Un Borbón muy burgalés

R.P.B.
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Tras el anunció de su adiós a la vida institucional, recordamos la gran cantidad de visitas que realizó el rey emérito Juan Carlos I a Burgos

Los por entonces príncipes de Asturias, en una visita a Villafría en 1965 - Foto: Fede

Burgos fue uno de los destinos más habituales del rey emérito, cuyo adiós a la vida institucional hará casi imposible que vuelva a vérsele en público en la Cabeza de Castilla.Si don Juan Carlos algún día regresa a sus lugares favoritos de la provincia (de la bodega de los Hermanos Pérez Pascuas a la finca Retortillo, donde siempre disfrutó de la caza) lo hará como siempre: pasando desapercibido, casi como la primera vez que visitó la ciudad, cuando contaba once años y era un príncipe de expresión asustadiza, como tan magníficamente le retraró Villafranca cuando el muchacho, vestido con pantalón corto, ascendía con timidez la escalinata de la puerta del Sarmental de la Catedral. Aquella de 1949 fue la primera de muchas, muchísimas visitas institucionales del monarca a Burgos.

Si bien es cierto que la segunda tardó largo tiempo en producirse: fue en 1955. Alumno entonces de la Academia General Militar de Zaragoza, de rumbo a Estoril para disfrutar del verano con su familia, que residía en el exilio en Portugal, se detuvo en Burgos. Visitó de nuevo la Catedral, pero también Las Huelgas y la Cartuja. Su tercera presencia, todavía como príncipe, se registró una década más tarde, pero en esta ocasión no vino solo: lo hizo acompañado por la que tres años antes se había convertido en su esposa: doña Sofía, quie ostentó el protagonismo a la visita por tratarse de la madrina de la XVI promoción de caballeros alumnos de la Milicia Aérea Universitar ia (MAU). En ese año 1965 aún se volvería a ver a don Juan Carlos en Burgos, concretamente en la provincia, y en uno de los lugares más afamados del momento: el páramo de La Lora, donde no hacía tanto que había brotado de las entrañas el oro negro. El futuro monarca se interesó vivamente por el campo petrolífero, apadrinando el pozo número 16, cuya llave accionó él mismo con la mala suerte de que una gota de petróleo manchó el vestido de la princesa Sofía.

En 1969, apenas doce días antes de que el dictador Francisco Franco nombrara a don Juan Carlos como su sucesor al frente de la Jefatura del Estado, éste visitó nuevamente en Burgos, en esta ocasión en una visita relacionada con el tejido empresarial. El príncipe recorrió las dependencias de la factoría Campofrío y también las de la fábrica Degesa. Ya para entonces, como recogen las crónicas de la época, el contaba con el afecto del pueblo burgalés.

Pueblo que dos años más tarde, en 1971, le recibiría en olor de multitudes cuando acudió para clausurar los actos conmemorativos del Milenario de Fernán González. A don Juan Carlos se le hizo entrega del bastón de mando de la ciudad, y en el Arco de Santa María descubrió el mural sobre la vida del con de Castilla que había pintado José Vela Zanetti, que le explicó los pormenores de la obra. Posteriormente se acercó de nuevo a la Catedral (uno de sus lugares favoritos), el palacio de la Diputación y el complejo asistencial de Fuentes Blancas, que inauguró.

YA COMO REY. En 1976 don Juan Carlos visitó Burgos ya en calidad de rey de España. Lo hizo para presidir la inauguración del los nuevos acuartelamientos castrenses, ubicados en Castrillo del Val. Alojado en el Landa, su ‘residencia’ burgalesa, asistió a las maniobras del ejercicio táctico ‘Burgos 76’, felicitó a quienes habían conseguido su  «perfecta ejecución» e inauguró la base militar tras pasar revista a las tropas como jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Otra efeméride trajo de vuelta al rey a Burgos en 1983: el MC aniversario de la fundación de la ciudad, que si bien se cumplía en 1984, tuvo aquel año su punto de inflexión, al celebrarse en la capital el desfile de las Fuerzas Armadas. Por primera vez, el monarca se desplazó a la ciudad con toda su familia. Desde el balcón del Consistorio, el monarca echó unas cuantas flores al enfervorizado pueblo burgalés: «Constituís una prueba de convivencia que puede servir de modelo». Para el recuerdo de aquella jornada, el Homenaje a la Bandera, que se celebró en el solar de Caballería y que resultó de todo punto fue espectacular. El Palacio de la Isla, sede provisional del Gobierno autonónimo, fue otro de los destinos de la familia real durante aquella visita.

También por asuntos culturales visitó don Juan Carlos muchas veces Burgos: en 1988, el VIII Centenario de la fundación de Las Huelgas(inauguró el Museo de las Telas) y en 1990 para inaugurar la edición de Las Edades del Hombre ‘Libros y documentos en la Iglesia de Castilla y León’, con la la plaza del Rey San Fernando llena a reventar de burgaleses. «Es una exposición magnífica que merece la pena», proclamó el monarca. En abril de 1994 presidió en la abadía benedictina de Santo Domingo de Silos el acto de clausura del décimo congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española. «Nuestra lengua es una copropiedad indivisible», dijo entonces. Regresó el monarca dos veces más antes de que expirara el siglo XX: en 1997, para inaugurar las nuevas instalaciones de Campofrío, y en 1998, para presidir una jura de bandera en Castrillo del Val.

(Artículo completo en la edición de hoy)