scorecardresearch

"Burgos le debe todo al Camino"

H.J.
-

No presiden, no representan, no quieren foco... Pero son parte esencial de esta ciudad. La crónica de Burgos se escribe en las vidas de quienes ayudaron a construirla. Antonio Arribas es uno de esos hombres y esta es (parte de) su historia

Sobre la alfombra de hojas otoñales que estos días decora El Parral y posando con uno de sus libros sobre la ruta jacobea. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

*Este artículo se publicó en la edición impresa de Diario de Burgos el pasado 23 de noviembre. 

Algo tendría que ver su lugar de nacimiento a los pies de la iglesia de San Esteban, en el año 1956. Por aquel entonces el Camino de Santiago era una ruta casi legendaria reservada a unos cuantos místicos, chalados, bohemios o aventureros que llevaban manteniendo viva desde hace siglos la llama de un itinerario cultural histórico.

Y sin embargo, los pocos peregrinos que por allí circulaban despertaron en Antonio Arribas Carballera la curiosidad por la ruta jacobea que acabaría marcando buena parte de su vida hasta presidir la Asociación de Amigos del Camino y convertirse en una fuente de inspiración y de reflexión cotidiana para su vida personal y familiar. Charlamos con él en una templada tarde de otoño en medio del parque del Parral, junto al barracón que durante década y media funcionó como albergue y que acabó siendo reemplazado por el flamante edificio de la Casa del Cubo por el que tanto peleó durante su mandato de seis años al frente del colectivo jacobeo.

Tras vivir su infancia en el mismo barrio donde nació y completar sus estudios en el colegio de Saldaña, luego en el Hispano Argentino y acabar en "el instituto" (actual López de Mendoza), Antonio entró a trabajar con 14 años en Amospain, la empresa que explotaba el petróleo de La Lora.

Era botones, chico de los recados, responsable de llevar papeles de acá para allá, de presentar documentación ante las administraciones "o lo que me mandasen", relata. A los 15 (era otra época, sin duda) ya había cambiado de empresa.

Entró en Sobrinos de Valentín Marcos que entonces estaba en la Casa del Cordón y comenzó a hacer labores administrativas y de contabilidad, al tiempo que se pluriempleaba como repartidor de Diario de Burgos por La Flora, Fernán González o la calle San Francisco. Con el paso de las décadas llegó a ser jefe de compras y acabó como gerente en Tubos y Hierros Industriales, hasta que hace tres años se retiró con 61 años.

El motivo no fue alegre, pues se debió a problemas de la empresa, pero ahora se considera "felizmente jubilado" y disfrutando de dos hijos y dos nietos, con los que ejerce frecuentemente de abuelo "y para lo que haga falta".

Volvamos casi treinta años atrás en el tiempo. Era 1992 y Antonio, recordemos que con vena jacobea desde niño, se había preparado para hacer el Camino de Santiago completo por primera vez en su vida. Una inoportuna lesión lo impidió y tuvo que posponer la aventura. No quiso hacerlo en el 93 para evitar la masificación que ya se preveía en el primer Xacobeo mediático de la historia, así que fue en 1994 cuando lo pudo realizar junto a su mujer, Mari Carmen. "Yo creo que vino conmigo porque temía que me pudiera pasar algo", bromea.

Después ha realizado más veces la ruta, también junto a sus hijos, pero aquella primera vez le llevó a meterse de lleno en el mundo jacobeo y por ende en la Asociación de Amigos del Camino de Burgos. "Era una entidad un tanto estancada por entonces, algo baja de socios e ilusiones. Los fundadores de los años 80 ya tenían una cierta edad y se necesitaba el impulso de la gente que entramos más jóvenes. En 1999 me propusieron ser presidente y acepté".

De esa forma Antonio Arribas se convirtió en la cabeza visible de un equipo al que destaca siempre como colaborador necesario en los éxitos colectivo que consiguieron, y entre los que menciona al actual presidente, Jesús Aguirre.

"Por aquel entonces había dinero en subvenciones y pudimos hacer cosas. Nos volcamos en actividades culturales, en organizar concursos, implicar a los colegios… y funcionó bien. Llegamos a los 650 socios e impulsamos la idea de los hospitaleros voluntarios, que reclutábamos entre los peregrinos que pasaban por aquí. Nos dejaban su contacto y unos meses o unos años después volvían para trabajar con nosotros", explica.

En el Parral. Ese "aquí" al que se refiere Arribas es el barracón que permanece en medio del Parral, junto a la casa del Parralero, como testigo de una época felizmente superada. Antiguamente Burgos había tenido un albergue en el seminario (actual hotel Abba) que era poco más que una habitación, pero aquello se vio totalmente desbordado cuando empezó a crecer el paso de peregrinos.

"En 1993 con el ‘boom’ Xacobeo el concejal José Sagredo se ofreció a colocar este barracón como una solución provisional, pero se acabó quedando como algo estable". Tanto que el primer barracón tuvo que ser ampliado con una segunda instalación, además de otra caseta para los baños y las duchas.

"Pasábamos frío y calor, había problemas de robos y aunque lo atendíamos lo mejor posible los 365 días del año no ofrecíamos condiciones dignas de una ciudad tan importante en la ruta y que tanto debe al Camino", sostiene. ¿Y qué le debe Burgos al Camino? Todo, responde sin dudar Antonio. "Hasta el carácter de la gente. Ser un lugar de paso de artistas y gente de la cultura europea, haber recibido el románico, el gótico, las iglesias que surgen a lo largo del trazado. La Real y Antigua de Gamonal, la propia Catedral…".

Recuerda que sus dos últimos años de mandato como presidente de la Asociación, que finalizó en 2005, "fueron una queja continua para que lográsemos tener el ansiado albergue estable. Gobernaba el PSOE en el Ayuntamiento y tuvimos buena sintonía. Visitamos albergues de otras ciudades como Logroño, Pamplona o Santo Domingo de la Calzada y finalmente se optó por el edificio del Cubo que era del colegio de Arquitectos, así que hubo que hacer una permuta".

Como siempre que uno se topa con la administración "surgieron más demoras de la cuenta y a la asociación le tocó lidiar con facturas políticas en las que no tenía nada que ver" pero finalmente se consiguió inaugurar el albergue de la calle Fernán González en el año 2008. "No me atrevo a decir que es el mejor de España, ese tipo de calificaciones no me gustan, pero sí que podemos decir que es de los mejores que uno se puede encontrar en el Camino Francés", relata. "Tiene una ubicación envidiable, en pleno centro y frente a la Catedral, y la asociación mantiene la filosofía de que debe ser una instalación que proporcione una cama, una ducha y una buena cara".

Estas tres características (la comodidad, la limpieza y la amabilidad) fueron suficientes durante un tiempo, pero ahora los peregrinos se han vuelto más exigentes al rebufo de los derroteros por los que se conduce la sociedad: "Los hay que se quedan de que no hay cocina, otros de que no pueden entrar y salir por la noche y otros de que funciona mal el wifi". Ni el Camino se libra de la dictadura de la modernidad.

"Hay que entender que a su máxima capacidad coinciden 150 personas y que con esa cantidad de gente no se pueden dar desayunos, permitir que se pongan a cocinar o pretender que vaya rápida una conexión a internet", advierte.

Con sus vivencias pasadas y presentes, el expresidente de la Asociación jacobea de Burgos ha escrito dos libros. El primero de ellos, titulado De puño y letra, recoge los testimonios y escritos de los propios peregrinos y salió en 2012. El segundo, El Camino de Santiago para menos ortodoxos, se publicó en 2017 y tuvo una segunda edición en 2018. Su objetivo era "desmitificar el camino y ver cómo ha ido evolucionando el perfil del peregrino", apunta, "porque el componente espiritual y de serenidad ya apenas existe. La ruta debería ser uno de los últimos reductos de comunicación y de paz, y ahora sin embargo se observa un egoísmo y una competitividad exageradas".

Competitividad insana. ¿Es posible que incluso en el Camino haya competición? "Desde luego", contesta tajante Arribas. "Solo hay que ver los que se levantan a las 4 de la mañana y salen corriendo porque quieren asegurarse una cama en el albergue de destino, o los que realizan los últimos 100 kilómetros y exigen su credencial, porque hoy en día parece que sin un sello que digas que lo has hecho no vale nada por culpa de la estulticia humana. O mira aquellos que publican en internet cosas del tipo ‘Cómo hacer el Camino de Santiago por 6 euros al día’. Parece increíble, pero existe".

Antonio hace autocrítica en torno a los orígenes de la masificación "porque quizás parte de culpa la tenemos las asociaciones jacobeas o esa ruta de 100 kilómetros finales que tanto han vendido en Galicia sin darnos cuenta de que Santiago no es la meta, es solo el destino final en un mapa y ni siquiera eso".

No comprende cómo es posible que haya tantos peregrinos que se saltan el tramo Burgos-León haciéndolo en autobús o tren "cuando incluye algunas de las etapas más bonitas, un ejercicio de reflexión durante horas en las que solo se escuchan tus propios pasos y el ritmo de tu respiración" y entiende que la internacionalización de los peregrinos, lejos de perjudicar el ambiente, lo ha beneficiado.

Es más, recalca que los coreanos son silenciosos y conformistas mientras que "los más ruidosos, como siempre ocurre, somos los españoles seguidos de los italianos". Y apunta a las cuadrillas de amigos que recorren la ruta en grupo como "el mayor peligro de un hospitalero, y con una guitarra encima más todavía".

Ante el eterno debate sobre el trazado a su paso por la capital, considera que el desvío por Fuentes Blancas que cada vez triunfa más como entrada a la ciudad "no es ni malo ni bueno, es lo que hay, aunque como asociación queremos mantener el rigor histórico del trazado tradicional". Y una vez más, lamenta la excesiva sofisticación "de quienes vienen con mapas de Wikiloc en el móvil y cuelgan los tiempos de la etapa en sus redes sociales especificando minutos y segundos. Hay alguno que en vez de hacer el Camino parece que huye de él cuando es todo mucho más sencillo, basta con seguir la flecha amarilla".

La pandemia, como ocurre con el resto del planeta, también ha afectado al sendero compostelano. "El albergue se ha quedado sin ingresos y de momento sigue cerrado, pero me da más pena el emprendedor que había montado un negocio en torno al Camino y ahora está así. Hace muchos días que no veo un solo peregrino". Pero por mucho que ahora el pesimismo nos inunde, está convencido de que "el ambiente volverá, porque el año que viene es Xacobeo y no dejará de enganchar a muchísima gente por sus múltiples facetas".

En efecto, la especial significación del próximo ejercicio debería ser aprovechada, a su juicio, para engarzarla con el octavo centenario de la Catedral de Burgos de manera que formen un tándem turístico y cultural de primer orden… si el virus lo permite.

Mientras tanto, Antonio Arribas seguirá confesándose "un amante de la soledad y del recogimiento", sensaciones ambas que también gusta de vivir a bordo de una embarcación por mucho que hablemos de un hombre nacido tierra adentro. Gracias a esta afición cultivada en Santander ha navegado en varias regatas de grandes veleros, donde a pesar de formar parte del equipo humano de la tripulación uno se encuentra en muchas ocasiones "ante la inmensidad del mar y el bufido del viento contra las velas".

Dice que el océano llega a parecerse a la meseta por su carácter llano y grandioso. Una bonita comparación para cerrar nuestra charla con la noche ya caída sobre el Parral y sobre la vieja caseta que ejerció de albergue en los tiempos del Camino más amateur.