Orgullosos del legado forjado con los años

Adrián del Campo
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Los nonagenarios Cristina Vélez y Pablo de Pablo fueron los dos protagonistas de la comida-homenaje que cada año realiza el Ayuntamiento de Aranda dentro de la Semana del Mayor

Los nonagenarios Cristina Vélez y Pablo de Pablo fueron los dos protagonistas de la comida-homenaje realizada en la Semana del Mayor. - Foto: A. del Campo

Orgullo. Ese era el sentimiento que reflejaban los ojos de Cristina Vélez y Pablo de Pablo cuando miraban el legado que han forjado con los años. No eran bienes materiales, sino las familias que constituyeron y que han ido creciendo a lo largo de generaciones. Todos, hijos, nietos y hasta bisnietos, aplaudían y celebraban el reconocimiento que estos dos nonagenarios ribereños recibieron ayer en la comida-homenaje que cada año organiza el Ayuntamiento de Aranda de Duero, dentro de la Semana de las Personas Mayores. 

Cientos de jubilados de la capital ribereña llenaron los salones del Área Tudanca en un banquete en el que no faltó casi nadie, ni representantes de las asociaciones de mayores ni los presidentes de las centros municipales. Tampoco las ganas de celebrar, algo destacó la concejala de Acción Social, Cristina Valderas. La edil agradeció la alegría y vitalidad mostrada por los presentes e incidió en la importancia de ofrecer alternativas de envejecimiento activo.

Con la hora del café llegó el momento de rendir homenaje a los dos protagonistas del evento. Cristina Vélez Martín, a sus 95 años, demostró que su mente mantiene vivos muchos recuerdos de su vida, de esa en la que tuvo que luchar por sacar adelante a 14 hijos. "Yo he bordado, he trabajado el campo, he hecho de todo", afirmaba mientras apostillaba en cada frase que es feliz, feliz por haber criado a 14 hijos y verlos a todos "juntos y felices". Ella tiene claro que cada esfuerzo ha merecido la pena, desde que empezara muy joven a colaborar con su tía, costurera, hasta cuando se fue a Bilbao a ayudar a una familia y también después, cuando trabajó el campo junto a su marido, Antonio Pérez.

El otro protagonista de la comida, Pablo de Pablo, es un ejemplo de envejecimiento activo. Recientemente renovó su carné de conducir, a sus 91 años, y sigue disfrutando con su gran pasión: la música. "Todavía toco el órgano y canto, y pienso seguir haciéndolo", declaró en su intervención. Ese talento para la música lo ha desempeñado en diferentes iglesias y siempre lo combinó con sus empleos, ya fuera de funcionario o de sacristán en su pueblo natal, La Aguilera, donde vive actualmente y desde donde recuerda a su mujer, Juana Cayuela. También allí disfruta de las visitas de sus dos hijos, sus dos nietos y su bisnieto, aunque él no duda en presumir de su autonomía: "Como vivo solo hago de todo, yo me aseo, hago la comida, recojo la casa...".