros siniestros se dan cada año ya en junio, arrancará en Burgos con una estadística preocupante: ya han ardido la mitad de hectáreas de superficie forestal que en todo 2019.
Los incendios registrados en la Merindad de Valdeporres, donde se quemaron casi 28 hectáreas, y sobre todo en Espinosa de los Monteros, donde ardieron 157, son los principales culpables de que, sumados otros 5 incendios muy menores en distintas localidades de la provincia, hayamos llegado ya a las 189 hectáreas forestales pasto del fuego. El año pasado a estas mismas alturas (hasta mediados de mayo) solo se habían registrado 1,8 en un único siniestro.
A lo largo de todo el ejercicio 2019, siempre según los datos del Servicio de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, se quemaron en toda la provincia 376 hectáreas así que estamos exactamente a la mitad de esas cifras cuando ni siquiera se ha iniciado la época de mayor peligro y en la que se concentra una inmensísima mayoría de los siniestros.
Falta ahora por conocer cómo afectará a los montes y los bosques una primavera tan lluviosa como la que estamos viviendo estas semanas. El observatorio que la Agencia Estatal de Meteorología tiene en el aeropuerto de Burgos ya lleva registrados más de 200 litros por metro cuadrado desde el 1 de marzo, cuando lo normal para todo el trimestre de primavera no debería llegar a los 150.
Esto hace pensar que el volumen de biomasa estará disparada en la naturaleza y así lo confirman en Medio Ambiente, pero advierten que otros años, sin necesidad de tanta agua, «en los montes sobra biomasa vegetal como para que un incendio se inicie y se propague, por lo que no es un factor importante».
Más bien al contrario, apuntan que «una primavera lluviosa, pero no tanto por la cantidad de lluvia caída, sino por su distribución, puede ser muy favorable para la campaña». Se refieren a las lluvias tardías, las que se deberían producir a lo largo de las próximas semanas entre la segunda quincena de mayo y el mes de junio, para mantener más fresca la vegetación de cara al verano y ejercer de contrapunto a la evapotranspiración que va secando paulatinamente el combustible vegetal durante la época central del estío.