En los coches de choque empezó todo

A.S.R.
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Le gustaba ponerse al volante de estos vehículos en las barracas, pero niega divertida que tuviera algo que ver con su pasión por el motor, que siempre palpitó en ella

A Cristina Gutiérrez le gustan las fiestas en la actualidad y no cambiaría nada. - Foto: Cedida por Cristina Gutiérrez

Las fiestas de Cristina Gutiérrez (Burgos, 1991) siempre han sido en color, aunque su memoria se haga la remolona y apenas vislumbre a una niña en las barracas con sus padres y el resto de su familia. Eso sí, el único detalle que la primera mujer en completar el Dakar en coches recuerda con nitidez es que se subía a los autos de choque. «Mi mayor objetivo era no chocarme con nadie, evitar siempre los golpes», señala esta joven a la que el sonido del motor la persigue desde niña.


Niega y se ríe con ganas cuando se le pregunta si aquella experiencia tuvo algo que ver con la dedicación con la que ha hecho historia y que la ha llevado a ser reconocida en todo el mundo. «Simplemente siempre me han gustado los coches y esto era una oportunidad de conducir uno diferente», apostilla sin dar más importancia a esta coincidencia.


De aquellas fiestas de su infancia recuperaría las vacaciones escolares que llegaban a la vez que los Sampedros y, sobre todo, la sensación de libertad que sentía, aunque siempre estuvieran sus padres pendientes de ella. Hace un mohín cuando piensa en la cantidad de gente que había por todos los lados. «Me agobiaba porque había que esperar muchas colas». La velocidad y el deseo de querer llegar la primera a la meta parecían palpitar ya en la niña que fue Cristina Gutiérrez.


Una impaciencia que se torna en complacencia cuando se le da la posibilidad de recuperar algunos actos de aquellas celebraciones. «Hoy en día siguen siendo muy bonitas, así que no cambiaría absolutamente nada», responde tajante.


Luego llegaría la adolescencia, dejaría atrás las barracas, las noches de fuegos artificiales y los helados de la heladería italiana, «¡mis favoritos!», para sumarse al jolgorio que siempre es una peña.


La piloto, que el pasado mes de enero completó su tercer Dakar en la posición 26, vivió unos cuantos Sampedros vestida del color blanquinaranja de la Aramburu Boscos. En medio de ese cachondeo fija su retrovisor los momentos más nítidos de su paso por las fiestas. Calcula que sería en torno a 2007. Se apuntó porque sus amigas estaban dentro y con ellas se ve bailando y cantando en la tradicional bajada de los toros. Fue una más hasta que dejó Burgos para estudiar en Madrid. Antes las clases (se licenció en Odontología) y ahora los continuos viajes que realiza la mantienen en la actualidad lejos del meollo festivo, pero siempre saca un rato, aunque sea un visto y no visto. «Solo me quedan algunos días libres que aprovecho para ir de casetas y ver a los amigos que están fuera de Burgos y que vuelven para pasar las fiestas en familia», concluye en esta veloz carrera por su infancia y adolescencia enmarcada por los Sampedros.