Banca: nueva crisis tras eliminar 900 empleos y 250 oficinas

G. ARCE
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La situación de alarma fortalece el papel que juegan las apenas 300 oficinas que quedan a pie de calle, especialmente en el mundo rural, potencia el salto definitivo a la banca electrónica y congela los ERE

Los clientes de las entidades financieras deben realizar una cola de espera con la debida separación para realizar sus gestiones. - Foto: Valdivielso

El sistema financiero local se enfrenta al reto de una nueva y profunda crisis sin haber culminado aún el largo proceso de reestructuración que arrancó con la desaparición de las cajas de ahorros. El frenazo económico ha detenido -solo temporalmente- la negociación de nuevos expedientes de regulación de empleo (ERE) y también el rosario interminable de despidos, traslados y cierres de oficinas que se han saldado con la eliminación en la última década de un tercio de la plantilla provincial del sector y la desaparición de más de la mitad de la red comercial. En cifras absolutas, son cerca de 900 puestos de trabajo y 250 sucursales clausuradas. 

Pese a ello, el ahorro y el crédito de los burgaleses (particulares, empresas y administraciones) ha seguido creciendo y alcanzó en 2019 las cotas más altas de la última década, reflejo de que la recuperación de la crisis del ladrillo era una realidad. Los depósitos bancarios atesoraban 11.169 millones de euros en la provincia a diciembre de 2019, 9.430 de ellos en depósitos vista y 1.489 a plazo. Los créditos, según el último balance del Banco de España, ascendían a 7.320 millones, el dato más alto de los últimos 10 años.

Todo este capital es gestionado hoy por una decena de bancos, liderados por los que absorbieron a las antiguas cajas burgalesas (Caixabank e Ibercaja), Cajaviva Caja Rural, además de Santander, BBVA, Bankia, Sabadell y Bankinter, principalmente. Todos siguen aplicando medidas de ajuste, adelgazando plantilla y red. 

El Banco de España cifra en 20.000 oficinas y unos 90.000 empleos los eliminados por estas entidades desde el inicio de la crisis de 2008. Todo para reducir gastos de explotación y sanear cuentas. Hoy el sector cuenta con un 40% menos de oficinas y un 30% menos de empleados, porcentajes que son extrapolables a Burgos, aunque el ajuste de sucursales ha sido aún mayor aquí, pues en su momento fue una de las provincias más bancarizadas de España.

La última estadística del Banco de España cifraba el número de sucursales operativas en 311, aunque es seguro que ya son menos de 300, muy lejos de aquellas 550 que se repartían por toda la geografía urbana y rural en 2007. Además, muchas de las operativas han cambiado el modelo de atención al cliente y ya ni prestan el servicio clásico de pagos en ventanilla. Unas, las más estratégicas, avanzan a pasos agigantados hacia la banca electrónica y un funcionamiento más enfocado a la comercialización de productos. Otras, ubicadas en un ámbito rural y despoblado, reducen al mínimo horarios de atención al público.   

Los cajeros, cuya cifra ya no se detalla en la estadística financiera, han pasado de la sobreabundancia a la escasez. 

Las plantillas de las entidades antes mencionadas se han reducido a la mitad (unos 2.000 trabajadores en la actualidad, según los números de la Seguridad Social) y una parte de ellas las integran personal contratado de forma eventual, dependiente en muchos casos de ETT.

Esencial. El último real decreto del estado de alarma declaró como ‘servicio esencial’ la labor de las sucursales bancarias en estos días de confinamiento en los hogares, algo que parece obvio en las circunstancias actuales pero que ha sido recibido con evidente agrado por unas plantillas vapuleadas por los ajustes y una opinión pública contrariada por los desmanes bancarios de los últimos años. "Creo que estos servicios del día a día -la sanidad, el comercio de barrio, la prensa y también la banca a pie de calle- están funcionando y están dando respuesta, lo que invita a la reflexión sobre su valor último para esta sociedad", reflexiona Miguel Ángel Gómez, presidente por UGT del comité de empresa de Ibercaja en Burgos.  

El decreto no solo declara como esencial el trabajo bancario, sino que ha obligado a modificar la Ley de Cajas para conceder una prórroga de dos años a las entidades financieras que estaban obligadas a salir a Bolsa, entre ellas Ibercaja, uno de los líderes en la economía provincial. La medida evita que la compleja operación se haga antes del próximo 31 de diciembre y con los mercados financieros internacionales sufriendo las mayores fluctuaciones de su historia.

Salir ahora a Bolsa, reconocen los trabajadores de Ibercaja, hubiese sido "la puntilla" a un proceso de reconversión que se ha saldado con cinco ERE en la última década (uno paralizado tras una huelga) y un sexto, que implica a 500 trabajadores, cuya negociación ha quedado congelada por la situación de alarma nacional. Recordemos que en este periodo excepcional solo se pueden aplicar ERTE temporales, nunca expedientes de extinción de contratos.

Situación. La foto de Ibercaja hoy es ilustrativa de lo ocurrido en la última década en el sistema financiero. La plantilla del banco es de 240 trabajadores en Burgos repartidos por una red de 65 oficinas. En 2007, Cajacírculo tenía 650 empleados en nómina (sin contar a los de Madrid, Valladolid y Palencia) y 125 sucursales en la provincia.

Caixabank ha centralizado en la Casa del Cordón la Dirección Territorial Noroeste, que incluye a Castilla y León y Galicia. En total, son 342 oficinas y más de 945.000 clientes. Un centenar de sucursales se ubica en el territorio de la desaparecida Caja de Burgos. La plantilla ha sufrido tres ERE solo en la etapa de Caixabank, lo que, según estiman fuentes sindicales, ha reducido a la mitad lo que fue la caja de ahorros en su etapa más boyante.

Santander lleva dos ERE en los dos últimos años, uno vinculado a su fusión con el Popular. Hasta noviembre 24 trabajadores abandonaron la entidad y se cerraron 8 sucursales en el medio rural. Los servicios en Melgar y Espinosa de los Monteros, por ejemplo, quedaron en manos de agentes colaboradores.

BBVA, por su parte, también reduce red -cuenta con menos de 20 sucursales-, elimina el servicio de caja de algunas de ellas y apuesta por el acompañamiento personalizado del cliente. 

Muchos empleados de banca llevan tiempo teletrabajando, incluso antes de que llegase la nueva crisis.