Entre el olvido y el escarnio

Roger Mateos (EFE)
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El expresidente de la Generalitat catalana Jordi Pujol cumple 90 años con la sombra de la cárcel acechándole y con su prestigio político por los suelos por los casos de corrupción

Entre el olvido y el escarnio - Foto: Emilio Naranjo

El expresidente de la Generalitat catalana Jordi Pujol i Soley cumplió 90 años esta semana, un cumpleaños amargo, tras verse relegado al olvido incluso por los herederos de su espacio político, ahora incómodos por la sombra de corrupción que pesa sobre su legado, aún sometido a escrutinio judicial.
Desde que el 25 de julio de 2014, inesperadamente, emitiera un comunicado personal en el que confesaba haber ocultado unos fondos en el extranjero relacionados con una herencia familiar, su aura de líder carismático del catalanismo político quedó hecha añicos.
Aquel que durante 23 años, de 1980 a 2003, había comandado la Generalitat y que desplegó las bases de la Cataluña autonómica, ejerciendo un liderazgo mesiánico dentro del catalanismo, cayó de su pedestal prácticamente de la noche a la mañana.
A su confesión se sumaron las investigaciones judiciales a sus hijos por corrupción, por no hablar de los casos que arrastraba el partido que fundó: Convergència Democràtica de Catalunya (CDC).
Desde su silencioso retiro político, ignorado -incluso repudiado- por las formaciones soberanistas -JxCat ya poco tiene que ver con la Convergència que en su día lideró-, el barcelonés sigue pendiente de la causa judicial que le afecta, en manos de la Audiencia Nacional.
El pasado 20 de mayo, la defensa de la familia Pujol aportó un documento de la Agencia Tributaria para acreditar que no ocultan más patrimonio que el que regularizaron en Andorra.
El escrito fue remitido al titular del juzgado central número 5 de la Audiencia Nacional, José de la Mata, que investiga al ex Molt Honorable, su esposa, Marta Ferrusola, y sus hijos a raíz de la fortuna que tuvieron oculta en Andorra.
El pasado mes de diciembre, la Agencia Tributaria remitió a la Audiencia Nacional un informe en el que concluía que el expresidente de la Generalitat defraudó a Hacienda 885.651 euros hace 20 años, pero que ese ejercicio fiscal ya está prescrito.
Si en el plano personal Pujol se ve obligado aún a rendir cuentas a la Justicia, en el plano político esta semana ha visto cómo CDC, el partido que él mismo alumbró en 1974 y que en 2016 cedió el testigo al PDeCAT, ha presentado concurso de acreedores ante el juzgado mercantil número 9 de Barcelona, en lo que representa un paso más hacia su liquidación definitiva.
El futuro de CDC, con una deuda acumulada de 4,3 millones de euros y con sus sedes embargadas, quedará ahora en manos de un administrador concursal.
El pasado abril, además, el Supremo confirmó la condena a CDC a devolver 6,6 millones de euros por cobrar comisiones ilegales a través del Palau de la Música, una pena de la que se desentiende el PDeCAT al no considerarse «continuador» de la antigua Convergència.
Conviene recordar que en su confesión de julio de 2014, Pujol pidió disculpas por haber guardado su secreto: «Expongo todo esto con mucho dolor, por lo que significa para mi familia y para mí mismo, pero sobre todo por lo que puede significar para tanta gente de buena voluntad que puede sentirse defraudada en su confianza, a la cual pido perdón».
Tiempo después, tras ver a Pujol tocar fondo políticamente, desposeído ya de todos sus beneficios como expresident, un grupo de incondicionales ha intentado reparar su nombre y reivindicar su obra de Gobierno, a base de charlas y algún acto de homenaje.
Ese mismo círculo de pujolistas decidió crear una web para que aquel que quisiera pudiera dejar su mensaje de felicitación a Pujol por su 90 aniversario. Uno de los mensajes publicados viene firmado por Oriol y parece referirse a Oriol Pujol Ferrusola, el único de sus hijos que se dedicó a la política, que llegó a ser secretario general de CDC y que tuvo que dimitir por un caso de corrupción: «Felicidades, padre. La pasión por tu país y su gente está tan viva como el primer día, y te acompañará siempre».