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Seis millones de mascarillas en la Farmacia Militar

H.J.
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Las instalaciones burgalesas, que revivieron en 2020 con la llegada de personal joven para atender una máquina de fabricación comprada por la vía de urgencia, tienen también 55.000 litros de gel hidroalcohólico como almacenamiento estratégico

Los tapabocas se guardan en palés de 40.000 unidades que han ocupado buena parte del almacén en el vetusto edificio de 1947. - Foto: ALBERTO RODRIGO

Es triste, pero es la realidad. A la vieja Farmacia del Aire de Burgos, rebautizada con los años como Centro Militar de Farmacia de la Defensa, la ha salvado la covid. Llevaba mucho tiempo amenazada de cierre, desde que el Gobierno decidió construir en Colmenar Viejo (Madrid) un gran complejo mucho más moderno y con gran capacidad de producción, hasta que la pandemia ha hecho replantearse las necesidades de fabricación y almacenamiento de material sanitario a escala nacional. Ahí ha surgido la oportunidad de las instalaciones burgalesas.

La que todo el mundo sigue conociendo como Farmacia Militar se ha convertido en un elemento importante para las capacidades de la estructura sanitaria de las Fuerzas Armadas y ha sido designado como uno de los almacenes de la llamada 'reserva estratégica' en colaboración con el Ministerio de Sanidad.

Fruto de ese acuerdo, en el paseo de Fuentecillas se almacenan 6.120.000 mascarillas y 55.080 litros de gel hidroalcohólico. Hay además otros 17.500 litros de la reserva propia del Ministerio de Defensa y una máquina instalada en el mes de mayo de 2020 fabrica diariamente 15.000 tapabocas, con lo que ha superado ya la cifra de 4 millones salidos de Burgos con destino a los usos internos del ejército español.

El coronel Ignacio Cabrera, que está al frente de la Farmacia Militar desde hace cuatro años aunque lleva 14 destinada en ella, explica que todo fue fruto de un convenio entre los ministerios de Sanidad y Defensa al principio de la pandemia. En él intervino también el departamento de Industria, que contactó con la multinacional vasca Mondragón Assembly para construir y montar una máquina de producción de mascarillas.

Ya dijo en su día el coronel Cabrera que el entonces secretario de Estado de Defensa, Ángel Olivares, medió para que la instalación se realizase en Burgos. Y casi de inmediato se acondicionó una sala que antiguamente funcionaba como almacén para cumplir con las mínimas condiciones de seguridad y poder colocar en ella la máquina.

Contratos hasta mayo. Para atender la producción se incorporaron 6 nuevos empleados, lo que permitió rejuvenecer una plantilla amenazada por las múltiples jubilaciones próximas. Esas 6 personas siguen contratadas hasta mayo de 2022, y los responsables del centro son optimistas en cuanto a sus posibilidades de continuidad. Porque ya no estamos tan mal como en el primer envite del coronavirus, pero una de las enseñanzas que ha dejado esta crisis es la necesidad de contar con una reserva estratégica y una independencia a la hora de abastecerse de productos sanitarios de primera necesidad sin tener que recurrir a China.

La consecuencia práctica de la vitalidad aportada por la pandemia a este edificio es que tiene decenas de metros de sus estanterías llenas de cajas de mascarillas que también salieron del grupo Mondragón. En cada palé caben 40.000 y hay unos cuantos, entre los cuales se pasea el coronel Cabrera acompañado por la teniente Rubio, jefa de producción de las instalaciones.

Ella tiene solo 25 años, ha accedido al puesto por oposición hace solo cuatro meses y con ello se convirtió en la más joven de la plantilla. Es burgalesa y se confiesa una afortunada por haber completado en tiempo récord los estudios de farmacia, la formación militar y el ingreso en el ejército en un puesto de trabajo en su misma localidad natal.

La llegada de la teniente fue otro símbolo de continuidad para un equipamiento militar inaugurado en 1947 donde nunca imaginaron que se convertirían en reserva estratégica contra un virus de impacto mundial.

En la plantilla de la Farmacia Militar hay mayoría de personal civil: tienen técnicos de farmacia y de mantenimiento que llevan a cabo labores de mantenimiento en un taller propio de electricidad, fontanería, carpintería o pintura, siempre listos para la rápida reparación de las máquinas de manera autosuficiente. Además, cuentan con un cuadro militar donde están tres farmacéuticos, tres suboficiales del ejército del Aire y el rango más 'exótico' de todos: un capitán de corbeta

Por el camino llegarán unas pocas jubilaciones, dada la avanzada edad media de la plantilla, pero el futuro a corto plazo de las instalaciones está asegurado mientras se mantenga la política nacional de estar preparados contra una crisis sanitaria como la del coronavirus. Lo mejor, paradójicamente, sería no tener que recurrir nunca a sus existencias.