Villalar siempre será Villalar

SPC
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La localidad vallisoletana vive su particular «trauma» y situación insólita por el Covid-19, que deja vacías sus calles durante estos días

El alcalde de Villalar de los Comuneros, Luis Alonso Laguna, pasea por la campa vacía con una bandera de Castilla y León. - Foto: Eduardo Margareto (Ical)

Es como si en verano, fuera invierno. Por las calles del pueblo se nota que algo está pasando». El alcalde de Villalar de los Comuneros (Valladolid), Luis Alonso, habla de un ambiente de depresión causado por la Covid-19, en un momento previo al 23 de abril. La campa, otrora centro neurálgico de la vida social de esta simbólica jornada, está hoy sola, con un ambiente melancólico. Lugar de meditación en unas épocas del año y de jolgorio, ruido y relaciones personales en otras, la campa es algo más. «Villalar siempre será Villalar», reitera el primer edil, quien recuerda que será la primera cita sin gente desde aquellas exitosas convocatorias de los primeros años, entre 1976 y 1978, y que en algún caso concitó a más de 100.00 personas, batalla campal incluida.
«Este pueblo siempre se ha portado de forma impecable, y en los primeros años, sin ayuda externa de la Junta, lo sacaron adelante los vecinos: abrieron los baños de sus casas, sacaron las mangueras con agua cuando el calor era asfixiante…», rememora el regidor, en torno a la épica de este lugar, que conmemora cada año la batalla que se libró en sus tierras hace ahora 499 años, entre las fuerzas del rey Carlos I y las comuneras de la Santa Junta.
De momento, de cara a este 23 de abril, ya hay varias plataformas en redes sociales que están impulsando el hastag #villalarencasa, con miles de suscriptores, y que intentarán al menos suavizar «la pena». Villalar ya espera con los brazos abiertos su edición de 2021, marcado por el quinto centenario y con el intento de hacer olvidar este abril aciago.
En los días previos, relata Alonso a Ical, ya se deberían observar voluntarios de Protección Civil y a una decena de montadores de las casetas de la simbólica campa. «Ya estaríamos viendo esa ‘vidilla’ con gente por aquí, como el día de la subasta de puestos», desliza, porque esta fiesta se celebra en un lugar en el que «invitas a un trozo de queso a tus amigos, a un bocadillo o a un trago de la bota de vino; en el que hay espacio para la reivindicación y ofrendas florales, opinión, paseos, visitas de líderes políticos e historia, mucha historia». «Y todo eso, este año, no se va a poder hacer», lamenta.
A ese ambiente vacío y de silencio se suma la rémora económica, pues el pueblo perderá riqueza estos días, con la ausencia de la fiesta que rememora.
sin presencia del virus. Frente al monolito, banderas a media asta en el Consistorio. Una Plaza Mayor en soledad, empapada por la lluvia de una mañana primaveral extraña, que parece anunciar que su día grande, marcado en el calendario, será igual. Por la calle, pocas almas. Alonso define con pocas palabras a lo que se enfrenta la localidad: «Para nosotros supone un año en blanco en todos los sentidos», en un día en el que toda la Comunidad y parte de España mira a una población de 460 habitantes.
Toma entre sus manos el mástil que sujeta la bandera de Castilla y León, el estandarte que más debería ondear en estas tierras la próxima semana. Y, bajando las escaleras del Ayuntamiento, al que han acudido a firmar numerosas personalidades, incluso presidentes del Gobierno como Rodríguez Zapatero, presume de ser uno de los pueblos que mejor cumple el confinamiento.
Villalar y su campa son un lugar especial para personajes como el padre Ángel, de Mensajeros de la Paz, quien no duda en acercarse a pasear por ella, alejado de los focos de la fiesta . Lo mismo hace el procurador burgalés de Ciudadanos José Ignacio Delgado, asiduo a liberar la mente en ese paraje.