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La UBU aborda el reto de reciclar las palas de los eólicos

H.J.
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El grupo especializado en Construcción Sostenible busca soluciones a un material muy complejo que no puede enterrarse sin más cuando los molinos llegan al final de su vida útil

Los aerogeneradores más antiguos, con 16 metros de radio, empezarán a desmontarse a partir del año 2024. - Foto: VALDIVIELSO

Los primeros parques eólicos se instalaron en España hace 25 años. Sus concesiones administrativas están llegando a su fin, y cuando lo hagan las empresas que los gestionan empezarán a desmontar los molinos porque su capacidad de producción energética es muy baja comparada con lo que permite la tecnología actual. Con ello, bajarán de nuevo a nivel del suelo miles de palas de los aerogeneradores y se generará un problema, porque a día de hoy ni se pueden reciclar ni se deben enterrar.

La Universidad de Burgos ha comenzado a abordar el reto de la reutilización de estas aspas gigantescas mediante un trabajo de investigación desde el Sustainable Construction Research Group (SUCONS), grupo de investigación en construcción sostenible que a su vez depende del departamento de Ingeniería Civil. Su director, Juan Manuel Manso, explica que lo hacen de la mano de "una entidad financiera y una empresa recicladora" cuyos nombres prefiere no desvelar, pues el objetivo a corto plazo es encontrar fuentes de financiación "porque las necesitaremos" para permitir un trabajo de largo recorrido.

Cuenta el también catedrático que los primeros molinos que se instalaron en España a finales de los 90 y primeros 2000 tienen partes fáciles de reciclar, "como los aceros de las torres", mientras que "la cabeza tiene ciertos problemas y las palas tienen muchos". Los materiales con los que fueron fabricadas se presentaron en su día como una revolución verde, pero "tienen tres o cuatro componentes que son difíciles de separar y reciclar: fibra de vidrio y poliéster reforzado, además de poliuretano y madera de balsa con una gran capacidad aerodinámica que también llevan fibras y resinas".

La exigente legislación europea impide tirarlos directamente a un vertededero debido a sus componentes plásticos, al contrario de lo que está empezando a suceder en Estados Unidos, donde algunos estados los entierran directamente bajo toneladas de tierra. Aquí, sin embargo, hay que buscarles otra solución más sofisticada y respetuosa con el medio ambiente.

¿Qué se puede hacer con estos grandes componentes, que parecen enanos al lado de los modernos gigantes pero que aun así miden un mínimo de 15 metros? "Hay que sacarlos enteros de las propias instalaciones", apuntan desde la UBU, "no se puede trocear en el campo y hay que transportarlos a otro sitio". Se los puede machacar y con ello se generarán sacos llenos de una especie de serrín. Precisamente con este material trabajarán en el laboratorio de Construcción Sostenible, dándole vueltas a cómo procesarlo y reutilizarlo para otros fines.

"La parte metálica es fácil, porque se mete un horno y haces acero nuevo, pero con los poliésteres no es posible, no se pueden quemar y volver a emplear ese residuo". Relata Manso que otros países europeos, como Dinamarca, ya trabajan muy en serio sobre todas estas cuestiones. "El gobierno danés ha dotado a cuatro universidades y varias empresas de millones de euros para que investiguen, pero en España, pese a que fuimos de los primeros en montar molinos, todavía hay que ponerse a pensar en ello porque las primeras caducidades llegan entre 2024 y 2025".

Fondos europeos. Como en tantos otros sectores, los fondos europeos Next Generation aparecen en el horizonte como una buena oportunidad de financiación. Endesa, por ejemplo, ha anunciado su intención de crear una planta de reciclaje de palas eólicas en el entorno de la antigua central térmica de Compostilla (León), con una inversión de 8 millones de euros, aunque en España hay muy poca investigación todavía al respecto y el catedrático destaca que desde la Universidad de Burgos quieren estar "bien situados para saber hacia dónde podemos encaminarnos".

Advierte Manso de que "con las palas de los aerogeneradores estamos empezando, pero nosotros llevamos investigando el reciclaje de escorias, subproductos de demolición o construcción desde hace más de 20 años". Ahora toca variar el destino de esas pesquisas científicas y buscar una nueva vida para los molinos. El objetivo final debe ser que una alternativa supuestamente verde, renovable, no contaminante y sostenible no acabe convirtiéndose en un gran problema cuando el fin de su vida útil genere millones de toneladas de residuos complejos de gestionar.