Agua o ruina

Á.M.
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José Delgado, ayer en su explotación de Muñó - Foto: Valdivielso

El cereal burgalés perderá una tonelada de rendimiento por hectárea y semana si no llueve en los próximos días

Desigual pero, en términos generales, bien. Así venía la cosecha de 2019 hace apenas un mes. Era cuestión que de mayo dejara unos litros de lluvia y junio otros tantos. No era mucho pedir, pero, a salvo de que las previsiones cambien lo antes posible, el fuerte calor desatado este fin de semana, el pronóstico de casi nulos chubascos a mitad de semana y el aspecto de algunos campos -que empiezan a agostar- hacen temer un roto importante a la gente del campo.

La crónica de esta cosecha será la de muchas otras. La siembra se hizo bien y los cultivos seguían su secuencia natural, «pero en mayo ha habido poca pluviosidad y, además, irregular», cuenta Esteban Martínez, presidente de Asaja Burgos. Eso hizo que en distancias de menos de 10 kilómetros se recogiera en algunas fincas el doble de agua que en otras. O la mitad, según se mire.

Ahora mismo, los únicos campos que están ‘salvados’ son los del Norte de la provincia. Por contra, en el Este (Lerma, Santa María del Campo, Villahoz...) «empezarán a dar parte al seguro a partir de finales de esta semana». Es decir, esperan una cosecha que ni siquiera cubra los costes de producción. Malo para todos en una provincia que es el granero de España y cuyo sector primario es un motor económico crucial.

En el Oeste, hacia Tierra de Campos, la Bureba, el Alfoz y algunas zonas de la Ribera empieza a reducirse la previsión de forma drástica. «A partir de ahora, cada semana que no llueva supondrá una tonelada menos por hectárea. O lo que es igual: empezar a dar parte al seguro a mediados de este mes», continúa Martínez, que confía en que los cielos den una tregua y traigan unos litros de lluvia que serían oro molido. La parte buena es que el calor no apretará tanto en los próximos días, algo es algo.

POR LA VÍA RÁPIDA. Esta situación está dejando imágenes casi inéditas en la provincia de Burgos. Hay cultivos, como las leguminosas o los forrajes, que se están recogiendo ya para que no se eche a perder lo poco que han dado de sí. Esa es la primera derivada. La segunda será que los ganaderos pagarán a unas 25 pesetas el kilo de forraje. El año pasado estaba a 15. Esto es, sus costes de producción volverán a subir.

Porque esa es otra: la lonja. En el caso del cereal, Martínez lamenta que, al contrario de lo que sucedía hace un par de décadas, ya no existe una relación directa entre una cosecha pírrica y un alza de los precios. «En Europa viene bien. Será fuerte en países como Ucrania, Alemania o Francia, así que los precios se mantendrán», vaticina.

La cosecha de 2019 se concatenará con la de 2018, que pese a un arranque complicado se previó excelente por todo el agua que tiró el cielo en la primavera, pero acabó limitada por el fuerte calor del arranque estival. Las asociaciones y sindicatos agrarios han mantenido reuniones constantes con los representantes de la Delegación territorial de la Junta en la que se ha vuelto a poner sobre la mesa la «necesidad» de revisar algunas políticas para equilibrar cuentas. Si la tierra no rinde, que al menos coma lo menos posible.

(Artículo completo en la edición de hoy)