La reina de la mala suerte... democrática

I. ELICES
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Tenía una entre 8,7 millones de probabilidades y Laura Santiago ha sido 'agraciada' con ser presidenta de mesa electoral 3 veces seguidas. Se queja de que no la excluyeran del 'bombo'

Laura posa con las tres notificaciones de la Junta Electoral del zona. - Foto: Jesús J. Matí­as

El pasado jueves el cartero que completa la ruta de Castañares acudió al domicilio de Laura Santiago para darle la ‘buena’ nueva de que le había tocado en suerte ser presidenta de la mesa electoral, en concreto para los comicios del 17 de noviembre, fecha en que la pedanía burgalesa elige alcalde. «Me dio a firmar el impreso a distancia», comenta enfadada. Y es que no era la primera vez que mensajero de Correos llegaba a su casa con una noticia de similar naturaleza. El pasado 19 de octubre ya había aparecido por su vivienda para comunicarle que debía ostentar el mismo ‘cargo’ en los comicios del 10-N, los generales. Y en mayo se había dejado también caer por allí con la notificación de que la democracia había confiado en ella para ocupar el puesto de mayor responsabilidad en la mesa del pueblo donde vive en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26-M. Tres de tres. Con un censo de 206 candidatos, esta mujer de 39 años tenía una entre 8,7 millones de probabilidades de ser ‘agraciada’ con semejante ‘honor’  tres veces seguidas. «A ver si los astros se alinean también y me toca la lotería, porque ese tercer día que vino el cartero compré un décimo para Navidad», señala.

A Laura se le escapa alguna sonrisa durante la entrevista con este periódico, pero está realmente «cabreada» y por eso ha querido dar a conocer su caso de auténtica mala suerte. En la misma mañana de ayer acudió a la Junta Electoral de Zona para ver si podía alegar, «pero no hay nada que hacer». «Lo que me han comentado allí es que a la cuarta ya sí me puedo negar, pero a la tercera, no; tendré que ir», se resigna. Y, lógicamente, preferiría pasar esa jornada con sus hijos, de 9 y 7 años, y con su marido. Se pregunta por qué la Ley no excluye del sorteo para ser mesa a aquellos que ya lo han sido la vez anterior. «Oque se pidan voluntarios; seguro que hay parados a los que les vienen bien los 65 euros que pagan, o estudiantes que quieran pasar alguna vez en su vida por esa experiencia», se lamenta.

El caso es que una jornada electoral en Castañares es «de lo más aburrida». Sus miembros han de acudir a las 8 de la mañana para colocar las urnas y las papeletas. Y, después, «muchas horas de mirar al techo», porque la mayoría de los vecinos «acuden a votar después de misa, antes de tomar vermú». Y las tardes son tediosas, «no se puede cerrar la votación antes de las ocho porque siempre hay alguien que se queda en casa y no vota». «Luego el recuento, llevar los resultados al juzgado; en fin, hasta las once de la noche pringada, con solo media hora libre para ir a comer», se queja.

Esta trabajadora del laboratorio de Mahou-San Miguel recuerda que el pasado 26-N, cuando le tocaba trabajar, perdió dinero, «porque los domingos en la empresa se pagan mejor que en la mesa electoral». Y para las próximas citas tiene derecho a cuatro horas el lunes y «va a suponer un incordio para la compañera que ha de sustituirle».