"La raptaron 4 días hace 6 años, pero no quería regresar"

I. ELICES
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Natural de Avellanosa de Muñó, Inés Nieves Sancho, la religiosa decapitada en la República Centroafricana, «no quería separarse de sus niñas de la aldea» pese a sufrir paludismo, relata su hermana mayor, Araceli

"La raptaron 4 días hace 6 años, pero no quería regresar"

Los primeros años en la República Centroafricana «fueron duros para ella, lo pasó mal, pero luego ya no quería regresar a Europa». La frase es de Araceli, la hermana mayor de Inés Nieves (nombre que asumió cuando se ordenó, de nacimiento era Blanca Nieves) Sancho Lope, la misionera burgalesa asesinada el pasado domingo en el país africano. Su compromiso con las niñas de la aldea de Nola (junto a la frontera de Camerún), a las que enseñaba a coser para acceder a un futuro mejor, era de tal calibre que ni un secuestro que «duró cuatro días» la persuadió de volver a Francia, a la congregación de les Filles de Jesús de Massac Seran, a la que llegó con tan solo 12 años. «Hace seis una guerrilla la raptó, junto a otras tres religiosas, y la mantuvo presa en el bosque», rememora Araceli. Y hace tan solo dos años «entraron en su barracón a robarla y por poco la matan a ella y a su compañera». En los últimos meses vivía sola y, «con todo lo que le había pasado, nadie la convencía de que volviera, pese a que en la última época su salud había empeorado por culpa del paludismo».
Blanca Nieves nació hace 77 años en Paúles del Agua, una pedanía de Avellanosa de Muñó, de donde eran originarios sus padres, Pilar Lope Ortega y Juan Sancho Romero, conocido guarda de campo de la comarca. Vivió junto a su familia -también en Tordómar- hasta los 12 años, momento en el que llegaron al pueblo unas religiosas francesas que hablaron con sus progenitores de la posibilidad de que sus hijas viajaran a país galo para estudiar en el Colegio de Les Filles de Jesus de Massac. «Y allí se fue Blanca Inés; la pequeña la acompañó dos años más tarde, aunque ésta no se ordenó, se hizo enfermera y todavía vive en Francia», comenta Araceli, quien pasa largas temporadas en Avellanosa de Muñó, aunque su domicilio lo tiene en Basauri (Vizcaya). Tras la muerte de la misionera, solo quedan tres hermanos. Lucinio falleció hace años y Juan vive en Toledo.
«De pequeña era un auténtico trasto, no paraba, pura dinamita; toda su vida ha sido igual, todo un genio», evoca su hermana mayor, quien indica que «nunca pasó de los 50 kilos, todo nervio». El mismo nervio que le llevó a no abandonar a sus niñas de la aldea de Nola, pese a todos los peligros a los que sabía que se enfrentaba.
Sobre su asesinato, Araceli aporta algunos detalles. El domingo «fue a misa a las dos de la tarde y se despidió de sus compañeras hasta las seis, hora en que quedaron para mantener una reunión». Se dirigió a su casa, en «un barracón que más parece una chabola, y ya no se sabe qué es lo que sucedió después». Un vecino del poblado «observó que la puerta de Inés estaba abierta, acudió y la llamó: ¡Nieves, Nieves!, pero nadie contestó. Cuando por la tarde no se presentó a la cita, las religiosas con las que había quedado «se preocuparon y fueron a buscarla». «La encontraron el lunes en la selva, con la cabeza cortada, lejos de donde vivía», indica su hermana, quien ignora qué pudo pasar, «si huyó y la alcanzaron en la persecución o qué». En todo caso desconoce la motivación del asesinato, es algo que deberán investigar las autoridades del país. Jesús Ruiz, burgalés y obispo auxiliar de Bangassou (República Centroafricana) no descartaba el martes ninguna hipótesis, desde el rito satánico a los grupos armados, pasando por el robo o los ladrones de órganos.
La familia en España, lógicamente, está muy apenada. No solo por la trágica muerte de Inés Nieves sino también «por no haberla podido traer a España o Francia para enterrarla». No había nada qué hacer, «porque ella había firmado un papel en su día en el que plasmaba su deseo de que le dieran sepultura allí donde se hallaba».
Y es que «su vida estaba allí, con sus niñas, de las que no le gustaba separarse». Cada dos años regresaba a Francia y viajaba a España para ver a su familia, alguna vez a Avellanosa de Muñó. «Pero siempre estaba pensando en regresar».
De ella también guardan un muy buen recuerdo en el convento de Massac (cerca de Perpiñán) donde se ordenó. La hermana Clara, en conversación con este periódico, afirmó que era «una mujer muy activa, sonriente y jovial, a la que se le daban muy bien las personas».