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En la piel más íntima y personal de García Lorca

EFE
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Juan Diego Botto da vida al poeta andaluz en 'Una noche sin luna', una obra escrita por él mismo y dirigida por Sergi Peris Mencheta que se representa en el Teatro Español

En la piel más íntima y personal de García Lorca - Foto: LUCA PIERGIOVANNI

Pasión desmedida por Lorca. El actor y director Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) es un ejemplo de la atracción que siente por el poeta andaluz. Tal es así que se mete en la piel del de Fuente Vaqueros en Una noche sin Luna, una obra escrita por el argentino en la que traslada los aspectos menos conocidos de la vida de Federico García Lorca.

La pieza que representa Botto en el Teatro Español es un monólogo en el que no falta el humor y que nace del amor del autor por el poeta, un «ejercicio de memoria sobre temas que están en mí».

El intérprete asegura que pensaba que escribir este texto le alejaba de su teatro anterior, el que habla de desaparecidos -su padre lo fue-, de la dictadura argentina, de exilio, y, sin embargo, se ha dado cuenta de que ha vuelto a escribir sobre conceptos comunes, «Lorca también es un desaparecido. No se sabe dónde está enterrado y eso supone un retorno a mis orígenes».

En la piel más íntima y personal de García Lorca En la piel más íntima y personal de García Lorca - Foto: LUCA PIERGIOVANNI«Cuando terminé la obra estaba muy orgulloso porque pensé que había hecho algo que se alejaba de mi etapa anterior, después me di cuenta de que había vuelto a escribir sobre un desaparecido», reflexiona Botto.

Una función que es un ejercicio de «memoria» con el que me se ha dado cuenta de lo importante que es para él hablar de la «justicia o de la impunidad», señala Botto durante la presentación del espectáculo que dirige Sergio Peris-Mencheta, una nueva colaboración entre ambos después de Un trozo invisible de este mundo, ganadora de cuatro Premios Max.

Una noche sin Luna se estrena en Madrid mañana en el Teatro Español. Es un relato en primera persona en el que la pregunta original para su desarrollo es: «¿Por qué me fusilaron?». A lo largo de la función, el propio Lorca -en la piel de Botto- intenta dar respuesta, con un texto construido a partir de conferencias, charlas, y entrevistas en las que el poeta desvela sus puntos de vista.

Una pieza que, según su autor, surge cuando se propone hacer un recital de poemas y va encontrando «ecos vibrantes de historias que se asemejan a nuestro presente», a partir de las encrucijadas de la vida a las que hace frente el escritor, un momento de grandes cambios sociales que le llevó a ser «amado por muchos y singularmente odiado por otros».

Y recuerda lo poco que han cambiado algunas cosas, como cuando se acusaba a Lorca de vivir de las subvenciones al poner en marcha el grupo de teatro La Barraca, «algo -comenta Botto- de lo que se nos sigue acusando a los cómicos hoy».

A pesar de ese y otros vínculos con la realidad actual «hay muchas cosas que han mejorado, cuando hablamos de Lorca nos referimos a la peor etapa que ha vivido España, una Guerra Civil, el auge del fascismo» en Europa, pero por «hostil que sea el ambiente actual no estamos en ese punto de hace casi un siglo».

Sin embargo, el actor no es tan optimista con «una de las características singulares y más tristes de este país», que no es otra que las  «cientos de fosas comunes donde hay desaparecidos que pueblan las cunetas de España», asegura.

En este sentido, Botto añade que «hay muchas familias que no han podido dar sepultura a sus seres queridos» y que «Lorca sirve de gran metáfora para hablar de un problema relevante».

Mientras, Peris-Mencheta resalta la capacidad de Juan Diego Botto para narrar y apunta que desde el primer momento le «fascinó» la historia y «cómo la contó», hasta el punto de imaginar en ese momento la puesta en escena, que lejos de ser intimista, a pesar de tratarse de un monólogo, mantiene la esencia de un gran espectáculo.

Según el director, la simbiosis entre el actor y el poeta es tal que «no se sabe en qué momento se escuchan palabras de Juan y cuándo de Federico».

 

La muerte

Un texto que contiene alegría y «el sentido del humor que dicen que tenía Federico» mientras que el tercer acto, del que todo el mundo conoce el desenlace, es oscuro, como una noche sin luna, tal y como relata Ian Gibson que fue la noche de su fusilamiento en la biografía sobre el poeta granadino.

Peris-Mencheta reseña que el Federico que vamos a ver no es el Federico de la memoria colectiva, sino el que «hemos imaginado nosotros para contar esta historia, el que se ha ido formando a partir de todos los elementos y de la escenografía».

Una pieza que, según Juan Diego Botto, no la define la palabra «denuncia aunque sí tiene voluntad de expresar un punto de vista crítico», concluye.