El 92% de los geriátricos asociados a la patronal, sin covid

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Asdebur, que engloba a 26 residencias y centros de día privados de tamaño mediano y pequeño, reporta casos en dos de ellas, que habrían registrado dos fallecimientos

Felicidad Viyuela preside la Asociación de Atención a Personas Dependientes de Burgos (Asdebur). - Foto: Alberto Rodrigo

La Asociación de Atención a Personas Dependientes de Burgos (Asdebur), que engloba a 26 residencias y centros de día para ancianos que dan servicio a unas 1.500 personas, asegura que el 92% de sus negocios asociados ha estado libre de covid-19 durante la pandemia que puso el foco, precisamente, en estos centros de carácter asistencial, donde los fallecimientos en toda la provincia de Burgos han superado los 400, según datos de la Consejería de Sanidad. En este sentido, la presidenta de la entidad, Felicidad Viyuela, asegura que solo ha habido casos en dos de las residencias de sus asociados con dos fallecimientos, y que uno de ellos fue un anciano que se infectó del coronavirus tras una estancia en el hospital.

Viyuela añade que estos buenos datos tienen que ver con la previsión con la que actuaron. Así, recuerda que ya a finales de febrero comenzaron a plantearse que el problema podía llegar y que en la primera semana de marzo tomaron las primeras precauciones como la de restringir las visitas a los ancianos y empezar a extremar la limpieza y el lavado de manos. «Algunas de nuestras residencias tomaron la decisión de limitar las visitas y les cayó un rapapolvo por parte de la Gerencia de Servicios Sociales cuando a los pocos días nos enviaron una circular con esta misma indicación», afirma la presidenta de Asdebur, entidad que forma parte de FAE, que denuncia, además, que, la ayudas de la Administración «llegó tarde y fue muy escasa».

De lo que sí que están satisfechos los profesionales de las residencias privadas es del trabajo y la ayuda que les prestaron desde la Gerencia de Atención Primaria a través de lo que se llamó el equipo Covid-Residencias, un grupo de profesionales que estuvieron pendientes de todo lo que pasaba con los ancianos institucionalizados y con una línea abierta permanentemente para recibir consejos médicos: «No puedo decir nada más que cosas buenas, han estado todo el tiempo pendientes».

El coste medio de una plaza en una residencia de mayores privada está entre los 1.400 y los 1.500 euros al mes. El coste medio de una plaza en una residencia de mayores privada está entre los 1.400 y los 1.500 euros al mes. - Foto: Alberto Rodrigo

«Fueron momentos muy duros, se pasó mucho miedo. Miedo a que enfermaran nuestros residentes y nuestras trabajadoras, que como nuestros centros son pequeños son considerados como de la familia, e incluso miedo a perder nuestros negocios. Y en esos primeros días se vivió un cierto caos, no hacían nada más que llegarnos protocolos por parte de la Junta que se iban cambiando de un día para otro y que nos complicaron mucho el trabajo», apunta. En este sentido y sobre la indicación de separar a los ancianos, dice que cada residencia hizo lo que pudo teniendo en cuenta su tamaño pero que la medida funcionó: «Ahí están los datos, excepto en dos casos, el resto hemos estado libres de coronavirus». 

Maltrato mediático. Pone el énfasis en estos datos porque cree que mediáticamente se ha maltratado mucho a las residencias: «Da la sensación de que en todas ha habido covid-19 y eso no es verdad, no todas son iguales ni trabajan de la misma manera. En la inmensa mayoría se respetan las leyes, de hecho tenemos inspecciones periódicamente donde la Junta ve nuestro trabajo, y tanto las direcciones como las plantillas han estado volcadas en proteger a los ancianos en estos días, razón por la que las familias están muy contentas. Eso que dicen de que los ancianos se están marchando de las residencias no es verdad, al menos en las nuestras».

Con respecto al material, asegura que también la previsión les ayudó y casi todas se hicieron con guantes, mascarillas y otros elementos con una cierta antelación y que la Administración tardó bastante en aprovisionarles, algo que ha dejado de hacer el pasado 31 de mayo. «La verdad es que el reparto de material ha sido muy irregular porque aunque nos pedían listados de lo que nos hacía falta luego nos han enviado lo que han querido y hay gente que se ha juntado con muchas gafas que no necesitaba y en cambio no tiene mascarillas». También en esa misma fecha se les ha anunciado que no se les hará test a sus trabajadoras, algo que Viyuela lamenta porque entiende que son personas de riesgo.

Así, tanto el material como las serologías de las plantillas van a tener que correr por cuenta de las residencias, unos conceptos que, según afirma la presidenta de la patronal, van a terminar por repercutir en el precio de las plazas, que ahora se mueven en una media de entre 1.400 y 1.500 euros. «De momento, no lo estamos haciendo pero a la larga sí que tendrá que hacerse porque a todas las residencias se nos ha incrementado el gasto por el material, la limpieza, etc», dice Viyuela, que niega también que se cuente con escasos recursos humanos -«tenemos los que dice la ley»- y que las auxiliares cobren poco: «Nos ceñimos al convenio, son mil euros más domingos, festivos y noches aparte, más su mes de vacaciones».

Sobre la atención sanitaria a las personas mayores, insiste en que una residencia no es un hospital, que los mayores tienen derecho a usar la sanidad pública como cualquier otro usuario y que estos centros disponen del personal médico y de Enfermería que marca la ley: «¿Cuánto costaría una plaza en una residencia con este personal a tiempo completo? ¿Quién lo pagaría? En las residencias se cuida muy bien a las personas mayores, tengo que insistir en esta idea, y si nos ponemos a mirar todo… ¿Cuántas personas han muerto solas en sus casas? ¿Cuántos ancianos hay deprimidos porque viven solos?».

Descarta, finalmente, que a partir de esta crisis descienda la demanda de plazas: «Es donde mejor cuidados están y sí es cierto que han fallecido pero es que hay que tener en cuenta que son personas muy mayores, entre 85 y 95 años, y prácticamente todas ellas tienen alguna enfermedad».