La guerra civil de Podemos deriva en una querella

J.M.
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Un trabajador del grupo municipal demanda a la concejala, que le acusó de filtrar una multa suya. La edil lo despidió de manera unilateral y la dirección local quiere quitarle la portavocía del Ayuntamiento

Los dos concejales de Podemos en el Ayuntamiento, Israel Hernando, y Margarita Arroyo, en un Pleno del Ayuntamiento. - Foto: Valdivielso

La confrontación entre las dos facciones de Podemos en Burgos es ya una guerra declarada. La indisimulable división que emergió el pasado mes diciembre con el proceso de elección del líder local de la organización, batalla de la que salió vencedor el edil Israel Hernando, se ha agravado en las últimas semanas y ha desembocado en una «querella criminal por un delito de injurias y calumnias» del desde ayer extrabajador eventual de la formación morada en el Ayuntamiento contra la concejala y portavoz, Margarita Arroyo.

La demanda se produce después de que Arroyo, de manera unilateral y a espaldas de su compañero Hernando, comunicara el pasado 24 de marzo el despido del trabajador municipal «por pérdida de confianza». Acusaba al empleado de su grupo de haber facilitado al PP «un anónimo en el que se vertían acusaciones sin fundamento contra mi persona y cuya finalidad era única y exclusivamente el desprestigio público de la marca Podemos y de mí». Una carta, depositada en el buzón del Grupo Municipal del PP, en la que figuraba una multa de tráfico de la edil.

El extrabajador de Podemos, contratado a media jornada y respaldado por Hernando, niega los hechos y en la querella afirma que las palabras de Arroyo son «atentarias a mi honor, además de ser del todo inciertas y falaces». En la demanda exige una rectificación pública tras asegurar Arroyo tener unas pruebas caligráficas que, según recalca el empleado, «no han sido sometidas a control judicial alguno en ningún proceso» y «no pueden servir para afirmar que alguien es responsable de delitos».

Arroyo afirmó que «el trabajador municipal es un instrumento, una persona joven a la que tengo aprecio» y expresó estar «segura» de que el envío de la carta «no es idea suya. Es una persona joven y fácilmente influenciable». De manera implícita, las miradas de la concejala parecían dirigirse a Hernando y su entorno.

El enfado de Hernando, que además de concejal de Podemos en el Ayuntamiento es el líder de la organización a nivel local, ha sido mayúsculo ya que se enteró del despido del trabajador a hechos consumados (con un mensaje de Arroyo a su móvil). Defiende la integridad y valía del empleado y entiende que su compañera ha vulnerado las normas internas de la organización al arrogarse la potestad para, sin consultar a nadie, mandar a su casa al trabajador eventual.

Hernando ha puesto los hechos en conocimiento del Consejo de Coordinación Autonómico de Podemos, que ha respondido que «las decisiones deben adoptarse de acuerdo con los cauces orgánicos y cumpliendo escrupulosamente lo reflejado en dichos documentos». Una repuesta un tanto ambigua pero que en el entorno de Hernando interpretan de su lado.

Más allá de los cruces de acusaciones desde ambos bandos, lo que se esconde detrás es una guerra civil dentro de la organización, con posturas irreconciliables y que traerá consecuencias.

Por de pronto, la dirección local ha planteado ya al plenario de Podemos (los antiguos círculos) una votación para que los militantes decidan si quieren que Hernando sea el nuevo portavoz de Podemos en el Ayuntamiento, para que se pronuncien sobre si se debe de revertir el despido del trabajador y para que se aclare si el grupo municipal lo componen solo sus dos concejales (como pretende Arroyo) o si lo integran también los consejeros vecinos que representan a Podemos en la Sociedad de Aguas o en el Servicio Municipalizado de Autobuses y que, al parecer, están del lado de Hernando.

Lo relevante de esa votación será ver si los simpatizantes de Podemos apuestan por un cambio en la portavocía, por la reincorporación del extrabajador y en ese caso habría que ver de qué manera responde Arroyo. Porque ahí cabe que acepte la derrota o que se niegue a cumplir el mandato de las bases. De darse este último paso, todo apunta a que desde la dirección local, que ha impulsado la participación de las bases, se pediría a la regional la expulsión de la concejala del partido.

Cabe recordar que en diciembre Hernando ya recibió más apoyos que su contrincante Ignacio Palma, la apuesta de Arroyo para dirigir la organización.

La batalla acaba de empezar.